La UAZ en el pantano

La UAZ en el pantano

La Universidad Autónoma de Zacatecas se encuentra en su enésima crisis financiera y no se ve la salida pronto. Corrijo, se encuentra en la crisis financiera que padece desde hace años y cuyos momentos más álgidos se conocen de vez en vez.

La UAZ adeuda a su personal docente el pago de estímulos a la productividad equivalente a 23 millones de pesos para 700 maestros. También la prima de antigüedad por 13 millones de pesos, la prima posjubilatoria que equivale a un millón 800 mil pesos, y 5 millones 200 mil pesos más la prima llamada “diferencia de gratificación”. Tiene adeudos también con el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), el Fondo de la Vivienda del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Fovissste) y al Sistema de Administración Tributaria (SAT).

Para resolver esa situación, se planteó el recorte de trabajadores prescindibles en cada departamento. Medida que cuenta con el aval del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Autónoma de Zacatecas (STUAZ) y con la crítica del Sindicato del Personal Académico de la misma institución (SPAUAZ), que propone que los recortes empiecen por la burocracia, pues según dice, los asesores de rectoría cuestan a esa institución 5 millones de pesos anuales. Esos 18 trabajadores administrativos perciben el salario equivalente a 120 docentes o bien al dinero necesario para sostener cuatro preparatorias foráneas. (Nota del periódico Imagen 10 de agosto de 2013)

Frente al embate contra la educación pública, la UAZ lidia con la presión permanente de estudiantes por mantener sus cuotas bajas, la legítima exigencia de sostener casas de estudiantes y comedores, la de ampliar la matrícula, y además, la de hacer todo eso con el raquítico financiamiento público que recibe. Mal que bien lo ha logrado. Dicho sea de paso no obstante las limitaciones presupuestales, aumentó la matrícula en 76 por ciento de 2001 al 2013 (Nota de La Jornada Zacatecas del 18 de agosto)
Esta deplorable situación económica ha obligado a la UAZ a bailar al son que le toquen las instituciones neoliberales que la castigan. Así, la UAZ permite que El Centro Nacional para la Evaluación de la Educación Superior, A.C. (Ceneval) un organismo privado, le diga a quien debe y a quien no debe admitir, a quien debe titular, etc.

El extraviado rumbo de la UAZ es palpable en su presunción de formar profesionistas a la carta, a gustos y criterios del empleador y no de la sociedad –concepto más amplio que los empleadores y empresarios- a la que le debe su existencia. Así quedó de manifiesto el 21 de julio del presente en nota de esta casa editorial, en la UAZ anunció que pronto haría una reestructuración curricular de sus programas de licenciatura, con el objetivo de adecuarlos al modelo educativo basado en competencias. Con esto se pretendía “ubicar nuestra oferta educativa a partir del mercado”, considerando que con ello se reduciría el número de profesionistas desempleados. Ojalá dicha reestructuración empiece con la discusión de si el desempleo es consecuencia de la falta de preparación de los universitarios o si acaso algo tiene que la falta de crecimiento económico de las últimas tres décadas.

Los docentes no han sabido para donde hacerse y han aceptado la individualista política de negociación de sus salarios que los ha llevado a la división y con ello al desarme. Según una encuesta del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCT), realizada a los miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) que Asa Cristina Laurell dio a conocer en su artículo “Los puntos negros de la academia” (La Jornada del 14 de agosto), los universitarios abandonaron la solidaridad en el gremio y cedieron ante el elitismo del “puntismo” con el que se les evalúa.

Esto, además de ir en detrimento de los derechos laborales de los maestros, produjo según Laurell” “artículos con numerosos autores, la subdivisión de los resultados de una investigación en muchos artículos, la articulación de redes de citación, la aceptación acrítica de un formato de publicación rígido, proliferación de revistas que cobran por publicar, venta de reconocimientos de excelencia de asociaciones oscuras, etcétera”. La mediocridad institucionalizada como le escuché decir a Sergio Espinosa.

En tan trágico panorama, los universitarios abogan por subsidios extraordinarios que con aires de realeza les regatean, y que, aun suponiendo que se otorgaran, servirán solamente para salir del paso.

Si como dicen los optimistas toda crisis es también una oportunidad, bien podría ser esta la ocasión de unir a universitarios y sociedad en general para exigir un financiamiento permanente para la UAZ acorde con sus necesidades.

No pueden adivinarse los resultados, pero quizá si pasamos de las quejas lastimeras a la gestión basada en la lucha por la justicia social y el derecho a la educación de los zacatecanos se logre algo distinto, cuando menos recuperar la unión de los universitarios y quizá el regreso de esa institución científica, crítica y popular de la que nos enorgullecemos.

Twitter: @luciamedinas

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