La gestión política en una cámara plural, pero de redil

La gestión política en una cámara plural, pero de redil

El trabajo legislativo tiene al menos tres tareas esenciales: la aprobación del presupuesto del estado, la integración de nueva normatividad y la rendición de cuentas entre poderes. La mayoría de los presupuestos en los últimos años han sido inerciales, en mucho debido a las partidas dedicadas a pago de personal y el gasto de operación básico, que poco se puede mover, así, las partidas para hacer proyectos estatales son poco significativas. A menos que se encuentren formas para incrementar de manera sustancial los ingresos propios no tributarios. Pero cada gobierno tiene la forma de mover el recurso que sí puede disponer para sus prioridades. Por ejemplo, el gobierno que está por terminar decidió dar más del doble al DIF que la Secretaría de Desarrollo Social, cosa por demás extraña, pero era parte de una estrategia para mover dinero hacia las estrategias propias. O los recursos para el programa 2×1, después que Gobierno Federal decidió retirarse de ese programa y el estado decidió sostenerlo.

Pues bien, este tipo de movimientos en el presupuesto requiere de una clara mayoría. Y la mayoría no es sólo una negociación con otras fracciones, sino de los grupos diversos al interior de la fracción del partido o coalición gobernante. Porque el problema es que la fragmentación política no tiene como unidad de análisis los partidos o las fracciones parlamentarias, sino los grupos de interés al interior de los partidos. Lo que está claro es que el grupo directamente monrealista no alcanza mayoría, así que tiene varios escalones de negociación. Y al interior de ese grupo la dirigencia y la composición de la fracción no es miel sobre hojuelas. Con los priistas o los partidos pequeños dependerá de cómo enlacen la negociación parlamentaria con las gestiones sociales de los legisladores.

Así las cosas, la designación de la dupla de la Secretaría General de Gobierno y Finanzas será esencial para lograr la gobernabilidad en general y en especial en su relación con los asuntos de la legislatura. la pregunta es, ¿en torno a qué serán las diferencias? y, por tanto, ¿cuáles serán los temas de negociación? Si estuviéramos en una democracia con contenido, la respuesta fuera: los programas sociales de apoyo a los desempleados o los recortes fiscales a la inversión extranjera, o los apoyos a la economía social contra la empresa trasnacional, etc. Pero no es así, en realidad no sabemos cuáles serán los puntos de controversia o negociación para los temas presupuestales, porque no hay horizontes programáticos en los partidos que componen la legislatura. Dependen de lo que sus jefes políticos les digan en el momento. No podemos resaltar algún candidato que tuviera proyecto legislativo propio o notorio. La mayoría son diputados de redil, por ello la actividad sustantiva de la Cámara dependerá en mucho de la negociación externa (a la cámara).

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