Editorial Gualdreño 481

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El mes de febrero pasado decía en este mismo espacio que el poco interés por la cultura y las artes que manifiesta la mayoría de nuestros políticos es de todos conocido, pero que en plena época electoral se hacía más que evidente. No me equivoqué. El próximo domingo 6 de junio se votará para elegir a quien será titular del ejecutivo, y a quienes serán nuestros diputados y presidentes municipales. Después de semanas y semanas de campaña, el balance en cuanto a los discursos es el imaginado hace meses, cuando la contienda electoral comenzaba: hubo muy pocas menciones a lo relacionado con el ámbito de la cultura y cuando esto sucedió, nos quedamos con la impresión de que no se decía nada nuevo -y mire que estuvimos dando seguimiento a los discursos de la mayoría de los candidatos-.

Resulta preocupante, sí, pero no sorpresivo; desafortunadamente estos temas parecen interesarnos solo a quienes de alguna manera u otra estamos involucrados por ser espectadores, consumidores, investigadores, gestores o creadores. Sin embargo, como que a una gran parte de la población no le queda claro del todo que la existencia o no de las actividades culturales, de difusión, promoción y formación artística afectan a toda la población y no solo a unos cuantos.

Los candidatos, todos, cumplieron con hablar esporádicamente de lo que planean hacer en caso de que resulten ganadores, como si de una cuota de buenas intenciones se tratara; me imagino a los equipos de campaña diciendo algo así como “Que no se nos olvide hablar de cultura, ya ven que hay un sector que suele hacerse muy visible cuando sus necesidades no son escuchadas. Hay que atenderlos, organizar encuentros y difundir lo acordado con ellos como un compromiso de campaña; apapachémoslos”. Lo mismo de siempre, ¿no? En este momento vienen a mi mente por lo menos las últimas 3 campañas a la gubernatura y no veo gran diferencia en cuanto a los métodos, mensajes y formas de operación. En donde sí hay grandes diferencias es en los últimos tres titulares del Instituto Zacatecano de Cultura; de eso no hay duda y cada quien deberá sacar sus conclusiones.

En lo que también hay una gran diferencia es en los modos de operación de los artistas y los colectivos que -en algunas ocasiones- han conformado los últimos tres sexenios. Quienes sí se han adaptado a los cambios son ellos, porque no quedaba de otra; tuvieron que aprender a organizarse de manera distinta, a trabajar de manera colaborativa, a entender que los apoyos gubernamentales además de inciertos son agotables y cada vez son menos. Los sistemáticos recortes presupuestales han obligado a algunos de los integrantes de este sector a capacitarse en la elaboración de proyectos, a idear nuevas formas de establecer contacto con los nuevos -y no tan nuevos- públicos, con los funcionarios y con los destinatarios potenciales de todo lo que hacen. Quienes más interés le han puesto a la capacitación para enfrentar esta nueva realidad son quienes menos se vieron, por ejemplo, en las publicaciones de las campañas; se dedicaron a hacer lo que saben hacer y se enfocaron en aprender más porque son conscientes de que, gane quien gane, seguirán luchando para vivir dignamente de su trabajo.

Me preguntaron muchas veces durante esta temporada cuál consideraba que era la mejor opción. La respuesta fue la misma: independientemente de quién gane y de quién sea el nuevo titular de cultura en nuestro Estado, quienes nos dedicamos a esto seguiremos haciéndolo con la misma dedicación que lo hemos hecho hasta ahora. Tal vez sea tiempo de volver la mirada no a los titulares, sino a los que hacen fuerte este sector: a los artistas. La mejor opción es que se logren articular esfuerzos para trabajar juntos a favor de la mejora de sus condiciones laborales, de su profesionalización e independencia. La relación con las instituciones dependerá del diálogo y el sentido colaborativo que pueda establecerse entre los involucrados y yo confío en que esta relación será buena y saludable por el bien de Zacatecas. Por lo pronto, salgamos a votar el próximo 6 de junio, con la confianza de que nuestro voto cuenta y que la decisión de la mayoría será respetada.

Que disfrute su lectura.

 

 

 

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