Invasión religiosa en el cuadrante radiofónico

Invasión religiosa en el cuadrante radiofónico

El 31 de julio pasado inició sus transmisiones La Guadalupana ESNE Radio a través de la emisora XEL-AM 1260 de la Ciudad de México, que pertenece al grupo ACIR.

En el pasado la emisora se llamó La Pantera, con programación de rock, y hasta hace poco, La Comadre 1260, con música ranchera-norteña-grupera. La operación comercial de la frecuencia se dio entre la organización religiosa norteamericana El Sembrador de Nueva Evangelización (ESNE) y Grupo ACIR, que hasta el 30 de julio era la concesionaria legal de la frecuencia. No queda claro si la operación fue de compra-venta o renta del espacio.

ESNE Radio tiene su sede en Los Ángeles, California. Es una red de estaciones de radio y televisión, de corte católico, en español. Actualmente opera en Chicago, Denver, Houston y Salt Lake City.

En muy poco tiempo ya hay cuatro estaciones de corte religioso en el Valle de México. Y se rumora una quinta estación, pues la Iglesia Universal del Reino de Dios (o Pare de Sufrir) ha sostenido pláticas con diversos concesionarios para rentar frecuencias.

El fenómeno no sólo concierne a la Ciudad de México, sino a todo el país. En los últimos lustros se han constituido cientos de estaciones radiales de corte religioso en todo el territorio. ¿Se quebrantan la ley y el carácter laico del Estado? Al ser una concesión del espectro de frecuencias propiedad de la nación, sí afecta el artículo 130 constitucional, que marca una clara separación entre las iglesias y el Estado. Además, la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público de manera enfática lo prohíbe. Así lo dice el artículo 16 vigente: “Las asociaciones religiosas y los ministros de culto no podrán poseer o administrar concesiones para la explotación de estaciones de radio, televisión o cualquier otro tipo de telecomunicación, ni adquirir, poseer o administrar cualquiera de los medios de comunicación masiva”. Tanto Gobernación como el Instituto Federal de Telecomunicaciones han sido laxos. Este último ha otorgado polémicas concesiones radiales a grupos religiosos disfrazados de asociaciones civiles.

El fenómeno no es nuevo, desde hace varios sexenios se opera un disimulo institucional. Basta ver la tele nocturna para encontrar emisiones religiosas con condimentos fanatizantes. Ahora, con AMLO, el tema se agudizó. Bajo el argumento de una necesaria moralización de la sociedad ante el proceso de descomposición del tejido social, AMLO buscó el apoyo y compromiso de las iglesias para afrontar esta decadencia moral. Incluso en marzo de 2019 se comprometió a otorgar concesiones de radio y TV a las iglesias evangélicas (Rodrigo Vera, Concesiones de radio y TV: lo que no logró la Iglesia católica lo consiguieron los evangelistas, Proceso 2213, 31 de marzo de 2019).

La Iglesia católica maneja desde hace mucho tiempo estaciones religiosas a través de asociaciones civiles que aparecen como entidades no religiosas. En el portal de María Visión, un canal católico que opera desde el Estado de México, Jalisco y la Ciudad de México, se lee: “A tres meses de haber salido al aire el 11 febrero de 1994, día de Nuestra Señora de Lourdes, nos convertimos en una señal satelital transmitiendo a través del satélite Morelos II con un potencial en señal abierta de 4.5 millones de telehogares en el ámbito nacional y 1.5 millones a nivel internacional”.

Varias congregaciones religiosas poseen emisoras radiofónicas vía sus universidades o centros culturales. Bajo la figura secular universitaria operan con un mosaico amplio de emisiones; tales son los casos de Radio Ibero 90.9 FM (jesuitas), Radio UP 1250 AM (Opus Dei), Radio Anáhuac 1670 AM (Legionarios de Cristo). La Fundación Cultural para la Sociedad Mexicana es una asociación civil que detenta más de 10 concesiones radiofónicas para uso social. Dicha fundación es un instrumento propio de la Arquidiócesis de Guadalajara y opera con el nombre de Radio María. Según un reportaje de Eje Central, éstas operan desde 2012 en Puerto Vallarta, Jalisco, pero tienen 10 más en Culiacán, Sinaloa (XHFCS); Ensenada, BC (XHARB); San Miguel de Allende, Guanajuato (XESMA); Zamora, Michoacán (XHJAC); Cuernavaca, Morelos (XHFCSM); Puebla, Puebla (XHPBP); San Luis Potosí, San Luis Potosí (XHCSM); Guasave, Sinaloa (XHAVE); Ciudad Obregón, Sonora (XHCOB) y Mérida, Yucatán (XEFCSM). Todas ellas fueron otorgadas entre 2012 y 2018.

Ahora miremos los medios de las iglesias evangélicas. Tanto en el sureste como en el noreste del país hay decenas de radios evangélicas que operan de manera irregular llamadas “piratas”. En sólo un año han pasado de 67 radiodifusoras a 160 distribuidas en todo el país. La mayoría de ellas funcionan con donativos en efectivo y en especie: equipos transmisores que provienen de evangélicos de Estados Unidos. Dichos donativos se han focalizado en las áreas rurales en los estados de Chiapas, Tabasco, Oaxaca, Veracruz e Hidalgo, así como en otras regiones eminentemente indígenas.

¿El Estado laico cede de facto o habría que flexibilizar normas? Hay que salir de las simulaciones. Aquellas iglesias que cuentan con mayores recursos, sean financieros o relacionales, tienen acceso a espacios de comunicación electrónicos. ¿Y los digitales? Esto desafía al Estado laico que debe procurar la equidad y evitar que una religión esté por encima de otra, a pesar de ser mayoritaria. Muchos discursos religiosos son conservadores y excluyentes. ¿Qué impacto tendrían en las minorías? Diversas minorías, religiosas y no religiosas, se verían discriminadas. ¿Dónde quedarán las demandas de las mujeres y de las minorías de la diversidad sexual? ¿Los grupos de homosexuales tendrían también acceso a medios propios?

Evitar los contenidos fanáticos, de intolerancia y de exclusión es otro reto. Porque contraviene la educación laica, sustentada en bases científicas y sin dogmas. ¿Cómo regular que las convicciones religiosas pretendan imponer sus criterios a la sociedad? Es de lamentar que sólo algunos grupos religiosos pretenden adquirir concesión de radio y televisión, lo que sería un error. Existen unas 10 mil asociaciones religiosas registradas ante la Secretaría de Gobernación y no habría 10 mil espacios en medios de comunicación para cada una con el propósito de garantizar un trato equitativo.

Finalmente, sería deplorable convertir en púlpitos a las televisoras, radiodifusoras o medios impresos. Que los proselitismos no propicien la guerra de religiones que ya le costó mucho dolor a México en su historia y porque marchita la democracia. Los medios religiosos son respetables en una democracia madura, pero conlleva riesgos. El tema no sencillo. ■

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