Infidelidad y otras historias

Infidelidad y otras historias

La Gualdra 391 / Libros / Narrativa

 

 

Mauricio Carrera es un genio, un genio para hacer literatura referencial, como él le llama a la literatura que se nutre con la realidad para reinventarla. Acabo de terminar de leer su libro de cuentos más reciente, Infidelidad (Premio Nacional San Luis Potosí 2017) -publicado por Ficticia, su editorial de cabecera- y no puedo menos que bajarme el sombrero ante este sexteto de historias que, como él mismo dice, “juegan con la siempre esquiva verdad para crear otros ámbitos de la realidad y la ficción”.

¿Qué tanto es verídico y que tanto es invento en estos relatos basados en anécdotas literarias? ¿Le llamó por teléfono el 2 de octubre Elena Poniatowska a Carlos Fuentes a Oregon -a donde había ido este último para acostarse con Jean Seberg- para contarle de la masacre de Tlatelolco? ¿Existió Juan Cerillo, el mexicano que peleó en la 46 Brigada del 8 Ejército Republicano Español al lado de Ernest Hemingway, Robert Capa y Moshe Ginsberg? ¿Tuvo el pintor Julio Galán durante su niñez un sótano donde, junto con sus amigos, daba rienda suelta a sus precoces aquelarres pictóricos? ¿Sufrió de impotencia José Revueltas cuando por fin tuvo en la cama a Clara, la joven astrónoma de la que se había enamorado perdidamente?

En realidad las respuestas no importan tanto. Aquí lo verdaderamente trascendental es la manera en que el autor, valiéndose de su maestría en el género de la brevedad, recrea los escenarios pasados para resucitar y dar voz a los protagonistas de cada una de estas historias.

En El beso, por ejemplo, el primer relato de la colección, y que a mi parecer es uno de los mejores, aparece Hemingway como periodista en el momento que cubre la guerra civil española desde el hotel Gran Vía, entonces el más lujoso de Madrid. Lo vemos con el puro en la boca, vestido con la arrogancia de un militar de alto rango, defendiendo su arsenal de mercancía que, según las leyendas urbanas, solía intercambiar por anécdotas. Cito:

 

Nos pidió que lo acompañáramos a su habitación que era como una cueva del tesoro. Cualquier tienda de abarrotes se quedaba corta. Ultramarinos al por mayor. Estaba repleta de alimento, cigarro, embutidos, cajas de chocolates. Muchas botellas de brandy, vino y whisky. Era su manera de comprar historias.

 

Aurora Boreal, el favorito de Mauricio Carrera (así lo declara en una entrevista), trata de José Revueltas y está cimentado en los diarios del escritor duranguense. La eficaz combinación de algunos de los fragmentos de estos diarios junto con la voz indiscreta del narrador omnisciente creado por Carrera, da como resultado una historia redonda con un final triste e inesperado.

¿Qué decir de Comala- Iguala, el siguiente cuento? Aquí el autor rescata la figura de Juan Rulfo y lo hace hablar desde el país de los muertos. Melancólico, sufrido, retobado, harto de tanta entrevista, molesto de ser constantemente acicateado por Arreola y Chumacero, el Rulfo de Carrera opina que al pinche México no le puede ir peor y que a él, ni siquiera en el otro mundo le son vedadas las desgracias. Cito:

 

La verdad, los muertos sufrimos. No se está bien aquí entre tanta tristeza, entre tanta promesa que no se cumple, entre tanta muerte por todos lados. Es una chingadera. Te lo hubieran advertido: sufrir allá y sufrir acá.

 

Bailongo es el más extenso de todos y es pura gozadera. El lenguaje se vuelve el protagonista indispensable porque la historia está salpicada de albures al mejor estilo de Chaf y Queli, aquel dúo legendario que en los años setenta vendía montones de discos elepés con la leyenda “Sólo para adultos”. Desde que uno inicia la lectura se sumerge en el México de los años cuarenta y es testigo de un duelo de bailadores, Benito Camelo y su archienemigo Ventura Miranda, quienes compiten por la nada despreciable suma de quinientos pesos que ofrece el dueño del cabaret Nereidas a aquél que mejor baile, claro está, el danzón Nereidas. La historia, además, está condimentada con la aparición de personajes emblemáticos de la época: Luis Spota, Chava Flores y el luchador Terranova, entre otros.

La lectura de México, qué lindo y qué herido, el penúltimo relato, me llevó a investigar en la red más datos sobre Julio Galán, el extravagante pintor coahuilense, experto en la cultura visual mexicana, al que yo, confieso con algo de vergüenza, conocía poco. Muerto prematuramente a los cuarenta y seis años de un derrame cerebral, Julio se convirtió en un emblema para todos aquellos artistas visuales que estaban hartos del mexicanismo puro representado por Frida y Diego. Mauricio Carrera homenajea en su texto al artista e invita al lector a acercarse a la obra de este enfant terrible de las artes nacionales.

La última historia, Infidelidad, basada en un hecho verídico, tiene madera para volverse memorable. La acción ocurre en las montañas de Oregon, durante la filmación de La leyenda de la ciudad sin nombre, aquel curioso western musical protagonizado por Jean Seberg, la musa americana de Jean Luc Godard. De pronto, a mitad de la filmación aparece el golden boy de las letras mexicanas, Carlos Fuentes, quien ha “hecho viaje” –como decimos los yucatecos– hasta Oregon para retozar con la Seberg, a la que había conocido en París. A partir de ese momento Fuentes, comienza a competir con Clean Eastwood por los favores de la actriz, sin tomar en cuenta que como él mismo escribiera en una línea de Los caifanes, “Luego las viejas te pintan la traición y la muerte te pone frío. Lo único que no lo deja a uno es su madre”.

Para Carrera, que empezó su incursión en la literatura referencial con el libro de cuentos Las hermanas Marx publicado en 2004 también por Ficticia, ver el mundo desde el punto de vista documental siempre ha sido un juego, un guiño para que el lector determine qué pasajes son reales y cuáles ficticios. Infidelidad, el libro que hoy nos convoca, consolida su propuesta y ubica a su autor como uno de los narradores mexicanos más originales del nuevo siglo.

 

 

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