La economía no crecerá al 4.1%, ni bajará la inflación al 3.4% en el 2022

La economía no crecerá al 4.1%, ni bajará la inflación al 3.4% en el 2022

La SHCP señala que el Paquete Económico para el 2022 “será clave para continuar avanzando en la recuperación”. Mantienen el mismo discurso neoliberal de Pedro Aspe de inicios de los años noventa de que se mantiene la “fortaleza fiscal y fundamentos económicos sólidos”, sin reconocer que dicha “fortaleza” no genera recuperación, sino que actúa a favor del sector financiero que es el que gana con las políticas neoliberales.

Dicen que ello y “la mayor integración comercial en el T-MEC contribuirán a una recuperación más sólida”. Tenemos décadas con los acuerdos comerciales y éstos han actuado en detrimento del sector manufacturero, a pesar de las exportaciones, las cuales son comandadas por empresas transnacionales que trabajan con altos insumos importados y no generan efectos multiplicadores internos. Se sigue apostando a estrategias fallidas, que no impulsan el crecimiento “solido”, sino que favorecen al gran capital transnacional.

Reiteran que el “Paquete Económico refuerza los principios de responsabilidad y eficacia en la gestión de las finanzas y la deuda pública” y que ello “es congruente con una trayectoria estable y sostenida de la deuda”. Al respecto hay que señalar que la responsabilidad de las finanzas públicas no debe ser el equilibrio fiscal y la reducción de la deuda, sino cumplir con los propósitos nacionales de pleno empleo e impulso al sector productivo nacional. No se puede trabajar con equilibrio fiscal en un contexto donde hay alto desempleo y miseria y hay fuerte caída de la esfera productiva y del crecimiento potencial de la economía. Se requiere que el gobierno gaste lo suficiente y recurra a deuda a favor del desarrollo industrial y agrícola, y del empleo. Ello aumentaría el ingreso nacional y la recaudación tributaria y se pagaría la deuda.

Hacienda se vanagloria de que lo que caracteriza a este gobierno “es la separación efectiva entre los intereses privados y los del sector público, que ha permitido reducir las pérdidas de las finanzas públicas”. Si bien el gobierno actual ha dejado de condonar impuestos a las grandes empresas, sin embargo, tenía y tiene que apoyar a las empresas que han visto reducidos sus ventas e ingresos por la crisis, que ha llevado a muchas de ellas a quebrar y cerrar ante la falta de apoyo gubernamental. El gobierno tiene que evitar la destrucción de la planta productiva, para preservar la generación de empleos y de riqueza. No puede dejar a las empresas a su libre arbitrium, pues es actuar contra el crecimiento económico.

La SHCP ve tres impulsores del crecimiento: “la demanda en Estados Unidos, los proyectos de desarrollo regional en el sur de México y el consumo interno”. La demanda de EUA por productos elaborados en México, siempre ha estado y no ha impulsado el desarrollo productivo, el empleo y el bienestar en el país. El desarrollo regional del sur-sureste no tiene potencial para ser motor de crecimiento en el país. El turismo y el comercio internacional no volverán a crecer como antes, dada la continuación de la pandemia, el desempleo y la desaceleración de la economía mundial. Al seguir la tacaña política fiscal (bajo déficit primario de -0.3% del PIB), la alta tasa de interés (5.3% para fines del 2022) y estabilidad cambiaria (20.4 pesos por dólar), no se alcanzará el crecimiento de 4.1% del PIB, ni la reducción de la inflación a 3.4%, ni tampoco “la recuperación del mercado laboral”, ni del consumo. La pichicata y tacaña política fiscal y la alta tasa de interés, contraen la producción, lo que aumenta la escasez de productos que presiona sobre precios, por lo que la inflación seguirá.

Hacienda dice que “no se incrementan impuestos a fin de incentivar la inversión para la recuperación”. Con esa política hemos estado por tres años y no hay crecimiento de inversión y de la economía. El crecimiento económico requiere de baja tasa de interés y aumento del gasto público, y tales políticas no existen en el país, y si en muchos otros.

El Paquete Económico dice que “la posición sólida de la banca de desarrollo y la privada será un elemento para financiar préstamos productivos”. El problema es que esa supuesta “solidez” solo se ha traducido en altas ganancias de la banca y no ha incrementado los créditos. Los créditos a empresas y a personas físicas con actividad empresarial en junio del 2021, respecto a junio del 2020, han caído en 16.9%. Mientras no crezca el gasto público y las ventas de las empresas, las empresas no pedirán crédito y la banca no prestará, pues no se tiene asegurado el reembolso del crédito.

El Paquete Económico contempla aumentar la inversión pública al 3.1% del PIB en el 2022. En el primer trimestre del 2021 está en el nivel de 2.4%, que representa el 12.3% de la inversión total, que está en 19.4% del PIB. Que bien que se aumente la inversión pública, pero tiene que recuperar los niveles que nos permitían crecer en el pasado. Hay que señalar que en 1980 la inversión pública era el 11% del PIB y era el 41% de la inversión total. La reducción de la inversión pública en que ha descansado la política fiscal tacaña desde 1983, de recortes presupuestales, se ha traducido en mayor privatización de la economía, mayor desempleo, economía informal, pobreza y desigualdad del ingreso en el país. Hay que romper con las políticas que nos han condenado al atraso y que no ofrecen perspectivas de crecimiento y bienestar para las grandes mayorías.

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