A quiet place: Part II, de John Krasinski

A quiet place: Part II, de John Krasinski

La Gualdra 484 / Cine

 

 

En el cine comercial moderno las ideas originales escasean. La mayoría de los grandes estudios apuestan por producciones de fórmulas preestablecidas y que les aseguran un éxito parcial con el público y en la taquilla. Esta falta de riesgo dentro de la industria fílmica ha dado como resultado un sinnúmero de producciones desangeladas y que terminan por desgastar las premisas que en algún momento fueron innovadoras.

Dentro de dicho panorama, son más que loables los esfuerzos de John Krasinski en A quiet place: Part II (2021), la continuación de su filme homónimo estrenado en 2018, y que resulta ser ese caso poco común de una segunda parte, producida por un estudio grande, que está a la altura de su predecesora.

La película retoma la premisa de la parte inicial, sobre un mundo que ha sido invadido por criaturas que padecen ceguera, pero que tienen oídos potentes que utilizan para cazar a cualquier ser vivo o persona que haga algún sonido, por mínimo que sea. El relato sigue a la familia Abbot, quienes hacen hasta lo imposible para seguir con vida, manteniendo el silencio en todo momento.

Krasinski prueba tener una técnica notable al momento de continuar con los elementos que hicieron tan memorables a su filme anterior, elevando la tensión y el suspenso insostenible, al mismo tiempo que profundiza en el dilema de sus protagonistas y expande el universo del que forman parte.

La cinta abre de lleno con una espectacular secuencia, que a manera de prólogo muestra cómo fue el primer día en el que invadieron las criaturas. La introducción está filmada con enorme habilidad técnica, con ingeniosos planos-secuencia y un diseño sonoro impresionante. Con dicha secuencia, el director establece el tono de su historia, cuya angustia perdurará durante toda la película.

La escena siguiente retoma los últimos instantes del filme anterior, donde la familia Abbot, conformada por Evelyn (Emily Blunt), junto a sus hijos Regan (Milicent Simmonds), Marcus (Noah Jupe) y su bebé recién nacido, han descubierto un medio para hacerle frente a las criaturas que tanto los aterrorizan, al mismo tiempo que buscan un nuevo lugar para vivir. En este viaje se encuentran con Emmett (Cillian Murphy), un viejo amigo, que al igual que ellos, también ha perdido a sus seres queridos.

A lo largo de la película, Krasinski confecciona una serie de intensas secuencias cuyo high concept gira en torno a los deseos de supervivencia de los protagonistas. Estas también se encuentran relacionadas con temores primarios como el miedo al encierro o a la falta de oxígeno y que, curiosamente, encuentran una clara relación con la paranoia del último año.

Tal y como su antecesora, por momentos la cinta recuerda a la novela The Road (2006) de Cormac McCarthy, sobre un mundo post-apocalíptico que está narrado en primera persona y donde el origen de la catástrofe no es revelado. Esta ambigüedad puede resultar frustrante para aquellos que busquen una resolución más elaborada en la trama, pero también deja en claro que el objetivo de Krasinski es sumergirse por completo en la experiencia humana y en las relaciones de sus personajes.

A quiet place: Part II es un relato de horror que de manera íntima se centra en los cimientos de la familia y su madurez emocional para explorar los instintos más viscerales del pánico. Se trata también de una secuela que, sin desgastar la fórmula, encuentra razones para existir dentro de su propio universo cinematográfico, al mismo tiempo que da entrada a una tercera parte donde, con suerte, se llegará al cierre definitivo de su historia.

 

 

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