Corriendo la legua

Corriendo la legua
Javier Manrique

La Gualdra 341 / Séptimo Aniversario Gualdreño

El uno, el dos y el tres

llamaron a su puerta a la vez.

-hoy no quiero salir-

dijo el siete sin abrir. 

Aparecieron el cuatro, el cinco y el seis

Y volvieron a insistir. 

Abrió el siete al fin,

-vale vale, no empecéis-

con vosotros quiero ir.

 Poema infantil de Alba Carballo

“Correr la legua” es un dicho antiguo muy taurino aplicado a los muletillas que tenían que recorrer grandes distancias para visitar las ganaderías de toro bravo y en general pasar todas las vicisitudes y precariedades que pasa un chaval para llegar a lograr la ansiada meta. Creo este dicho viene de más atrás cuando en La Toscana a los circos en sus recorridos les decían correr la legua, más tarde aparece en Francia la frase “Bottes de sept lieues”. La legua (lieue) era una distancia de aproximadamente 4.8 Km. Un hombre promedio caminaría 7 horas por día, por lo tanto, 7 leguas. En el cuento de Pulgarcito, de C. Perrault, aparecen las botas de 7 leguas con las que este personaje materialmente volaba al ponérselas. Más cercano a nosotros es la muy conocida yegua de Pancho Villa que aún herida de bala lo llevó huyendo de los federales por siete lagunas y le salvó la vida, por esto le puso la Siete leguas, la que que lo acompañaría toda la contienda y muriera de vieja en el rancho del general Cárdenas.

            Sé del trabajo que está detrás de siete años de recorrer la legua, siete leguas de mucho periodismo cultural, con una gran variedad de temas y de colaboradores (yo entre ellos) de las que hemos aprendido de cine, teatro, poesía, novela, etc. Siete son también las bellas artes y todas las ha cubierto La Gualdra de manera ejemplar, reuniendo muchas veces las caras opuestas de un dado de 6 caras que sumándolas dan 7. Esta labor es para celebrar y se me antoja hacerlo a la manera de Pedro Coronel, escuchando la canción de “Siete leguas” y tomándome un tequila del mismo nombre, olvidando por un momento a los siete enanos que nos rodean y que pretenden manchar la expresión artística con los siete tipos de heces que existen, lo bueno es que a leguas se les nota “la mala leche”, ojalá sus malas intenciones se pierdan en los siete mares.

Larga vida, pues, a La Gualdra. Termino contando una anécdota que tal vez no venga al caso, pero la cuento: iríamos en nuestra séptima copa no en las siete sino en las quince, cuando discutiendo con doctores y catedráticos de nuestra universidad nos vimos interrumpidos por un borrachito de cantina que nos dijo: “A ver, si son tan chingones, díganme los nombres de los siete reyes de las siete tribus nahuatlacas”. Después de eso todos guardamos silencio…. yo me quedé de a siete.



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