Rafael Coronel (1931-2019)

Rafael Coronel (1931-2019)
Segundo aniversario luctuoso de Rafael Coronel. Collage de Enrique Martínez.

Editorial Gualdreño 478

 

Rafael Coronel Arroyo nació el 24 de octubre de 1931 en el número 109 de la calle Allende, en el centro histórico de Zacatecas -ahí se encuentra una placa que da cuenta de eso- y falleció el 7 de mayo de 2019 en la Ciudad de México. El pasado viernes se cumplieron dos años de su muerte; este 2021 hubiera cumplido 90 años y eso hubiera sido motivo de gran dicha: su cumpleaños habríase empatado además con las celebraciones de los 100 años de Pedro Coronel, con el centenario del fallecimiento de Ramón López Velarde y de la publicación de “La Suave Patria”, pero el destino quiso que no fuera así; hoy, sin embargo, lo recordamos como uno de los más grandes artistas que ha dado Zacatecas y que desafortunadamente no se encuentra más con nosotros.

Rafael Coronel, como su hermano Pedro, tomó la determinación de dedicarse al arte; vivió en Zacatecas casi 20 años y de aquí partió a la Ciudad de México con la idea de cumplir primero con el deseo de su padre -quien quería que hiciera una carrera profesional diferente- para después dedicarse a la pintura, pero su vocación pudo más que cualquier promesa hecha en el seno familiar. Esa inquietud por el arte no se dio de manera fortuita, su infancia estuvo influenciada por el recuerdo de su abuelo y de lo que este había pintado en algunos recintos religiosos; el hecho de que su hermano Pedro hubiera viajado a la CDMX en 1939 para estudiar artes plásticas también fue determinante en la decisión de salir de Zacatecas para dedicarse a ser artista de tiempo completo. Rafael, como su hermano, tuvo la fortuna de llegar a la capital del país y encontrarse con un ambiente artístico e intelectual en boga en el que fueron bien recibidos y reconocidos, casi de inmediato, como jóvenes creadores con muchas posibilidades de destacar en la escena de las artes plásticas mexicanas. Y así fue.

En 1950, Rafael Coronel decía, justo antes de partir a la Ciudad de México, que “Las artes plásticas deben de ir siempre en línea paralela con el progreso actual. Deben estudiarse nuevas técnicas, combatir nuevas formas ya sean concretas o abstractas, significativas, relacionarlas con nuestras emociones […] con la vida social actual”,[i] ese fue un interés constante en la producción de este artista zacatecano, quien logró conformar una colección impresionante de arte popular que hoy podemos apreciar en el museo que lleva su nombre.

A propósito de museos, Coronel compartió en algunos momentos su deseo de que en su estado hubiera más espacios museísticos, no solo en la capital, sino en otros municipios del Zacatecas; incluso se llegó a rumorar hace algunos años que él deseaba que en Sombrerete se fundara un nuevo museo en el que pudiera exhibirse parte de su colección y su obra, pero eso como muchos otros planes, quedó trunco al acontecer su fallecimiento.

En un mero ejercicio ucrónico, imagino ahora lo que hubiera sido si ese deseo hubiese sido concretado: esa ciudad maravillosa, hoy pueblo mágico, tendría la fortuna de exhibir en alguno de sus bellos edificios obras de Rafael Coronel y muchos de los objetos que fue coleccionando a lo largo de su vida. Los sombreretenses hubieran sido los principales beneficiados, no solo por la posibilidad que tendrían de acudir con frecuencia a un museo de estas características, sino por las implicaciones de progreso económico que eso hubiera detonado; pero como siempre, la falta de recursos económicos fue -supongo- la razón principal por la que ese plan no se llevó a cabo.

A dos años de su muerte, seguimos reconociendo la generosidad de Rafael Coronel quien -como otros artistas zacatecanos- tuvo que migrar, pero nunca se fue del todo de Zacatecas; en esta ciudad tenemos el tesoro más grande que nos pudo haber dejado: su museo, su ejemplo de tenacidad, reflexión crítica y amor por su tierra. Su huella indeleble en el arte mexicano es más que evidente, y la que dejó en esta ciudad nos hará recordarlo por siempre.

Que disfrute su lectura.

 

 

 

 

[i] Ver mi libro Una bizarra melancolía. La Tradición plástica en Zacatecas, Secretaría de Cultura- Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde, Ed. Texere, 2020, pp. 102-120.

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