Los mapaches del proceso electoral

Los mapaches del proceso electoral

Las trampas o fraudes electorales tienen personas que las operan, son los llamados “mapaches”. Las trampas se esgrimen desde antes de la jornada, como el compromiso con grupos de beneficiarios de programas de gobierno para que voten por los candidatos oficiales. Sin embargo, el día de la jornada electoral es el momento de hacer cumplir los ‘compromisos’ pactados a cambio de apoyos institucionales. Los encargados de toda esta porfía son justamente los mapaches. Para esto, cuentan con una red de punteros, que ellos llaman ‘estructura’: lideres de colonias o comunidades que juntan a los apuntados y los movilizan para que vayan a votar. Lo cual significa que la mapachería es un fenómeno social, y no sólo la acción de algunos tramposos. En otras palabras, el fraude es una forma que implica organización social. La participación de cientos de personas que la hacen posible. Supone también una desvalorización de la democracia: para ellos es algo que no tiene importancia y su violación (en cambio) les genera algunos beneficios inmediatos. Lo que a su vez significa que cuando hay bajos índices de aprobación de la democracia, suben las condiciones sociales para el fraude o mapacheo. Y en México tenemos justo eso: muy bajos índices.
Son célebres prácticas como las llamadas voto de muerto, casilla mapache, boleta planchada, urna embarazada, ratón loco, el apagón y el taco. Pero con las mejoras en los procedimientos de verificación y limpieza, algunas prácticas se han complejizado. Por ejemplo, la verificación del voto a través de fotografías de celular y la extracción de la boleta blanca. La práctica más recurrida es la compra del voto con sus formas de aplicación. Deben tener una casa de seguridad donde resguardan el dinero (es mucho efectivo junto), la red de captura de votantes y pago del sufragio. Con las bandas criminales esta práctica se hace también riesgosa, y por ello, hacen participar en las mismas a los cuerpos de seguridad, desde policía federal para transportar el dinero de un estado a otro, hasta policías municipales para resguardar dichas casas y a los operadores. La estructura el fraude es robusta y siempre oficialista.
Cuando se descubren bodegas llenas de materiales para el apoyo del partido en el poder, ciertas personas preguntan “pero si es bodega del municipio, ¿por qué está mal?”. Es decir, que la práctica de la trampa se ha naturalizado. Se llegó a ver como ‘normal’. Ahora ya representa una ventaja que se des-naturalice y se vea como lo que es: un delito. Igualmente, ya existen estructuras ciudadanas paralelas que denuncian e inhiben a los mapaches, aún falta mucho para hacerlo con efectividad. Sobre todo, mejorar la mecánica del sufragio para hacer imposible el fraude. El voto electrónico con reconocimiento dactilar puede ser una buena opción, que además hace el proceso más barato. Pero en materia de democracia, la única manera de aprender es ejerciendo la libertad. Un candidato que entra al servicio público por fraude ejercerá sus funciones con prácticas llenas de corrupción. Hay una relación entre el tipo de gobierno y los procesos electorales: una manera de mejorar la calidad de los gobiernos es limpiando los procesos de elección. ¡Vamos todos a votar y hagámoslo libremente!

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