Vacunas: responsabilidad, libertad y estupidez

Vacunas: responsabilidad, libertad y estupidez

La pandemia ocasionada por el covid-19 ha sido uno de los capítulos más tristes de nuestra historia actual. Sin duda, marcará a las generaciones vivas, no sólo por las irreparables pérdidas de vidas humanas, las consecuencias políticas, económicas, sociales y culturales, así como los impactos en el mediano y largo plazo. Sin embargo, en perspectiva histórica, nuestra experiencia se ha visto beneficiada por los avances en la ciencia, en todos sus ámbitos, la tecnología y particularmente el desarrollo en materia de comunicación. Se logró en tan sólo unos meses, un desarrollo inusitado de vacunas, en distintos países, con diversos mecanismos que activan las defensas, por diferentes equipos de expertos. Los esfuerzos encabezados por el personal médico y de salud, ha llegado al grado del sacrificio. Las gestiones y negociaciones, en búsqueda de vacunas, han ocupado a los líderes políticos en el mundo, durante los últimos meses, y la labor de las instituciones públicas, en cualquier espacio del orbe, se han volcado en distribuir y aplicar las vacunas conseguidas. Nos anteceden semanas de zozobra, dolor y miedo. La noticia de un contagio cerca, de algún familiar o ser querido en condiciones de agravarse, sentir cómo se cierra el círculo, sino es que, ya se vivió la incertidumbre del contagio, definirá la memoria de esos días en el devenir.

Por lo anterior, evadir la responsabilidad de vacunarse, me parece es un acto, no solo de falta de empatía, irresponsabilidad, sino de franca estupidez. Definamos al estúpido, en los términos del historiador Carlo Cipolla: “Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”. No nos referimos, a las personas, que son víctimas de las teorías de la conspiración o han caído en la evangelización de algún negacionista irredento, sino a éstos últimos, o a quiénes, su formación cultural, académica o experiencia misma, le permite un criterio lo suficientemente serio como para gozar de instrumentos de duda respecto a las tontas teorías que emiten los absurdos creadores o divulgadores de fake news. Hay que decirlo, con la responsabilidad que tiene la declaración: con los datos que tenemos, con la información con la que contamos, desistir de vacunarse, sin una razón objetivamente válida, es estúpido. Lo es porque atenta, no sólo contra sí misma, la persona que toma tal decisión, sino también contra el grupo de personas con los que convive, incluidos sus seres queridos y todos aquellos que, al azar, puedan, infortunadamente, ser víctimas de su estupidez.

Es por estos motivos, que medidas como las tomadas por Emmanuel Macron, presidente de Francia, en las que se exige al personal médico vacunarse, y a las personas en general, a portar un comprobante de haberse vacunado, para poder acceder a espacios públicos, me parecen adecuadas, por dos razones. La primera, porque es una política pública exitosa, basada en la teoría de los economistas Sustein y Thaler, del “pequeño empujón” o “nudges”, pues como lo reportaba The New York Times recientemente: “las medidas de Macron, anunciadas el 12 de julio como el único medio para evitar otro bloqueo francés, han provocado protestas y un aumento extraordinario de vacunas aplicadas, con 3,7 millones registrados en la primera semana después de que el presidente anunció las medidas, y un récord de casi 900.000 vacunas en un solo día el 19 de julio. En este sentido, su atrevida jugada ha sido un éxito”. Finalmente, porque creo en el ejercicio y goce de la libertad, que explicaré con la siguiente expresión: ser tan libre, como el respeto a la libertad de los demás lo permita. Va un ejemplo que vino a mi mente para ilustrar esta posición: este liberal cree que cada quien es libre de hacer con su vida, cuerpo y salud, lo que le venga en gana, siempre que no impacte o lastime la vida, cuerpo y salud de los demás. Yo creo, por ejemplo, que sí alguien quiere embriagarse hasta perder el sentido, y luego introducirse todas las drogas habidas, por haber y que tenga a su alcance, el Estado, no debiera impedírselo, sino apenas informarle de las fatales consecuencias que esto traerá consigo. Sin embargo, el Estado sí debe impedir que esa libre determinación, involucre un riesgo para los demás, por lo que, estaremos de acuerdo, en que a esta persona, no le permitiremos manejar un vehículo, ni asistir a lugares públicos en tal estado de descontrol mental, dado que en tal situación, no sólo se pone en peligro a sí misma (ya quedamos, que ponerse en tal situación, es un ejercicio en el que respetaremos su libertad de hacerlo), sino a los demás. Para mí es muy claro en cuanto a la decisión de vacunarse o no, es igual: usted no será estúpido si decide no vacunarse, por legítimas dudas que tenga al respecto de la vacuna, sus efectos y su efectividad e incluso por cuestiones médicas, si a la par, decide ausentarse de espacios públicos, apegarse estrictamente a todas las medidas anteriores de sana distancia, uso de cubrebocas y cuarentena. Pero si decide que no se vacunará por dudas risibles, simple desidia u otra que no imagino, y convivir, asistir a aglomeraciones o cualquiera otra situación, en la que no solo exponga su salud, sino la de los demás, perdóneme, pero yo creo, que ni es su libertad, que evidentemente no es responsable, y que es una franca estupidez.

@CarlosETorres_

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