Cuatro T, con T de Tiempo

Cuatro T, con T de Tiempo

Ayer domingo fue un día de rituales de esos que ocurren cada cambio de administración.

Se afilaron los tacones, se anudaron las corbatas, se sacaron del olvido las galas y se desfiló en la algarabía por la fotografía con el recién llegado.

El discurso inicial del mandatario pintó un desastre en su diagnóstico: que “el estado agoniza”, que no hay recursos siquiera para pagar la próxima quincena, que las finanzas están en quiebra, y que las deudas son mayores que los ingresos, dijo el nuevo gobernador.

Se dijo algo similar en cuanto a seguridad, que ésta se encuentra en su peor momento, y que el mes de agosto había sido el más violento.

Se anunció un rediseño gubernamental del que no se conoce boceto. Sabemos apenas que se hará buscando la austeridad, pero no se conoce proyecto ni se ven avances legislativos que ya lo empujen.

Hubo, como es normal, la expresión del anhelo por ser el mejor gobernador de Zacatecas, aunque aún no sabemos en qué se traduzca eso.

Seguramente es algo que humanamente se propone cada persona que llega al cargo, por deber, por sentido de responsabilidad, o por legítimo anhelo de pasar a la historia.

Pero ese honor es siempre temporal y arbitrario. Todos los exgobernadores parecen destinados a ser al menos por algún tiempo los grandes villanos, y si tienen la suerte suficiente, a ser reivindicados cuando su memoria sirve aún de referencia, pero no de amenaza.

La vara con la que mide la historia es siempre cambiante y circunstancial y casi por naturaleza es también injusta. La que mida al gobernador saliente no será igual a la que mida al entrante. No fueron iguales sus circunstancias de llegada, y tampoco son las expectativas que se les carga.

Parte del electorado que le dio su confianza al gobernador entrante lo hizo porque cree en el aterrizaje de la cuarta transformación en Zacatecas, o bien porque confía en que el mismo signo político en lo federal y lo estatal podría significar mayor coordinación y cercanía por el bien de Zacatecas.

La ilusión de mayor apoyo de gobierno federal se acrecienta con declaraciones como las de Marcelo Ebrard, quien dijo que iniciaba una nueva etapa histórica en la que se va a tener mucho apoyo por la coincidencia de la 4T nacional con la 4T aquí.

En la confianza en esas palabras se asegura que habrá presencia de la Guardia Nacional en los 58 municipios del estado, algo que da esperanzas para que la situación de seguridad mejore.

Está por verse, sin embargo, que esto se haga realidad, toda vez que en la misma condición (de coincidencia política) se encuentra prácticamente la mitad de las entidades del país.

Se confía también en el gentilicio de muchos personajes políticos en el escenario nacional, como los coordinadores parlamentarios de Morena y Partido del Trabajo en el Senado; la importancia política al interior de su partido del zacatecano Carlos Puente, del coordinador parlamentario en la cámara de diputados de Movimiento Ciudadano, y el propio número de legisladores zacatecanos en las cámaras.

En los hechos, ni con esta fuerza política ni con las anteriores ha funcionado esa estrategia. Los recursos más importantes han llegado a partir de proyectos especiales específicos que fueron apoyados en su momento por la federación.

El campus siglo XXI de la Universidad Autónoma de Zacatecas es ejemplo de ello, y lo hubiera sido también Milpillas si ese proyecto no se hubiera ido al traste en medio de las protestas sociales y las suspicacias que levantó la intervención de una empresa particular en tareas que habitualmente realizaría la secretaría de Gobierno.

Son proyectos como esos, de grandes vuelos y a largo plazo, los que podrían ganarle recursos federales a este estado, porque no hay otra manera de competir por las grandes bolsas frente a entidades con mayor población, más aportación al Producto Interno Bruto o más recaudación local.

Sin importar cuanto amor a la tierra le tengan nuestros paisanos, éstos no podrían garantizar grandes recursos frente a la capacidad de cabildeo de los grandes industriales de Nuevo León, la importancia política del Estado de México, la visibilidad mediática de la Ciudad de México, o la resistencia organizada de Oaxaca.

Apenas empieza el sexenio y hay tiempo, pero éste siempre es poco para idear y generar la coordinación necesaria que geste los grandes proyectos que a Zacatecas le hacen falta. Urge aprovecharlo.

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