Ser estudiante en tiempos de pandemia y el rol de las redes sociales

Ser estudiante en tiempos de pandemia y el rol de las redes sociales
Pepe Le Pew. Imagen tomada del Twitter de @BARTCOMEDY_

La Gualdra 496 / Educación

Es difícil no iniciar este escrito con un sincero agradecimiento a la República Popular China, por sus grandes esfuerzos de compartir todo lo que produce con el resto del mundo. La pandemia provocada por el Covid-19 ha sido lo más made in china que se ha consumido en el mundo entero últimamente; después está, obviamente, la comida china, con la diferencia de que el virus es gratis, pero reconozcamos que gracias a este evento, hemos podido, como individuos y como sociedad, conocernos mejor. Me viene el recuerdo no muy lejano de los supermercados llenos de gente peleando por el papel higiénico que escaseó antes de que el gobierno mexicano declarara el estado de pandemia, por ahí a mediados de febrero de 2020. Efectivamente, afloraba lo mejor de nuestra condición humana.

Como de película. Parecía el fin del mundo, pero, para los estudiantes de licenciatura a posgrado, nos parecía la mejor oportunidad de redimirnos en nuestro camino hacia la sabiduría. Tendríamos el tiempo disponible para retomar viejas lecturas, para esbozar unos cuantos ensayos y tenerlos de respaldo “para lo que se ofrezca”. Incluso la que suscribe creyó que podría avanzar en su tesis, pues más que nada siempre he estado inspirada por el filósofo de Rotterdam, con sus sabias palabras: “No hay cosa que mejor y más totalmente ocupe el espíritu que los estudios”, y su estimada amiga, aquí presente, quería sinceramente seguir su máxima con más ahínco que nunca. 

Me parece extremadamente divertido el funcionamiento cerebral de los adultos jóvenes, porque generalmente mantenemos altas expectativas de nosotros mismos, sobre todo si hablamos de estudiantes de filosofía. Sin embargo nuestro comportamiento real es un tanto más banal, acostumbrados año con año, con la democratización de las herramientas virtuales, a satisfacer a nuestros demonios de lo inmediato: diversión, información, compras, comunicación, sexo. Todo lo anteriormente dicho y anhelado sobre el trabajo académico parecía querer desaparecer en las nuevas condiciones. El escritorio o la mesa de trabajo solo se visitaron cuando “hubo tiempo” o cuando “se pudo”, pero en retrospectiva ―a la vista el inminente desenlace de esta plaga― honestamente se pudo haber hecho más. 

Conforme la pandemia se volvía un largo camino de aislamiento, apenas tenía unas cuantas líneas escritas en Word, unos cuantos apuntes por aquí y por allá, de los pocos libros que lograron ser leídos, o en su defecto, apenas abiertos, después de conseguir dejar la botella de whisky y descansar un poco. Pero también es verdad que la diversión de streaming era demasiado tentadora.

Las postrimerías del año 2020 demostraron lo peor del ser humano, la situación política en los Estados Unidos llenó de encabezados las noticias todos los días. México no se quedó atrás con el aumento de la violencia en la calle y en el hogar. La pandemia no detuvo a los cientos de afectados que debían salir a las calles a protestar; el Covid-19 se veía relegado y superado una vez más por el hombre mismo, mas no en forma positiva, al contrario, los que no morían por esta enfermedad, morían a manos del hombre mismo. Ciertamente cruzamos por el infierno de Dante.

Dice Erasmo en su Homo, bulla, que es tan sencillo que el hombre encuentre su final, con el simple hecho de tragar mal un alimento, muere por asfixia; o por tener la mala suerte de una fuerte lluvia que derrumbe el techo sobre su cabeza. Empero, este es el mismo animal capaz de maquinar tantos tumultos y para cuya ambición es estrecho el universo mundo. La pandemia no detuvo, ni ha detenido las muertes del crimen organizado, asesinatos por odio de todo género, ni la paranoia de lo incomprendido por el común de la población. El hipotético remedio de nuestros males causó furor en los medios, sobre todo en aquellos que creyeron en su momento que seríamos controlados por medio de la vacuna y que esta era el medio para la instauración de un nuevo orden mundial. Otros más trataron, en la medida de lo posible, racionalizar las circunstancias y lo que realmente sucedía. 

Las redes sociales jugaron un papel predominante como medio de desinformación, donde se horneaban las conspiraciones y donde también relucieron algunos movimientos sociales como black lives matters, pro-vida, pro-aborto, ideología de género; temas todos que crearon debates importantes y que siguen en el pervivir político y social. Como estudiante se tiene la obligación de no ser indiferente al entorno. 

Sin embargo, hay algo más que se gestó en el mundo cibernético y que afecta la realidad en la que vivimos: la censura o lo que llamamos “la cultura de la cancelación”; lo considero importante porque consiste en que un grupo de personas, por lo general anónimas, conectadas a la Internet, deciden lo que es correcto decir y lo que no lo es. Dado que todo el mundo expresa incluso sus más efímeros pensamientos de manera pública en un muro virtual, considero peligrosa esta dinámica prohibicionista que no está regida más que por lo que, de manera arbitraria, algunos consideren inmoral. Por un lado, se popularizan los videos musicales donde se cosifica el cuerpo femenino; pero, por otro, se cancela a un zorrillo ficticio por besar a otro personaje ficticio sin su consentimiento.

Parece ser que la virtud del género humano estará determinada en un futuro muy cercano por aquellos que dominan el mundo virtual, y por los que se dejan llevar irreflexiva, supersticiosamente por él. La diversión de estas generaciones parece estar representada y contenida groso modo en la red social tik tok, una atmósfera que a propósito de todo el tema, y para más inri, es de origen chino. Tuvo su auge durante esta contingencia y allí surgieron grandes cuestiones, la principal y que compete a este artículo, la manera en que gastamos nuestro tiempo, la voluptuosidad está tomando nuevas proporciones que se esquematizan conforme lo vamos permitiendo y según se simplifique la vida. Se pierde una a una la posibilidad de crear conocimiento o de edificarnos como personas y nos conformamos con la diversión, porque la realidad es lo suficientemente caótica como para quedarnos en ella. Una justificación que sin duda es perjudicial, pero la realidad es que estamos acostumbrándonos a las soluciones inmediatas, la comida a la puerta de la casa ―lo cual desde luego agradezco―, la economía por Internet, la información esquemática, nuestras satisfacciones lúdicas. 

Formar parte de esta historia, con la que efectivamente se marca un antes y un después del eventual desarrollo de una sociedad determinada ―como colectivo, no como un ser individual― me parece por demás interesante. Desde mi experiencia vivida, no hay puntos medios, no se puede estar a favor de dos posturas contrapuestas.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_496

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