El movimiento cultural mexicano: años veinte a cuarenta [Tercera parte]

El movimiento cultural mexicano: años veinte a cuarenta [Tercera parte]

La Gualdra 480 / Libros / Op. Cit.

 

 

Novelística

Imposible soslayar la riqueza novelística que legó la Revolución Mexicana. Desde 1916 y hasta entrados los años cuarenta, la literatura mexicana se benefició con títulos que han trascendido los tiempos y conforman buena parte del canon más general.

Un rápido recorrido por los títulos y sus fechas de publicación incluye Los de abajo (1916), de Mariano Azuela; La sombra del caudillo (1929), de Martín Luis Guzmán; Ulises criollo (1935), de José Vasconcelos; Frontera junto al mar (1953), de José Mancisidor; Se llevaron el cañón para Bachimba (1931), de Rafael F. Muñoz; y El resplandor (1937), de Mauricio Magdaleno.

Sin embargo, en Bibliografía literaria de la Revolución Mexicana, Fernando Tola de Habich registra cerca de mil títulos y ficha más de 500 relacionados “directamente” con el acontecimiento histórico.

Al prolongar el entendimiento de “novela de la Revolución Mexicana”,[i] Tola de Habich (apoyado en Ernest Moore) establece tres etapas de la novelística: “novelas que copian la vida de los soldados estoicos, de los indios libertados por la guerra, de las ciudades trastornadas por la bola que todo lo barre, que todo lo limpia, de los vínculos porfiristas”; “novelas ordenadas”; y “las del novelista intérprete”.[ii]

Multiplicidad de estampas que no deja de reproducirse, la narrativa revolucionaria “revela todo lo que somos en un grave momento histórico, cuando hay que dar de sí todo lo que encierra el hombre —escribe Castro Leal—. En ellas aparece la vida de México de las ciudades, la provincia y el campo; se muestra el pueblo mexicano en todos sus aspectos: devoción y apostolado, energía y heroísmo, crueldad y conmiseración, ira y violencia, anhelos y decepciones, arrebatos y cobardías, miedo y desastre, oprobio y muerte. Pero de todo lo vivido por el pueblo mexicano en aquellos duros años de prueba, violencia y redención, creo que queda un saldo favorable: la vida nueva que fuimos capaces de conquistar en la Revolución”.[iii]

También apoyada en el género novelístico, otra narrativa de largo aliento irrumpiría en la literatura mexicana: la cristera, con José Guadalupe de Anda (1880-1950) y Los cristeros (1937), sin soslayar, claro está, a Jesús Goytortúa Santos (Pensativa), Antonio Estrada (Rescoldo) y Fernando Robles (La virgen de los cristeros).[iv] Como también, y paulatinamente, la incorporación de grandes escritores y grandes obras, en muchas ocasiones vinculados a los movimientos populares y de izquierda: Ermilo Abreu Gómez, Juan de la Cabada, Ramón Rubín, José Revueltas, Rubén Salazar Mallén…

Un primer rompimiento con esta tradición, quizás el más significativo, se daría con la publicación de Los muros de agua (1941), del escritor y militante del Partido Comunista Mexicano, y perteneciente a una de las familias más deslumbrantes de todos los tiempos mexicanos, José Revueltas, autoconsiderada como una “novela realista”.

Los muros de agua cuenta la historia de un grupo de jóvenes comunistas que son trasladados a las Islas Marías. La experiencia militante y carcelaria sería explotada por el escritor duranguense en sus siguientes obras, específicamente en Los errores, que data de 1964, y que como otras de sus creaciones le trajo conflictos personales y con las dirigencias comunistas de esos años.

“Lo importante de esta primera novela de Revueltas —escribe uno de sus más acuciosos biógrafos— es que fue el anuncio de los asuntos que le importaban: indagar profundizar en la debilidad del ser humano, en sus momentos límite. Para eso escogió comunistas, la cárcel, enfermos mentales, desviados sociales y moralmente, gente del subsuelo que a él lo apasionaba, seres para alimentar su mundo narrativo y literario, y su vida misma”.[v]

* Periodista y promotor cultural. Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, donde estudió Ciencias Políticas y Administración Pública. Colabora en Milenio y otros medios nacionales. Fue miembro del Partido Comunista Mexicano desde 1978 y hasta su disolución. Ver primera y segunda parte de este artículo en: https://ljz.mx/2021/05/10/el-movimiento-cultural-mexicano-anos-veinte-a-cuarenta-primer-parte/ y https://ljz.mx/2021/05/18/el-movimiento-cultural-mexicano-anos-veinte-a-cuarenta-segunda-parte/

[i] De acuerdo a Antonio Castro Leal, artífice de los célebres dos tomos de La Novela de la Revolución Mexicana, publicados en primera ocasión en 1960 por la editorial Aguilar, por esta se entiende “el conjunto de obras narrativas, de una extensión mayor que el simple cuento largo, inspiradas en las acciones militares y populares, así como en los cambios políticos y sociales que trajeron consigo los diversos movimientos (pacíficos y violentos) de la Revolución, que principia con la rebelión maderista el 20 de noviembre de 1910, y cuya etapa militar puede considerarse que termina con la caída y muerte de Venustiano Carranza, el 21 de mayo de 1920”.

[ii] Fernando Tola de Habich, Bibliografía literaria de la Revolución Mexicana, Factoría Ediciones, México, 2013, p. XV.

[iii] Antonio Castro Leal, Op. cit., p. 29.

[iv] “La novela cristera padece un curioso destino. Como literatura de fe nunca deja de atreverse a sospechar de la inutilidad de su cruzada. La denuncia de la barbarie de De Anda y (Fernando) Robles se transforma en el manicomio místico de Goytortúa y en la búsqueda que del padre perdido emprende Antonio Estrada. La marioneta cristera, sujeto de una historia violentamente disuelta, encarna la sangre sin llegar a la leyenda, pasando por la novela, atisbando la crítica al morir. Pero no podemos olvidar que de ese universo trágico e inútil tomaría Juan Rulfo parte sustancia de su inspiración”: Christopher Domínguez Michael, Antología de la Narrativa Mexicana del Siglo XX, I y II, FCE, México, 1989, p. 53.

[v] Álvaro Ruiz Abreu, José Revueltas: Los muros de la utopía, Cal y Arena, México, 1992, p. 152.

 

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