Adelantar el pago de la deuda externa, es una decisión ultra-tecnócrata

Adelantar el pago de la deuda externa, es una decisión ultra-tecnócrata

El FMI decidió repartir 650 mil millones de dólares a través de los Derechos Especiales de Giro, a los países miembros que cotizan anualmente a dicha institución. A México le corresponden 12 mil 200 millones de dólares y ello no es una donación, sino se otorgan a baja tasa de interés, para que se canalicen a las reservas internacionales para apoyar la estabilidad del tipo de cambio. Ello favorece a los inversionistas financieros internacionales ubicados en el país, que quieren la estabilidad de la moneda, debido a que perderían con la devaluación de ésta.

Si México cotiza anualmente al FMI, no es para que ésta institución determine a donde deben canalizarse dichos recursos, sino le corresponde al gobierno decidir el uso de tales fondos. El problema es que en vez de tomar una decisión soberana de usarlos al combate a la pandemia, como a la generación de empleo, al apoyo al sector industrial y agrícola, como a los sectores estratégicos y al combate al cambio climático, el Presidente de la República, bajo asesoría de su nuevo secretario de Hacienda, quiere que tales recursos se canalicen a realizar pagos adelantados de la deuda externa del país. Dijo que “creo que es muy bueno para todos y principalmente es muy bueno para la hacienda pública. Es muy bueno para el pueblo de México el que ese dinero se utilice para pagar deuda y que no esté atesorado perdiendo, porque si se tiene ese dinero, pagan por ese dinero muy poco interés, mientras la deuda que tiene el Gobierno paga altos intereses…entonces, se va a lograr un ahorro importante en beneficio de nuestro pueblo”. Tal decisión pasa a ser más ultra-tecnócrata respecto a la crítica que el Presidente le dijo a un subgobernador de Banxico la semana pasada. La decisión de pagar en forma adelantada el pago de la deuda externa, beneficia a los acreedores. Ello refleja la posición gubernamental de quedar bien con los acreedores internacionales, a costa de relegar la atención de los graves problemas de salud, de desempleo, de destrucción de capacidad productiva, como los problemas del medio ambiente que enfrentamos.

La preocupación del Presidente es adelantar el pago de la deuda externa para ahorrar intereses. No dimensiona que si esos recursos se canalizasen a la esfera productiva y a la generación de empleo, ello potenciaría el crecimiento económico y la generación de riqueza, lo que permitiría cubrir las tasas de interés, por lo que la deuda podrá ser cubierta, sin representar problema alguno.

Más que adelantar el pago de la deuda externa, lo cual es una posición neoliberal del gobierno, debería postergar el pago de la deuda externa hasta que haya condiciones de crecimiento sostenido en la economía. El país enfrenta una crisis que no se veía desde la década de los años treinta del siglo pasado, por lo que es justificable postergar el pago de la deuda externa, como varios países lo han hecho. En vez de canalizar los recursos que se transfieren anualmente a la banca internacional, habría que destinarlos a incrementar la inversión en Pemex, en la CFE, en la energía alternativa, en infraestructura, y para sustituir importaciones manufactureras y de granos básicos para disminuir nuestra dependencia de productos importados, y mejorar la situación del sector externo. Ello permitiría obtener recursos para el pago de la deuda en condiciones de crecimiento. Esa sería una decisión patriótica en beneficio del sector productivo, de los trabajadores, de los que buscan empleo y no lo encuentran.

En este gobierno, como los de las últimas décadas, no ha habido voluntad política para tomar decisiones en beneficio de un crecimiento sostenido, más soberano y equitativo, sino sigue subordinado a los intereses del sector financiero.

No se aprovecha la crisis económica, ni la correlación de fuerzas que se manifestó en las elecciones del 2018, para realizar las transformaciones económicas necesarias para impulsar el desarrollo productivo y tecnológico, como la generación de empleo bien remunerado, para encaminar a la economía a un sendero de crecimiento económico con baja inflación, con mejor distribución del ingreso, que preserve el medio ambiente y reduzca la vulnerabilidad externa y la dependencia de la entrada de capitales. De no avanzar en tal dirección, el futuro para las presentes y futuras generaciones será de penurias en lo económico, político y social, que llevará al gobierno de la 4 “T” a ser igual que los anteriores. ■

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