Generalidades sobre la redacción

Generalidades sobre la redacción

La Gualdra 311 / Lenguaje

 

La redacción parece ser una tarea inservible y bastante aburrida. Pero en realidad es un instrumento casi mágico. La expresión “el poder de la palabra” es una frase que tiene mucho más sentido del que parece. Sólo hay que ver lo que nos rodea: todo está regido por palabras: a veces escritas y otras veces habladas, no siempre sinceras o dignas de creer (como dice el dicho “todo se lo lleva el viento”) pues no comprometen u obligan a un gran porcentaje de quien las dice a realizar cuanto dice. Difícilmente podemos obligar a un inquilino de una casa a pagar la renta, en caso de que se negara, si no hicimos un contrato por escrito previamente. Aquí es donde hablamos del poder de la palabra, un poder conferido de manera escrita. En este caso es el poder legal.

Sin embargo, la palabra hablada también ostenta un gran poder. El más popular de los amigos es el que mejor habla, el más atractivo con las niñas de la prepa es el que echa mejor rollo, e inclusive, el más querido entre los maestros es el que mejor se expresa.

El hablar es una tarea compleja, ya que al parecer tiene dos formas: una inconsciente, que dice más de lo inmediato, es decir, de lo que se tiene cerca o de las relaciones entre los individuos, producto de toda una vida de experiencia, y que, inevitablemente, refleja lo que somos; y por otro lado, está la palabra consciente, aquélla que parte de nosotros y que contiene lo que se refiere a la razón: ideas, conocimientos, maquinaciones, bromas, anécdotas y, en algunos casos, la locura. Las palabras reflejan la forma de vivir y de pensar de los individuos.

Pero el poder de la palabra escrita es muy superior, pues al hacerlo uno se desdobla y da a conocer una parte de uno mismo más consciente, más analítica, con más ideas y pensamientos, que puede crear mundos, personas, enamorar, asustar e, incluso, hacer feliz a alguien.

Al escribir estamos poniendo a prueba nuestra inteligencia y nuestra imaginación. Estamos enunciando un discurso, que al igual que el oral, tenemos que configurar en nuestra cabeza, pero al escribirlo podemos amasarlo y darle forma, dotarlo de detalles y elementos que lo hagan mejor.

Desde una anécdota hasta un poema, ponemos en las palabras que escribimos pedazos de nosotros mismos, convertidos en líneas de palabras que siguen leyes sintácticas, gramaticales, ortográficas y morfológicas, con cargas semánticas psicológicas, que de alguna manera proyectan en la mente de quien lee lo escrito un rincón de nuestro ser.

Por medio de estas líneas doy a conocer a otras personas lo que pienso, lo que soy y lo que tengo dentro de mí. Redactar pues, es más que trazar líneas, es un acto comunicativo de lo más complejo, una ventana hacia el interior de quien escribe, un trozo de la trayectoria de vida del emisor, un arte que se logra practicándolo y, necesariamente, estando dispuesto a dejar instantáneas de quién se es en ese momento, una postura en el mundo, en el tiempo y el espacio, algo que perdurará, al menos por el tiempo que dure el papel o dispositivo en que se escribió.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-311

 

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