La fórmula del interés compuesto

La fórmula del interés compuesto

Vamos a proponer un modelo simplificado de los problemas de la UAZ para ilustrar la complejidad de la situación real, los delirios que nos han hundido y la manera de dar respuestas sobre la base de datos y modelos. Supongamos dos factores que generan deuda, siendo el primero las jubilaciones ya ejercidas y cargadas a la institución y el segundo las cuotas de seguridad social que capitalizaran los fondos de retiro del personal en activo. El presupuesto ordinario al año N lo representaremos por pN. Supondremos que el monto de las jubilaciones en el presupuesto ordinario anual es del .1 (10%), mientras que el costo de las cuotas por seguridad social tendrá el valor de .12 (12%) del mismo presupuesto, y haremos la hipótesis, muy fuerte, que estas tasas son constantes en el tiempo. Es una simplificación del proceso real, en el que las tasas son aleatorias. Por tanto, estos dos conceptos representan el .22 (22%) del presupuesto ordinario anual. Nuestro modelo supone que el crecimiento del presupuesto ordinario anual es determinista, siguiendo la fórmula del interés compuesto que es: pN = p0[1+.02]N. Aquí p0 es el presupuesto del año que convencionalmente definimos como inicio del proceso. Otro supuesto del modelo es que el crecimiento ordinario anual es del .02 (2%), lo que ya hemos incluido en la fórmula. Es claro que la inflación es una variable estocástica, pero aquí nos moveremos con procesos deterministas que asumimos representan el promedio de las desviaciones aleatorias; es decir, la varianza del proceso probabilístico se mantiene estable y finita a todo tiempo. Pero esto es irrelevante por lo pronto. Ahora bien, si suponemos que el presupuesto ordinario se distribuye en salarios, sin margen para nada más, la deuda del año i está dada por .22pi. La deuda acumulada del año i es la suma de las deudas de todos los años previos a i. Así, la deuda al año N tiene por valor: dN =.22( p1 + p2 + p3 + …+ pN ). Con esto el modelo está completo. Supongamos entonces que el presupuesto ordinario del año que elegimos como inicio del proceso vale p0 = 2000, es decir, dos mil millones de pesos, que será la unidad monetaria utilizada. Las deudas de los primeros cinco años serán: 440, 448.8, 457.776, 466.93152, 476.2692, por lo que d4 = 2289.776, mientras que el presupuesto de ese año sería de p4 = 2164.8643 así que la deuda acumulada supera ya el presupuesto ordinario anual en cinco años. La institución resulta insostenible desde el punto de vista financiero en muy poco tiempo. ¿Qué hacer?. Parece claro que se deben tratar de reducir los factores que generan la deuda, pero hacerlo no es cosa fácil porque las variables económicas están ligadas a procesos políticos que acontecen dentro de la institución, por lo que alterar esas variables llevará a escenarios de conflicto que pueden redundar en más deuda debido a que la institución no logra salir exitosa de ellos. El ganador, por supuesto, cobra. Entonces intervenir sobre el conjunto de las variables económicas llevará al conflicto, así que será necesario escoger un oponente que no pueda ganar legitimidad social, aunque pueda movilizarse. He aquí una recomendación: si reducimos en 50% la percepción de los jubilados se logra reducir la deuda acumulada del quinto año a 1429.37 lo que indica que es una buena medida que no afectará el trabajo cotidiano de la institución porque los jubilados ya no trabajan. Por otro lado, no dejará a estas personas en la pobreza porque sus jubilaciones, aún con una reducción del 50% siguen siendo decorosas y superiores a las que tendrán los mexicanos del mañana. Debido a esto último tal grupo difícilmente logrará legitimidad social, y el conflicto, de ser llevado adecuadamente, representará un ahorro de 735.49 millones en cinco años. Sin embargo, lograr que sea la institución la que gane el conflicto requiere de análisis aparte, en este caso, de las capacidades de acción del grupo afectado. Aquí concluye el ejemplo. La lección que se desprende es clara: sin ayuda del “hombre providencial” (el presidente de la república) o sin la opción de resistir hasta que caiga el sistema neoliberal (o la suerte sonría a los que resistiendo apoyan) varias soluciones posibles pasan por el conflicto porque entre los diferentes grupos beneficiados por el contrato es natural que no haya consenso. Corresponde a la patronal hacer de fiel de la balanza, si sabe cómo hacerlo. Es necesario enfatizar que la situación de la UAZ es más complicada que la ofrecida en el modelo simplificado porque está atravesada por muchas otras variables que no han sido consideradas, pero que deben serlo si queremos que un día haya auténtica capacidad de autocorrección en la UAZ. Por lo pronto podemos notar que en el modelo es el proceso económico el que dicta dirección al conjunto de los conflictos políticos, mientras que en la universidad sucede lo opuesto: el voluntarismo político fija el rumbo de los procesos económicos, lo que nos ha llevado al desastre y a prohijar ilusiones que nos mantienen estancados. La peor de ellas: la construcción del socialismo en una sola universidad. ■

 

 

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