Los movimientos y el cambio social: sin ellos no hay nada

Los movimientos y el cambio social: sin ellos no hay nada

La sociedad cambia gracias a los movimientos sociales: son el motor de toda transformación. La acción colectiva organizada en algunas ocasiones se convierte o forma parte de un movimiento social. Esto es, para que una acción social se convierta en movimiento debe ser antagónico con el sentido común y circunstancia social actual. Por eso, todo movimiento es antagonista. Una organización adaptada nunca es movimiento. Razón por la cual el movimiento necesariamente manifiesta rebeldía, inconformidad o protesta. Así, la organización nacional de padres de familia no es parte de movimiento social alguno; al contrario: es la reacción a los mismos.

Y los movimientos están en un cruce siempre de escala y temporalidad: pueden ser locales y actuales, y al mismo tiempo, ser parte de cambios de larga duración y globales. En lo local protestan por cosas tan concretas como las horas de trabajo en las fábricas, la ley sobre derechos de las mujeres o la ocupación de predios naturales para construir complejos residenciales. Y en la larga duración se modifica el sentido común, como la idea de que los seres humanos somos iguales en toda la historia del cristianismo o el valor de la naturaleza en la modernidad o el sentido común que asocia trabajo con ingreso y ve extraño que alguien proponga ingresos económicos desligados del trabajo; o algo tan radical como darle derecho de ciudadanía a la naturaleza y, por tanto, mecanismos de defensa jurídica de dichos derechos.

El cambio social opera por capas: las creencias que conforman el sentido común, las instituciones políticas y las prácticas cotidianas en lugares concretos. Cada capa opera en diferentes tiempos, pero empujan para cambios sociales integrales. Por ejemplo, las mujeres debieron lograr el cambio en la creencia de la naturaleza doméstica de éstas, para que las leyes sobre sus derechos políticos pudieran tener legitimidad y, por tanto, éxito. Y así, que se aprobara en un año determinado el derecho a votar y ser votadas. A la acción colectiva que hace posible todos esos cambios sociales, les llamamos ‘movimientos sociales’.

Así, no se puede predicar el cambio, y al mismo tiempo, destruir la acción colectiva individualizando los derechos o beneficios sociales. Esto último es una estrategia de la reacción. Los partidos son una mediación entre la sociedad en movimiento y el Estado. Porque sólo pasando por este último, se conservan o institucionalizan los cambios. La ingenuidad del anarquismo de pensar que puede haber cambio permanente sin el Estado, es una ternura peligrosa. El ‘stato’ es justo ‘lo que permanece’. Hay partidos que pretenden ser el conducto político de ciertos movimientos sociales: como los verdes en Europa (en México este partido fue capturado por bandidos), los partidos obreros o como le partido ‘Podemos’, expresión de los indignados por la globalización injusta. Morena justo está en la batalla de ser un partido cercano a la diversidad de movimientos que lo llevaron a la presidencia o convertirse un partido-nomenklatura para terminar en la irrelevancia como al PRD. En suma, la importancia de los movimientos sociales es absolutamente vital: sin movimientos no hay cambio social posible.

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