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Cincuentenario de la UAZ (1/5) El Decreto 496 y Jesús Manuel Díaz Casas, 50 años después

Cincuentenario de la UAZ  (1/5) El Decreto 496 y Jesús Manuel Díaz Casas, 50 años después

La crónica es el ejercicio de rescatar y salvaguardar la historia contemporánea de una institución. Nuestra UAZ, “La Amadísima”, parafraseando al Amigo Abel, cumplió 50 años con la denominación de universidad y para conmemorar ese suceso la administración 2016-2020, dirigida por Antonio Guzmán Fernández, realizó un evento significativo con el cual se da inicio al programa conmemorativo que durará todo el ciclo académico 2018-2019.
En este espacio dedico esta y las siguientes cuatro columnas a la crónica del mencionado evento y el aniversario que, sin duda alguna, quedará en la mente de los asistentes, de los que por alguna causa no pudieron estar presentes y de la ciudadanía toda que forma parte de la historia presente de nuestra institución.
Para el desarrollo de este tema iniciaré con un reencuentro especial, el Decreto 496 y el licenciado Jesús Manuel Díaz Casas; continuaré con la obra literaria de Abel García Guízar; posteriormente tocará el turno a los mensajes del rector, el gobernador y la develación de la placa conmemorativa; luego hablaré del galardón para los exrectores y la foto oficial, para finalizar con las voces de los medios y la ciudadanía. Inicio pues.
“Cincuenta años después de aquel memorable día, no puede uno evitar que los recuerdos se agolpen y se convierta la mente en un ir y venir de sensaciones encontradas, pero finalmente agradables”, dijo el licenciado Jesús Manuel Díaz Casas, uno de los pocos sobrevivientes del momento de conversión del Instituto de Ciencias Autónomo de Zacatecas (ICAZ) en Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Fue a él a quien correspondió dar lectura al Decreto 496 el 6 de septiembre de 1968 en el auditorio de Derecho.
Hace cinco años inicié una amistad con el licenciado Díaz Casas cuando realicé una serie de notas precisamente en la conmemoración del 45 aniversario, desde entonces han sido frecuentes las visitas a su casa donde, en compañía de su esposa, me ha compartido la larga historia de su vida como universitario, como profesionista, como académico, como administrador en la función pública y más.
Nuestro exrector es una enciclopedia de información y conocimiento de la vida institucional académica y zacatecana, toda una vida dedicada al servicio. En sus archivos documentales y fotográficos está la historia de una parte de la patria y muy particularmente del municipio de Zacatecas, del que fue alcalde, y de la universidad, de la que fue rector por dos periodos, de 1972 hasta 1980.
No hace falta mucha imaginación para interpretar el significado de este encuentro con el documento que leyera por primera vez hace 50 años; los que conocemos las fotografías de aquel primer suceso, tratamos de interpretar esta segunda lectura del Decreto 496.
Sin embargo, fiel a su naturaleza de universitario, desvió el objetivo del programa institucional para dejar su sello en el mensaje que inició de esta manera: “Estamos en un momento más de la historia de nuestra universidad, y por ello permítanme, fui anunciado solo para dar lectura a un decreto, el 496, que es nuestra razón de ser y nuestro fundamento, sin embargo, señores, hoy, amigos y compañeros universitarios, concurrimos a este acto bajo los signos del reconocimiento y la esperanza.
“Bajo el signo del reconocimiento por los universitarios de hoy que estamos obligados por el sentimiento de gratitud a recordar a todos aquellos hombres que hicieron posible que el Instituto de Ciencias Autónomo de Zacatecas se transformara bajo el Decreto 496 del Gobierno del Estado en universidad, a partir del 6 de septiembre de 1968.
“Bajo el signo de la esperanza, porque nuestra joven universidad apenas hoy con 50 años, con el concurso de toda su comunidad, sepa tener la percepción de la compleja realidad socioeconómica que la envuelve, derivado de un compromiso institucional de quehacer permanente por sus fines, ya que la universidad es hoy por hoy la única estructura social que, en virtud de su libertad, permite al hombre se aboque institucionalmente a descifrar el significado último de la cultura y, en consecuencia, el último significado de la evolución humana”, dijo.
En su posicionamiento como exlíder de nuestra institución en una de las épocas más difíciles como lo fue 1977, Díaz Casas enfatizaba en su intervención del pasado 5 de septiembre que la función de la universidad moderna es hacer hombres modernos, cabales. (El discurso completo está a su disposición en la Crónica universitaria). Posteriormente, dio lectura al Decreto 496, cuyo significado vive desde ahora con más fuerza e intensidad como sello identitario en nuestros corazones, acrecentando el orgullo universitario. ¡Larga vida a la UAZ!
Así se observa el mundo desde El Mirador de Heródoto.

*Cronista de la UAZ
[email protected]ail.com
cró[email protected]

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