Quedarse en casa no es una opción para comerciantes que viven al día

Quedarse en casa no es una opción para comerciantes que viven al día
Según la ENOE, en Zacatecasregistró el 63% de su Población Económicamente Activa se encuentra en la informalidad laboral, es decir, realizando trabajo no protegido y fuera de la seguridad social ■ foto: andrés sánchez

■ Este sector registra una baja de hasta 50 y 80% en ventas durante la contingencia sanitaria

■ Don Víctor, de casi 50 años de edad, debe salir diariamente a ofrecer Bon Ice en la calle

■ Otros locatarios del Arroyo de la Plata afirman que de ordenarse, cerrarán sus negocios

 

En México, sabemos, la desigualdad mata. Pero en tiempos de una pandemia la letalidad puede aumentar, porque teniendo casi 50 millones de personas en situación de pobreza extrema, según las últimas estimaciones del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la vulnerabilidad de este sector queda completamente desvelada porque no tienen agua para lavarse las manos ni el dinero suficiente como para quedarse en casa sin ir a trabajar.

Don Víctor, de casi 50 años de edad, camina todos los días de la colonia en donde vive, el Ete, en la capital zacatecana, hacia la Plaza Bicentenario conduciendo una hielera redonda donde se refrigeran los Bon Ice de distintos sabores. Al medio día, el calor arrecia y las ventas aún son bajas. Apenas vende cuatro hielitos, dos a un matrimonio y otro dos a un niño que duda en demasía qué sabor comprar, y don Víctor se concentra en los entrevistadores.

Yo no puedo no salir a trabajar, dice, “tengo que sacar para la papa”. Don Víctor sabe que si no trabaja no come. Vive solo, sus hijos viven con su madre, platica. Por lo que, a diferencia de muchos, el peso de vender o no vender recaería sólo en él, que lleva trabajando para la empresa aproximadamente seis años. Sin embargo, no tiene seguridad social, por lo que de contagiarse durante esta contingencia debido a no poder aislarse, las opciones de salud parecen nebulosas. En su trabajo apenas le han dado un “gelecito” y todas las mañanas, antes de salir a vender, lava con agua, jabón y cloro su hielera.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), que realiza el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), para el último trimestre de 2019, Zacatecas registró que 63 por ciento de su Población Económicamente Activa se encuentra en la informalidad laboral, es decir, realizando trabajo no protegido y fuera de la seguridad social. Mientras que 22 por ciento pertenece al sector “Informal”, cuya diferencia de la anterior, es que es población ocupada en unidades económicas operadas sin registros contables y que funcionan a partir de los recursos del hogar o de la persona que encabece la actividad, sin que se constituya como empresa.

Y es alguien de ese último sector quien vende a unos pasos de Don Víctor, sobre el corredor peatonal que es la calle Ventura Salazar. Él, quien al preguntarle su nombre solicita que le pongamos “Anónimo” y que además así lo parece porque guarda la mitad de su rostro tras un cubrebocas negro con un mandíbula blanca pintada, lamenta las bajas ventas, pues asegura que han caído hasta en 80 por ciento. Y es que la poca gente que pasa lleva prisa, dice.

Sobre su puestecito, con el que tiene 10 años sobre esa calle, se ofertan calcetas, cigarros, y ahora y en mayor cantidad, cubrebocas, con distintos diseños y dibujos animados. Y aunque no esté dentro de los planes parar, este vendedor sabe que encerrarse es lo inminente, pues aunque no quieran, dice, “el día de mañana a quién le vamos a vender si no habrá gente”. Pasaba del medio día y de hecho, nuestro anónimo héroe, no había vendido nada.

La observación participante, o en dado caso, la sociología de banqueta, ha repetido hasta el cansancio que el pulso de las ciudades se mide, en gran medida, en los mercados. Entonces cuando la algarabía de éstos se apaga, sus pasillos se vacían y las cortinas metálicas se cierran como párpados cansados, se puede intuir que ese pulso tiene un ritmo irregular, que preocupa.

Así se ven algunos pasillos del mercado Arroyo de la Plata en el centro de Zacatecas. Oscuros, con movimiento mínimo porque hasta las piñatas han entrado en cuarentena, ya que lo más recomendable es no hacer fiestas, y que seguramente descansarán del palazo de un eufórico niño.

Aprovechando la poca afluencia, con la timidez en el rosto y a una sana distancia, la encargada de la Cremería “Don Pedro” nos dice que más de la mitad de sus ventas han caído en los últimos días, pero sabe que no pueden parar porque, como muchos, viven al día y también porque lo que venden es lo básico para las demás familias. Sin embargo, si ordenaran cerrar lo acatarían a pesar de las afectaciones económicas que esto significa, pero, dice convencida, si es así “que todo sea por el bien del país”.

Desde el rancho “El Pescado”, comunidad del municipio de Guadalupe, llega a la capital zacatecana todos los días Don Federico Troncoso. Trae consigo sus gorditas de horno y jocoque. Federico está consciente de la situación, sabe que sí hay una instrucción gubernamental de parar, lo tendría que hacer, “pero no tenemos segunda opción”, comenta. Aunque también su experiencia le dice que siempre ha habido tiempos malos y que sí ha llegado hasta aquí es porque los superó. “A agarrarse de dónde uno pueda”.

A un lado de Don Federico está Andrés Vargas, y que si alguien sabe de sostener pesos y momentos de tensión son los productos que vende: plantillas y cintas para calzado. A Andrés las ventas también le han caído en 50 por ciento y parar aún no está entre sus planes porque él depende sólo de su negocio. Pero sí llega el momento en el que se le pida que no puede salir, así lo acatará, “sin llorar”, porque también no quiere exponer a su familia, sus amigos y la gente que estima. “Si yo tuviera otros recursos no estaría aquí, estaría guardado en casa”, asegura.

La recomendación gatelleana de “Quédate en casa”, sabemos, es complicada para todos, porque la mayoría puede servírsela como si de un platillo se tratara, pero 30 millones de mexicanos no pueden comérsela así de fácil, pues en el sentido literal, sino salen a trabajar no comen, por lo que es momento de que el poder de la empatía mexicana, si es que existe, comience a manifestarse y en la medida de las posibilidades, consumir a este sector que también es vulnerable ante el virus que está poniendo en jaque al mundo y su economía.

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