La triada de poder del entramado de la corrupción: empresas, medios y círculos políticos

La triada de poder del entramado de la corrupción: empresas, medios y círculos políticos

Los problemas de corrupción surgen justo cuando los intereses individuales se confunden con los intereses públicos o generales. Los mejores teóricos de la corrupción afirman que, en realidad, esta práctica se debe a relaciones de poder. ¿Y qué relaciones de poder generan el aprovechamiento privado de bienes públicos? La capacidad para movilizar decisiones de gobierno a favor de ciertos particulares se da en los puestos de gobierno, la pertenencia a grupos de interés, a redes o círculos que definen candidaturas y a estructuras de empresarios que pagan favores o financian campañas.

Los personajes que son parte de las redes son de muchos tipos: dirigentes políticos que quieren escalar alto en los peldaños del mando del Estado, administradores que quieren conservar sus puestos de privilegio, empresarios que ven en los gobiernos la fuente de sus rentas y los polizones (free riders) que se montan en esas redes para sacar provechos de oportunidad. ¿Qué ocurre con los medios de comunicación? Las empresas de la comunicación no dan para hacerse rico, si acaso para salir con el mandado del mes de un puñado de comunicadores y la medianía de sus dueños. Entonces, ¿Por qué se invierten cantidades significativas en ellos? Porque son un instrumento que aceita toda la maquinaria del poder. Entonces, las empresas de comunicación generan recursos indirectos en la relación de grupos de interés y las rentas públicas.

Pue bien, se han conformado un entramado de empresas económicas que venden sus servicios a los gobiernos, los círculos que controlan los puestos en dichos gobiernos y las candidaturas en los partidos, y la función que juegan los medios de comunicación con dueños interesados. Por ejemplo, en el sexenio pasado se hizo un entramado del grupo del Estado de México, empresarios de los energéticos y constructores, y televisa. En este sexenio se posicionó tv Azteca con ciertos grupos dentro del gobierno y otros empresarios. En las escalas más locales pasa lo mismo, pero en magnitudes menores. El elemento que vino a desequilibrar estos esquemas fue el internet. Las posibilidades de la red global, desmoronó en mucho el poder de las televisoras en estos juegos. Pero en lo local, las radiodifusoras y los portales de periódicos poderosos siguen teniendo un peso enorme. En estos últimos la Internet se convirtió en una prolongación de sí.

Este es el contexto, se dan las relaciones de poder que sostienen las múltiples prácticas de la corrupción. Y pues hemos visto que la base o infraestructura de la corrupción ha cambiado en algunos casos de actores, pero las estructuras están más vivas que nunca. No por menos es que los cuatro índices para medir la corrupción, a saber: (1) el índice de las capacidades para combatir la corrupción, (2) el índice de percepción, (3) el índice del Estado de Derecho, y (4) la Encuesta nacional de impacto gubernamental; no han cambiado sus números. En otras palabras: el caso de Enrique Laviada deja a la luz pública la duda de si los grupos de poder de esta nueva hegemonía se han reinstalado en los mismos entramados, pero ahora con David Monreal. No nos extrañemos después que sigan saliendo los mismos resultados con los mismos gobernando, pero con un color diferente.

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