Un día sin política y travesía de Muhanad

Un día sin política y travesía de Muhanad

La política no es por fortuna el núcleo de lo humano. Es meramente como dice Rilke, la periferia de una esencia íntima, interior de cada persona, donde habita el valor, el espíritu inquieto, en ocasiones heroico, siempre en trance de búsqueda. Rilke, un poeta que pudo decir, “aún no sé si soy halcón o vendaval / o un grandioso canto”.

Y hoy menos que nunca es la política ese núcleo; es, en general, farsa, simulacro, humo, insolencia, ruido, fanatismo idólatra de masas y de iniciados tapando la realidad obesa con un dedo. Un día sin política, un alivio, una liberación. Por eso el espíritu nos apremia a que hablemos de la esencia de las personas, de sus angustias hechas arte como en Rilke, del espíritu invicto de los nuevos Ulises, de “multiforme ingenio” que bregan contra el olvido: los migrantes perseguidos, el tema universal de nuestro tiempo.

Tema ese de nuestro tiempo que convoca a la conciencia de personas comunes de buena voluntad para conjurar nacionalismos neuróticos y enfermos de racismo y mezquindad, y brindar hospitalidad a los forasteros recién llegados, quienes, según la aleccionadora tradición de Grecia antigua, son divinidades, como las representa el genio de Rubens en pintura memorable.

Ulises, el hombre que peregrina, el acabado retrato del “hombre pluridimensional” en búsqueda del retorno al hogar. Hay hoy en el mundo Ulises anónimos, héroes desconocidos como los miles de migrantes y refugiados de Sinjar, cuyas antiquísimas genealogías religiosas y culturales se remontan a los 2000 años antes de Cristo.

Migrantes esos de Sinjar que lograron escapar del genocidio perpetrado ahí por el Estado Islámico, en agosto del 2014. Hablaré luego de uno de ellos, uno de esos héroes que no se arredran y que fue soldado desde niño para defenderse. Sinjar, población situada en la gobernación de Nínive, al noroeste de Irak, con su monte Jebel Sinjar entre los ríos Tigris y Éufrates, en cuya cima según leyenda, se asentó al fin el Arca de Noé. Sin olvidar que el Éufrates era río del paraíso terrenal ya perdido.

Migrante joven hecho de coraje, Muhanad Hawn de lengua kurmanje y creyente en Dios, cuyo periplo, viaje largo, lo llevó a Alemania donde actualmente vive luego de surcados todos los escollos, y cuya historia fue narrada a una poeta que la compartió para que se palpe el pulso de otros mundos y se salga del parroquialismo crónico tan empobrecedor de la inteligencia mexicana.

La ciudad de Muhanad, Sinjar, después del asalto terrorista de 2014, yace ahora destruida, comenta él; ahí todas las personas perdieron su hogar, e innumerables la vida; las sobrevivientes habitan en pobres tiendas de campaña sin servicios básicos. En la población de nombre Kocho, del distrito de Sinjar, los yihadistas masacraron a todos los varones, 450, y esclavizaron a todas las mujeres, incluyendo a las niñas, para después venderlas y revenderlas. Dejó Muhanad su pueblo un 19 de agosto de un año triste de recordar. Dice él que, durante su éxodo con destino a Alemania, recibió hartos golpes físicos y morales, y tuvo sed y hambre y frío como antaño Odiseo.

Huyó Muhanad de la muerte junto con un grupo de amigos y paisanos, cincuenta, que planearon el itinerario a seguir. El primer destino, Turquía, a donde llegaron a pie. De ahí a Bulgaria: el camino fue de cuatro días caminando, pero al llegar, la policía los descubrió, les quitó todas sus pertenencias, los golpeó y los mandó de regreso a Turquía. Regresaron sin nada, sin comida ni agua. En Turquía una familia bondadosa les ayudó con ropa y comida.

Después de recuperarse con dicha familia turca, decidieron ir por mar de Turquía a Grecia -donde vieron a lo lejos Troya destruida-. De Grecia pasaron a Bulgaria, ahora con éxito. De Bulgaria caminaron a Serbia, cuya policía, dice, fue especialmente amable. En otros lugares agresivos, dormían en las montañas, escondidos durante el día y caminando parte de la noche. Después, Bosnia.

Tuvieron que permanecer un mes en Bosnia, pues intentaban infructuosamente cruzar la frontera hacia Croacia. Sin embargo, el grupo no quería quedarse en Bosnia, pues a finales de septiembre el clima estaba helado, con nieve en las montañas donde se escondían. Entonces regresaron a la Serbia hospitalaria, De ahí intentaron llegar a Rumanía, pero en su frontera sufrieron de violencia y humillaciones.

En esa situación el grupo estaba perdiendo ya la esperanza. La mitad se regresó a Irak, cansada y golpeada. Otra mitad parece que permaneció indefinidamente en Serbia -pues Muhanad no sabe qué fue de ella- porque no quería esa mitad regresar por nada y, además, no tenía ya fuerza, estaba, pues, exhausta.
Pero Muhanad, tres amigos, una joven de 25 años y una niña hermosa de 10, continuaron en su búsqueda de libertad, sentido y vida digna sin cejar en su intento. Consiguieron una barcaza de plástico que los llevó por mar a Rumanía, mar donde oyeron cantos de sirenas; después tomaron un taxi que los ayudó a cruzar la frontera por tierra, y esta vez lograron quedarse en tal país. Allí hicieron una pausa de una semana, durmieron en humildes tiendas de campaña.

De Rumanía a Hungría. En Hungría se iban de noche a los estacionamientos de tráileres para ver si encontraban alguno que fuera hasta Alemania. Lo lograron: llegaron en tráiler a la Alemania bienhechora los seis nuevos Ulises, entre ellos como dije, una niña, una linda niña de ojos risueños y claros. Su odisea había terminado.

En su diálogo con Muhanad, preguntó a la poeta si aún tenía él contacto con sus compañeros de largo viaje; le contestó, en su alemán, que sí, que todos habían logrado quedarse en Alemania, y que la mayoría estaba asilada en el estado de Baden Württemberg, donde está Tübingen. Él se fue a Tübingen porque su hermana ya vivía ahí. La mayoría de sus familiares viven en diferentes ciudades alemanas, otros están muertos, otros desaparecidos. Algún día tal vez retornará como Ulises, a su Ítaca donde las Penélopes del Éufrates tejen y destejen. ¡Qué victoria del espíritu, del heroísmo anónimo en un mundo filisteo de tenderos decadentes, pusilánime, racista e indiferente como norma!

Es alentador mencionar que en 2016, dos mujeres paisanas de Muhanad, supervivientes del cautiverio del Estado Islámico en el que fueron utilizadas como esclavas sexuales junto con otras jóvenes y niñas, ganaron, habiéndose escapado del terror, el premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, por decisión del Parlamento Europeo, para demostrar que su lucha en contra de la barbarie no había sido en vano. Es la lucha trágica de toda mujer libre y todo hombre libre.

La poeta y humanista mexicana Federica María González L. Ortiz escribió un poema en honor de Muhanad, de su nombre, de su coraje, de su historia. Lo conoció en Tübingen, donde ella cursa un doctorado en filosofía antigua. Aquí deslizo, con orgullo bueno, el poema:

“Puntiaguda espada de hierro indio/es tu nombre,/ Muhanad,/y tú eres esa espada filosa/de India su hierro/Y tu nombre es filoso/y tu espada/Y tú eres, en esa falsa India,/en la puntiaguda arena: /filoso desierto de Irak,/ el hierro de filo indio/ /Muhanad: tu nombre corta/con un filo sin nombre/voz oriental de acero/es tu grito/es tu silencio/lamento de niño exiliado/En ti se conjugan la lágrima y la risa/y las muertes:/son para ti sonrisas y lamentos conjugados/En ti no sufre la vida/ni en tu nombre de acero/Nombre, el tuyo,/que nombra lo tuyo/nombres damos/sin saber lo que nombramos/A ti sí supieron labrarte el nombre:/espada puntiaguda de hierro indio”.

Dedico este artículo con admiración a Muhanad, a la linda niña de 10 años que se sumó a la travesía, a la poeta y humanista, y a todos los migrantes y refugiados del mundo que anhelantes de comprensión, enfrentan una cruel realidad para encontrar en otras tierras lo perdido y soñar con el retorno en mil y una noches. ■

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