El complot mongol, de Rafael Bernal

El complot mongol, de Rafael Bernal

La Gualdra 486 / Libros

 

 

El complot mongol es la historia de Filiberto García, matón a sueldo contratado eventualmente por la policía judicial, a quien en plena guerra fría y tras el traumático magnicidio de John F. Kennedy en Dallas, se le comisiona para impedir el asesinato del presidente norteamericano en su visita a México, ayudado por un agente de la CIA y otro de la KGB, mientras se enamora de Marta Fong, una china-peruana ilegal, mesera en la calle de Dolores.

“Una visita de este tipo siempre implica una grave responsabilidad para el gobierno que ha invitado a un mandatario extranjero. Además debemos tener presente que, de haber un atentado nuestro presidente estaría también en peligro. Y algo más: la paz del mundo está en juego. No sería la primera guerra que empezara con el asesinato de un Jefe de Estado. Y tenemos también el antecedente de lo sucedido en Dallas. Por eso verá, señor García, que, aunque se trata tan solo de un rumor, no podemos dejar de atenderlo… No podemos arriesgarnos a nada. Y nos ha llegado un rumor muy grave”, aseguró el coronel.

La trama se desarrolla en las calles de la Ciudad de México a mediados del siglo XX, cuando los países que dominaban el ajedrez mundial eran Estados Unidos, la Unión Soviética, Cuba y China desde sus respectivas trincheras y sus propios problemas.

Filiberto García, Graves (CIA) y Laski (KGB) representan características políticas y sociales de sus respectivos países. García siente que hay una desigualdad en las formas de resolver los problemas y anticipa que ellos tienen otro tipo de percepción de la justicia. Es decir, cree que hay superioridad de la Unión Soviética y Estados Unidos sobre México.

Podría decirse que García no entra en la dinámica del espionaje vanguardista de métodos sofisticados de interrogación basados en la psicología o armas de uso espacial para identificar huellas dactilares, ni cámaras diminutas o lentes con rayos X, sino que hace las cosas en forma tradicional, toparse con el petate del muerto y con base en su experiencia, hallar el gato encerrado.

“A nosotros no nos enseñan todos esos primores. A nosotros solo nos enseñan a matar. Y tal vez ni eso. Nos contratan porque ya sabemos matar. No somos expertos sino aficionados”.

A diferencia de Graves y Laski que con la mano en la cintura darían la vida por su país, Filiberto por el contrario, desconfía tanto de sus jefes que antes de resolver el enigma se percibe que anticipa su complicidad.

La novela contiene tres figuras que representan la autoridad del Estado, el coronel, el general Miraflores y Rosendo del Valle, quienes son exponentes del viejo modelo de corrupción y pretenden tomar el poder asesinando al presidente de México. El coronel es el que menos participación tiene en el complot, sin embargo, juega un papel fundamental en la cadena de mandos, ya que él da las órdenes directas a García y además no está enterado del plan.

Filiberto se da cuenta que no existe ningún plan para asesinar al presidente de Estados Unidos por parte de los chinos. García resultó útil para disimular estos planes: es tan solo un matón que no piensa y además tiene buenos vínculos con la comunidad china en México. En otras palabras: es una tapadera. Al final García obliga al licenciado del Valle a matar a su colega; por último, Filiberto asesina al licenciado del Valle.

Vale la pena volver a releer a Rafael Bernal con gusto renovado. Hay una gran cantidad de lectores y escritores que han tenido por él más que la mera y simple curiosidad y desde hace más de tres décadas lo enarbolan como una de sus más queridas influencias.

 

 

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Rafael Bernal, El complot mongol, Segunda serie, Letras Mexicanas, No. 7, primera edición en Letras Mexicanas, México, 1985.

 

 

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