El Quid del rescate económico: pensar en clave de Economía Solidaria

El Quid del rescate económico: pensar en clave de Economía Solidaria

Después de catástrofes naturales, sanitarias o políticas emerge la necesidad acciones progresivas del Estado. No es gratuito que después de la primera guerra mundial disminuyera sensiblemente la desigualdad alcanzada en la Europa de la Belle Èpoque (1880-1910); o que el Estado de Bienestar sea efecto posterior a la segunda guerra mundial. En ese proceso, hubo el plan Marshall para reconstruir Europa, y en Estados Unidos, una década y media antes, se llevó a cabo el famoso New Deal (nuevo trato): una política intervencionista del Estado para revertir la depresión económica de 1929 apoyando a las capas más pobres de la población, la cual logró dinamizar la economía norteamericana (fue muy exitosa).

En todas las estrategias ha habido algo en común: la resistencia de las oligarquías a perder las altas ganancias que antes tenían. Todas las medidas de rescate de las economías implican procesos redistributivos del producto económico total por vía tributaria o por programas especialmente dirigidos. Los empresarios más avispados las aceptan con gusto porque saben que, al final del día, también ellos saldrán beneficiados: con recesión y desempleo no hay consumo, y por tanto, su empresa puede irse también a la quiebra por falta de compra. En otras palabras, la distribución progresiva de la renta es una manera de sobrevivir (todos) los que son parte de la economía nacional o estatal. En estos escenarios es posible también los préstamos o créditos internacionales, solamente que esta vía siempre se elige como última instancia por los riesgos que conlleva. Pero siempre está como una opción.

Los más afectados son las capas más pobres y las llamadas clases medias-bajas. Especialmente aquellos que viven de la economía informal, que son el 60 por ciento de la población económicamente activa. Esto es, la afectación económica es enorme. El primer recurso con el que se cuenta es el propio gasto gubernamental que puede ser orientado a comparar a los negocios pequeños de los zacatecanos. Para eso, deben flexibilizar algunas reglamentaciones para hacerlo posible. Por ejemplo, el DIF compra cantidades importantes de galleta, pero está reglado que deben licitar y elegir a la empresa que de mejores precios. Así las cosas, los negocios locales no son competitivos frente a Gamesa (y otras empresas trasnacionales). Por ello, debe poder priorizarse la compra a los pequeños empresarios locales aun cuando sus precios son un poco más altos que los empresarios multinacionales, porque aun cuando sus productos sean un poco más caros, la rentabilidad social de comprarles a ellos es muy alta. Justo es la lógica de la llamada Economía Solidaria: al final del día hay más renta local, porque a su vez, esos productores compran a proveedores locales. La sinergia de la economía solidaria trae enormes beneficios económicos para el territorio. En suma, si se dan créditos a empresas sociales pequeñas zacatecanas y se les garantiza la comercialización con el gasto gubernamental, estaremos estabilizando el efecto negativo en una primera etapa. La clave es pensar en clave de Economía Solidaria.

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