El nuevo pluralismo requiere un nuevo sistema electoral

El nuevo pluralismo requiere un nuevo sistema electoral

México es un país con problemas inmensos, extremadamente desigual, con una corrupción galopante acelerada por una impunidad casi total, sumido en un periodo violento como no había visto desde la Revolución e inevitablemente influido y afectado por un contexto mundial convulso y proclive a los extremismos, cuyo común denominador es un malestar creciente con la globalización neoliberal que ya se expresa con claridad aún en los paises más desarrollados.

Está en marcha la tercera alternancia en el Poder Ejecutivo en cuatro elecciones presidenciales celebradas después del proceso histórico de transición democrática (1977 a 1997). Estamos siendo testigos de una brusca modificación en la representación políticas de México. Desde 1997 –año en que el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados y que Cuauhtémoc Cárdenas ganó para la izquierda la capital del país- el escenario político se definía por un avance y consolidación de la pluralidad, aunque en 2015 observamos una importante fragmentación. En esa circunstancia y ante la presencia de una precandidatura muy fuerte a la Presidencia de la República, la respuesta de la élite del poder consistió en una reagrupación de partidos en tres grandes referentes para la elección de 2018. En lugar de 4, 5 o 6 opciones (tal y como ocurrió en el año 2000, 2006 y 2012), se presentaron solamente tres candidatos más un independiente, indebidamente registrado por una sentencia del Tribunal Electoral.

Los tres partidos que habían hegemonizado los primeros 20 años de la democracia mexicana (1997-2018) perdieron estrépitosamente en relación a la votación presidencial del año 2012: El PAN disminuyó 2 millones 736 mil sufragios. El PRI perdió 8 millones 677 mil. El PRD fue drenado, con 9 millones 519 mil votos menos. Y el candidato por la coalición “Juntos Haremos Historia” integrada por Morena, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES), triunfó con el 53.19 por ciento, es decir, 30 millones 113 mil 483 sufragios. Morena le aportó al candidato ganador el 44.5 por ciento de los votos; el PT, el 6 por ciento y Encuentro Social el 2.7 por ciento.

La variación fue también drástica en el Congreso de la Unión. Morena obtuvo en el Senado 37.5 por ciento de la votación y en la Cámara de Diputados, 37.2 por ciento, es decir, algo más que un tercio en el conjunto de la representación congresual. No obstante, la distancia con el segundo lugar (el PAN) es notable, pues este partido sólo obtuvo el 17.59 por ciento en una y el 17.93 por ciento en la otra. No obstante ello, ese enorme terremoto electoral no hizo desaparecer a la pluralidad política del país, no obstante la enorme sobrerrepresentación que logró Morena y su coalición en ambas cámaras del Congreso de la Unión, tanto en los asientos logrados en la competencia uninominal, como en los logrados por la vía plurinominal. Los datos no dejan lugar a duda: la coalición “Juntos Haremos Historia” (Morena, PT y PES) obtuvo el 43.65 por ciento de los votos en la elección de senadores, pero tendrá el 53.9 de los escaños. Mientras que, en la Cámara de Diputados, la misma coalición cosechó, sumada, el 43.5 por ciento, pero tendrá el 61.6 de las curules.

La pluralidad todavía se expresa en los otros dos órdenes de gobierno. De las 8 gubernaturas y una Jefatura de Gobierno, Morena logra sus primeros gobiernos estatales en tan solo cuatro años de existencia (Ciudad de México, Chiapas, Morelos, Tabasco y Veracruz). El PRI en cambio sufrió la pérdida de sus gobiernos en juego ( dos de dos, Jalisco y Yucatán). El PRD perdió 3 de 3 gobiernos locales (Ciudad de México, Morelos y Tabasco), mientras que el PAN pudo mantenerse estable en 2 de 3 gobiernos (Guanajuato, Puebla y perdió Veracruz) pero ganó Yucatán. Movimiento Ciudadano obtuvo su primera gubernatura: Jalisco. La pluralidad está aquí, entre nosotros: 27 gobernadores de México no pertenecen a Morena y militan en otros cuatro partidos –sobre todo en el PAN y en el PRI-, con Jalisco para Movimiento Ciudadano y Michoacán gobernado por el PRD.

El pluralismo se expresa aún con más fuerza en el último peldaño de la gobernabilidad: alcaldías y municipios donde se reveló una diferenciación del voto mucho mayor. Las dificultades de Morena para postular candidatos unitarios pesaron demasiado: de los mil 598 municipios disputados en México durante 2018, solo 347 fueron ganados por Morena o por su Coalición (el 21.7 por ciento del total). El pluralismo es un hecho político a tomar en cuenta en la discusión actualísima sobre nuestro federalismo constitucional.

En síntesis, el cambio político de 2018 condujo a que tengamos: un Presidente electo por el voto de la mitad de los ciudadanos. Un Congreso federal con mayoría absoluta de Morena lograda por una sobrerepresentación propiciada por la competencia uninominal con más de dos competidores y por viejas fórmulas de traducción de votos en escaños, que deben ser sustituidas antes del proceso federal del 2021. 27 gobernadores que provienen de partidos distintos al del Presidente y una abigarrada diversidad en el archipiélago municipal de México. Esta es la realidad de la política sobre la que está actuando López Obrador, una realidad que exige el diálogo y los acuerdos políticos con “los otros”, por la apremiante necesidad de gobernar bien.

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