La Utopía en el Hogar (5). Ama a tu vecino

La Utopía en el Hogar (5). Ama a tu vecino
Resulta no solo triste, sino patético, comprobar que quien vive al lado de la casa, enfrente o a unos metros, es un perfecto desconocido ■ FOTO: LA JORNADA ZACATECAS

Las entregas anteriores de esta columna se han orientado hacia un fenómeno que tiene mucho más que ver con la prevención que con las consecuencias, los antecedentes de los episodios de odio familiar generalmente son subestimados y solo se consideran cuando algo desagradable, inmoral o ilegal ocurre. La convivencia familiar adaptativa y constructiva es un proceso al que se le da muy poca atención, comenzando por el hecho de que en ningún lado hay un centro de atención o una secuela educativa que permita a los individuos (de ambos sexos) aprender el significado de ser novios, pareja, padres o hijos. Por lo general, cuando las consecuencias negativas se presentan en formas lamentablemente inesperadas, se llega a desenlaces lamentables que únicamente llegan a, cuando mucho, tapar el pozo después del niño ahogado. Pero por desgracia, hasta hoy día, salvo en el formato, nadie se ha preocupado por establecer programas efectivos que se dediquen a establecer procesos de aprendizaje para formar mejores familias.

Las colaboraciones anteriores han tocado puntos que enfatizan este tipo de visión, cómo intentar, al menos, formar mejores familias. La cuarentena forzada, es una variable ideal, para entrenarse como un miembro de familia sano y parte de una estructura igualmente armónica para reintentar la construcción de la sociedad desde el elemento más indivisible. Si usted, estimado lector ha sido capaz de enderezarse a sí mismo y a todos los miembros de su familia como un ente armónico en estas semanas de enclaustramiento, entonces está listo para el siguiente paso, buscar y encontrar las relaciones positivas y constructivas en su vecindario.

Alguien comentó un día que no hay mayor bendición en la vida que un buen vecino. Esta frase viene a colación porque, por desgracia, la “sociedad” ha extraviado, en forma voluntaria o involuntaria sus dos elementos primarios que la constituyen y la fortalecen: la familia y el vecindario. Si se han perdido esos dos elementos, entonces lo que se llama sociedad simple y sencillamente no existe. Así que, si se desea rescatar la sociedad y se ha cumplido el primer requisito, el de reintegrar la familia, el segundo es rescatar el vecindario, partiendo del principio básico de que cada uno de los miembros de la sociedad y sus familias, son vecinos de alguien más.

Cuántas veces, independientemente del lugar donde se habite, las personas ni siquiera se interesan sobre el tipo de gente que vive a su alrededor. Resulta no solo triste, sino patético, comprobar que quien vive al lado de la casa, enfrente o a unos metros, es un perfecto desconocido. Por tal razón, se llega a extremos que rayan en la patología social al ignorar completamente cualquier tipo de interacción con las personas con las que se comparten vialidades, servicios, espacios y comprobar luego que se es completamente ajeno a las personas con las que se convive y que son separados por una pared o un pasillo. Se ha perdido la iniciativa por saber qué clase de personas cohabitan en el vecindario, peor aún, no solo no se es amable, educado o empático, sino que muchas veces hay querellas o rencillas por un espacio de estacionamiento, por el uso de las banquetas, por tener mascotas de algún tipo, por los gustos musicales, la capacidad intelectual, el tipo de empleo que se tiene, las marcas de automóviles que se manejan entre muchas, muchas cosas que determinan diferencias individuales o hasta asuntos que van desde la discriminación o la animadversión gratuitas derivadas de algún rasgo que la persona de la otra casa, es decir, el vecino, lo hace diferente a cualquiera. Y como siempre, se está más atento a ser crítico y severo cuando se observa la paja en el ojo ajeno y se ignora la viga en el propio.

Se debe rescatar este principio de integración y comunicación colectiva. Si se ha perdido esta capacidad y el objetivo social que lleva implícito, entonces el viaje sin retorno de la desintegración se seguirá manifestando como el problema principal para rescatar a la humanidad como un ente que ayude a salvar los principios que exige la supervivencia desde un punto de vista armónico. Si no se recupera el amor al prójimo, entonces la caída hacia la nada es cuestión de días. ¿Y usted, ama a su prójimo? Y esto no es una chambonada. Feliz semana. ■

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