Crónica Anunciada de una Elección de Estado: conjurar un futuro posible

Crónica Anunciada de una Elección de Estado: conjurar un futuro posible

Han sido muchos los esfuerzos para cambiar la realidad del régimen electoral postrevolucionario: pasar de elecciones de Estado a procesos políticos equitativos. A los programas de gobierno se les pusieron reglas de operación, se vigilaba la entrega de recursos públicos cercana a los procesos electorales y se transparentaban los padrones de beneficiarios. Organizaciones, personalidades, académicos y sectores partidarios han luchado 28 años para que el Estado no sea el gran elector a través de sus estructuras gubernamentales. El PRI se convirtió en el ícono de estas prácticas de control y fabricación de victorias electorales usando la fuerza del gobierno. En la transición del 2 mil pensamos que se iba a superar este problema, pero no ocurrió así. La alternancia no significó democratización. Ahora que se sustituye por segunda vez al PRI del poder, se despertó una gran expectativa para que esa infausta realidad fuera eliminada.

El enfoque de suprimir la mediación de las organizaciones sociales en la distribución de apoyos gubernamentales, se pone en acto con el argumento de eliminar el clientelismo político de dichas organizaciones; sin embargo, esa medida concentra un enorme poder político en las estructuras de gobierno federal. Y es cuando surge la pregunta: ¿y si esas estructuras gubernamentales son usadas para la operación electoral? Pues habremos reeditado al gigantesco elector estatal.

Al inicio del nuevo gobierno llamó la atención el tema de los perfiles de los así llamados ‘superdelegados’. En Zacatecas se designó a una persona que no tenía estudios en desarrollo o amplia experiencia en diversos campos de la administración pública, pero tenía consanguínea relación con uno de los aspirantes anunciados a la gubernatura. Poco después, al observar a los coordinadores regionales, se confirma su perfil de operadores electorales. Y para acabar, el tercer acto: se filtra una llamada donde se organizan ‘comités monrealistas’ para tejer la elección del 2021. ¿Cómo se llamó la obra?: “Crónica Anunciada de una Elección de Estado”.

Saber el nombre de la obra del teatro político que se profetiza con 2.5 años de anticipación, abre la posibilidad de corregir el futuro. Sería extremadamente lamentable que así ocurriera porque se podía repetir la experiencia de la alternancia panista: muerte de expectativas. En los próximos meses, cuando se integren los órganos que elegirán los candidatos al interior de Morena, veremos cómo dichos procesos se vinculan. El reto es que el ámbito del partido y del gobierno se mantengan aparte y ajenos, pero existe la posibilidad de que desde las actuales estructuras de las delegaciones federales se determine el destino de las candidaturas, primero; y de la elección constitucional, después. Pero si esto así ocurre, el costo político será gigantesco: la esperanza habrá fenecido. En otras palabras, el motivo que dio fuerza a la ola política que llevó a Morena al poder, habrá muerto. Ganarán algunas elecciones, pero perderán la oportunidad de cumplir el cambio de regimen político que se prometió. Ojalá y la prudencia contenga la tentación del poder para que la esperanza no se convierta en un cadáver descompuesto.

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