El espíritu agonal olímpico y la importancia del deporte

El espíritu agonal olímpico y la importancia del deporte

Eran tan importantes los ritos olímpicos, que los griegos desde la antigüedad las usaban para medir el tiempo. Así como nosotros ponemos el nacimiento de Cristo para hacer el calendario, ellos usaban la primera olimpiada del 776 aC para ordenar su cronología. Así de importante era el asunto. Si recordamos, la Iliada describe los juegos fúnebres en que se hacían competencias de lanzamiento de jabalina, que mantenían en condición a los guerreros Aqueos con sus ‘broncíneas lanzas que atravesaban los cráneos troyanos’; el lanzamiento de plato y martillo, pugilato, carro de combate, y otras disciplinas que tenían que ver con la guerra. Dentro de los juegos fúnebres, se hacían las hecatombes: corderos puestos en brazas para (con el humo de la grasa) alimentar a los dioses. Durante esos juegos se hacían treguas de la guerra, como las ceremonias fúnebres después de la muerte de Patroclo, el favorito de Aquiles (de los pies ligeros). Pero también esos juegos mantenían la vida cotidiana de los jóvenes helenos, que debían practicar las disciplinas cumpliendo determinadas edades. La educación en ‘los agones’ (la confrontación), que luego fundó la democracia con los agones discursivos.

Pues bien, ahora vivimos el ‘espíritu olímpico’ con el inicio de los juegos en Japón. Ese espíritu consiste en la chispa agonal: el impulso a tomar retos, competir con otros o consigo mismo, luchar por objetivos y pensar en la victoria (que puede tomar diferentes formas). Y se extiende en los barrios con la organización de torneos, desde cáscaras hasta cuadrangulares o competencias formales. En estos días, conforme pasen los juegos y se vean las competencias, el entusiasmo ganará terreno.

Estas condiciones servirán para que se haga consciencia de la importancia del deporte: que se debe convertir no en una distracción, no un espectáculo, no un negocio, sino una forma de vida que educa el ánimo de cada persona. El deporte produce valores como la disciplina y la acción cooperativa. Gracias al deporte aprendemos que las cosas salen bien si hacemos esfuerzo y nos coordinamos bien para hacerlo. El equipo es la sustancia. Y eso se aplica en todos los aspectos de la vida: el trabajo, la escuela, el partido político, la ONG o la familia. Así como los juegos funerarios griegos eran un entrenamiento para la guerra, el deporte es un adiestramiento para la vida. Además, mejora la salud y el brillo de los días se respira hasta el fondo. Controla el estrés que edifica la paz. ¿Se imaginan a Aquiles obeso o a Odiseo en un sillón consumido por un televisor o Agamenón posponiendo para mañana las batallas? ¡En lo absoluto! Los griegos pretendían la inmortalidad (antes de pensar en el alma) a través de la doxa, de la opinión de los demás o el reconocimiento o, lo que se llamó, ‘la gloria’. El deporte mejora el reconocimiento y la autoestima de quien lo hace. Por todos lados, una sociedad que juega es una población feliz. Antes que homo-sapiens, somos homo-ludens: jugadores.

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