Zacatecas duerme en la pandemia; cortinas de los comercios son sus párpados cansados

Zacatecas duerme en la pandemia; cortinas de los comercios son sus párpados cansados
Un desfile de personajes disímiles se apropia de la noble ciudad de rostro de cantera y corazón de plata ■ foto: alejandro ortega neri

■ La capital está llena de contrastes, personajes que caminan solos y los que no pueden parar

■ El estudio fotográfico de una quinceañera tiene el escenario más envidiable y el más triste

 

Cuando el sol se oculta, un desfile de personajes disímiles se apropia de la noble ciudad de rostro de cantera y corazón de plata. No importa el mapa de georiesgos que apenas se puso en marcha en días recientes, no importa que sea la Fase 3 de la pandemia del Coronavirus (Covid-19) y no importa que todos los comercios estén cerrados ya en el ocaso, cuando se trata de pasear a los perros, de salir por un café aunque sea para llevar o de aprovechar la soledad de la calle para que luzcan más las fotos de quinceañera, no hay nada que los detenga.

La tarde-noche de la capital zacatecana, desde que comenzó la contingencia y la Jornada Nacional de Sana Distancia, está llena de contrastes. Por un lado se encuentran los valientes que deambulan por las calles solas desafiando el contagio comunitario, las parejas de novios que caminan de la mano como si de un día normal se tratara o los que toman de pretexto que el perro quiere defecar en las banquetas para salir caminar.

Algunas veces habrá casos extremos como el del jueves, cuando aprovechando la soledad de la calle por la cuarentena, un fotógrafo de sociales, quinceañera y familia de ella realizaron el estudio fotográfico de su cumpleaños, sí con el escenario más envidiable, pero también con el más triste.

La capital es el municipio con el mayor número de contagios de Covid-19 al rebasar los 40 casos y la economía de todos esos negocios cerrados que se verán en la fotografía bien lograda está colapsando como parece que lo grita una cartulina fluorescente pegada en la cortina de un negocio: “Estamos esperando el apoyo que nos prometió el Sr. Gober”.

También la aprovechan niños con bicicletas; los que se sientan sobre las cintas amarillas; los jóvenes con patinetas que incluso buscan realizar el truco más intrépido sobre algunos rieles de la ciudad que parece que nadie la cuida, como tampoco a esos adultos mayores que deambulan con bolsitas en mano y el cubrebocas mal puesto, y que salen de las farmacias con paso cansino de regreso a casa cuando las farolas comienzan a encenderse.

Pero por otro lado están los personajes que no pueden parar. Si en el día se observa mucho movimiento en el sector comercial del centro, rumbo a la Plaza Bicentenario y calles y plazuelas aledañas, por la noche solo reina la soledad. El taxista aburrido que da el trapazo a la unidad en espera de un solitario cliente, la señora que, mochila sobre la espalda, camina incansablemente porque a esa hora no ya no hay camión; el vendedor de tamales que reza porque lleguen los antojados; la enfermera que agotada llama por teléfono anunciando su llegada a casa o comunicándose con su familia que quizá hace más de un mes que no ve.

También se apoderan de estas zonas los que se perdieron en el propio laberinto de su mente, los del soliloquio ininteligible: el hombre alto vestido a la usanza de los años 70 que recorre la calles de arriba abajo platicando con la compañía invisible; la señora que antes de dormir regaña a las macetas de flores tristes y el que colecciona latas de aluminio que brillan como el tesoro escondido bajo los depósitos de basura. La calle es de ellos, los demás son sólo intrusos.

La ciudad se observa hermosamente triste. Apenas rompen el silencio el esmeril de los albañiles expertos en cambiar adoquines, el rugir de una moto del repartidor de Uber Eats, el ladrido de los perros que sacan a pasear, pero no es la misma. Los conciertos que una vez dieron música a sus calles, hoy han sido sustituidos por un solo concierto, el de los ojos apenas visibles sobre las mascarillas médicas, ojos de cansancio, de miedo, de tristeza. Zacatecas duerme durante la pandemia, las cortinas de los comercios son sus párpados cansados y aún es incierto cuando pueda despertar.

Related posts

Banner Home Videos 578 x 70
¡Suscríbete!
Suscríbete a nuestro Boletín Informativo para recibir las noticias más recientes de La Jornada Zacatecas en tu e-mail
TU EMAIL AQUÍ
¡Suscríbete!
Suscríbete a nuestro Boletín Informativo para recibir las noticias más recientes de La Jornada Zacatecas en tu e-mail
TU EMAIL AQUÍ