Crisis de sentido/ crisis global: exploraciones (II)

Crisis de sentido/ crisis global: exploraciones (II)

En el texto anterior, enumeraba, desde James Lovelock autor del Planeta-Gaia, para quien sólo sobrevivirían (¿habrá que esperar hasta fines de siglo?) un porcentaje relativamente pequeño de la humanidad (¿los más aptos?). Asociándolo -después- con el lema de los neonazis: “sed violentos y crueles” (dicho sea de paso: sus “movimientos” se encuentran en franco crecimiento en la civilizada Europa). Mencionaba también, aunque se trate de otro registro, ejemplos de la narcocultura que ha permeado con una fuerza inusitada nuestro imaginario social.

Y citaba a los “Reptilianos” y los “Iluminati”, para señalar solamente algunos ejemplos de las creencias propias de una ultraderecha extremadamente activa y radical, que intenta con ellas, dar respuesta a una crisis generada por la imposibilidad de sostener el actual “tren de vida” (más crecimiento, más consumo, etc.…) lo que desembocaría ahora en el progresivo hundimiento (para una mayoría social creciente) de las promesas, que la mundialización efectiva del capitalismo, ha mantenido durante décadas.

Se trata claramente de un intento sistemático por aplicar el dicho… “a río revuelto ganancia de pescadores”. Habría que extenderse con mucha mayor amplitud, para dar cuenta de ese multiforme conjunto de “culturas” que expresan con visible claridad la “crisis civilizatoria” en que estamos inmersos. Podemos encontrarnos desde lecturas apocalípticas, que justifican la barbarie en curso, que preparan a sus adeptos -y a sus víctimas- para el inevitable “fin de los tiempos”, donde los elegidos tendrán que imponer su ley sobre el resto de la humanidad. Desde eso, hasta el más exacerbado “consumismo” capaz de sacrificar vidas –ajenas e incuso la propia-, con tal de obtener los ansiados privilegios vinculadas a un modo de vida, donde las “necesidades” mutan de modo delirante.

Pero, veamos otra vía, remitiéndonos directamente a los dramáticos acontecimientos de la situación internacional, el horror provocado por el asesinato masivo, utilizando armas químicas, en un país, Siria, donde la geopolítica – y geoestrategia- (es decir, la lucha por el poder diferencial entre las élites) han recortado otro “teatro de guerra” (uno más), para escalar esta suerte de guerra mundial “larvada” (incluyendo las metástasis de un conflicto “global” –extremadamente- autodestructivo), guerras imperiales y caos sistémico. Traduciéndose, en esta ocasión, en un “infierno” donde las víctimas muestran las huellas del gas… ¿Hasta dónde podemos llegar?

En la precipitación de los acontecimientos, es posible advertir que lo que menos importa es quienes pueden ser los verdaderos culpables. Cuándo el tratamiento de la información se convierte en “propaganda de guerra”, en estado puro. El cinismo y la desmesura (la hybris), se dan cita -amplificados- por los medios de comunicación masiva. Obligándonos, día tras día, a la elaboración de “mapas”, trazados mientras simultáneamente los “descontaminamos” del brutal maniqueísmo propio del esquema amigo-enemigo, que todo lo envenena. Todo ello termina imponiéndonos exigencias inéditas para (re)construir los caminos por donde la verdad pueda –aún- servirnos como guía para orientarnos en la vida y en la historia. Cuando la verdad es tan deliberadamente escamoteada, tan perversamente tergiversada, tras esa espesa niebla ideológica con que se pretende “estabilizar” un panorama neoorwelliano ( un mundo “heterototalitario”) en que la demencia parece triunfar obliterando aquel “punto de vista de la humanidad” que pretendemos (por encima de otras consideraciones) mantener como nuestro autentico horizonte temporal, nuestra hoja de ruta.

Pero…¿de qué forma podemos cambiar efectivamente de rumbo? cuando son tan abrumadoramente visibles los modos en que la barbarie se impone, al mismo tiempo que constatamos (entre tantos otros vectores) la negativa progresión de la descomposición social y del deterioro ecológico, acelerando –con su sinérgica entropía, para decirlo con esta suerte de oxímoron- los tiempos de una “transición al colapso”.

De qué manera podríamos resolver efectivamente las graves cuestiones ligadas al establecimiento de una “comisión de la verdad”, que permitiera desentrañar las causas -y los actores- que perpetraron ese crimen de lesa humanidad, el más reciente empleo de las armas químicas en Siria. Mientras cobra forma una oposición a la guerra, que está lejos -aún – de tener la fuerza del movimiento contra la guerra, en 2003 cuando Irak fue “liberado”, a un costo en vidas humanas -y destrucción-, todo, en nombre de unas armas de destrucción masiva, que jamás existieron.

Citemos para concluir: “La crisis actual avanza hacia un punto en que o bien, nos enfrentaremos con una catástrofe natural o social, o bien, antes o después de esto, los hombres reaccionarán de un modo u otro y tratarán de establecer nuevas formas de vida social, que tengan un sentido para ellos. Esto no podemos hacerlo por ellos e su lugar; ni tampoco podemos decir cómo se podría hacer. Lo único que está a nuestro alcance es destruir los mitos que, más que el dinero y las armas, constituyen el obstáculo más formidable en la vía de una reconstrucción de la sociedad humana.” (Castoriadis)

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