Salven al presidente

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A contrasentido de los datos oficiales, la pandemia por COVID-19 avanza a pasos agigantados en nuestro país. Cinco brotes hospitalarios son el punto de quiebre de la narrativa oficial, y modificaron el debate público gracias a que distintos medios de comunicación extranjeros le dieron voz al personal médico que ya había denunciado saturación y falta de insumos.

El País, San Diego Tribune y Los Angeles Times, pusieron especial atención a las denuncias de enfermeras y médicos en los nosocomios del Instituto Mexicano del Seguro Social de Tijuana, los Cabos, Tlalnepantla y Monclova. En cuestión de horas se sumó la planta de lavado del IMSS en Metepec, Puebla, que tuvo que ser cerrada por un caso de coronavirus confirmado.

Este lunes surgieron nuevas manifestaciones en los hospitales 1° de Octubre y Balbuena en la Ciudad de México. Las preocupaciones son las mismas: no hay capacitación, no hay insumos médicos adecuados, tampoco se cumple la rotación de doctores y personal auxiliar, y se improvisaron pisos de los hospitales donde aislaban a pacientes de SARS-COV-2, a riesgo de contaminación.

Nuevamente, el Gobierno de México reaccionó a la defensiva. El jueves 9 de abril, el director del IMSS, Zoé Robledo Aburto, por presión de la prensa, admitió que en el instituto había por lo menos 89 trabajadores infectados, entre médicos, enfermeras y residentes. Ese mismo número cambió dos días después, el 11 de abril, cuando incrementaron a 329 los positivos.

A partir de ese viraje tomaron relevancia los testimonios del personal del IMSS, que ya afloraban en redes sociales, sobre las condiciones reales con las que se lucha en contra de la pandemia en los intramuros del Instituto. Los brotes perdieron visibilidad en un inicio porque chocó con la presentación de los estimados reales de infección en México, llegando hasta los 26 mil 519 casos.

Una cifra que fue ampliamente rebatida por los internautas cuando revisaron la tabla en la que se había basado el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, para dar por sentado un método y un número aproximado. El factor 8.2 había sido calculado sobre la base de los casos registrados hasta ese 9 de abril, un elemento que generó confusión.

En la tabla del doctor Hugo López-Gatell Ramírez se hablaba de la semana 13 epidemiológica, entre el 22 y el 28 de marzo. En ese periodo, el reporte alcanzó apenas los mil 39 casos positivos, y para llegar al estimado de 26 mil 519, el factor a multiplicar no era un 8.2, sino un 25.5. La observación la realizó de forma inmediata Richard Ensor, el corresponsal de The Economist.

Gracias al periodista del diario británico, el quiebre en el discurso oficial legitimó las dudas de lo que realmente pasaba en las líneas del frente médico. Desde un inicio no se dio a conocer la “cifra negra” del Método Centinela, ello acorde a la necedad presidencial de enviar mensajes distintos a los que su gabinete quería mostrarles a los mexicanos sobre la gravedad de la pandemia.

López-Gatell utilizó sus conocimientos de acuerdo con las necesidades propias de Andrés Manuel López Obrador, quien vio a la pandemia como un fuerte obstáculo en su agenda personal. El Método Centinela era el más efectivo para cubrir la agenda presidencial: pocas pruebas en una muestra ínfima de sospechosos por COVID-19 ofrecieron cifras irrisorias.

Cierto, el modelo se presta para calcular estimados, ya que los números reales confrontarían la negligencia presidencial hasta ahora mostrada. Por cierto, López Obrador ya se encuentra en cuarentena. Suspendió las giras y sólo ofrece mensajes por video o durante las mañaneras. Esto casi al entrar en la Fase 3 de la crisis sanitaria.

Todo parecía crecer sobre el ritmo paulatino de una infección que venía del extranjero. Los números escalaban poco a poco, y la opinión pública estaba convencida que aplicar más diagnósticos y comprar pruebas serológicas era meramente un desafío político Enrique Alfaro Ramírez, gobernador del estado de Jalisco.

Hasta que los brotes hospitalarios rompieron el dique de contención que había fortificado López-Gatell con un discurso rebuscado y, ahora sabemos, inflado como producto de mercadotecnia desde los pasillos de Palacio Nacional. La línea de tiempo cambió completamente de curso del 9 al 12 de abril, cuando las “neumonías atípicas” dejaron de serlo y pasaron a las filas de los “estimados”.

Las autoridades federales y estatales mantienen la actualización de casos diarios como un ejercicio de transparencia y comunicación oficial. Sin embargo, los números que presentan son completamente inverosímiles hasta no saber cuántas pruebas se aplican al día, a razón de que sólo 1 de cada 10 pacientes sospechosos no graves acceden a un diagnóstico.

Fuera de la muestra, que es realmente una ínfima parte de las infecciones, la realidad se abulta en los brotes hospitalarios que demuestran que la hipótesis oficial para abordar la pandemia siempre estuvo alejada de la gravedad de la crisis. Decidieron entre guardar vidas o cuidar la imagen de un presidente populista. ■

Twitter: @GabrielConV

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