El debate sin debate

El debate sin debate

El debate clásico se puede entender como una contienda de dos puntos de vista argumentados: “afirmativo” y “negativo” sobre un tema polémico. El equipo afirmativo ofrece argumentos en apoyo a las propuestas, y una postura negativa discute contra ellas. Se espera que ambos equipos respondan el uno al otro los argumentos, dando lugar a un intercambio de ideas a partir de la investigación neutral, que cada grupo hizo antes del debate.

En el primer debate organizado por el IEEZ entre los candidatos a la gubernatura de Zacatecas fue notoria la presencia limitada de argumentos que tuvieran los nueve candidatos. Tal parece que, en general, los candidatos desestiman la complejidad de los problemas públicos y los retos para su solución.

El supuesto debate se caracterizó por un formato acartonado que reducía la interacción entre los contendientes. La conclusión es que, si bien no hubo información nueva sobre las propuestas de los candidatos, el formato del debate daba lugar a monólogos o repeticiones de frases de campaña y limitaba la discusión entre los candidatos.

Peor aún, no otorgaba la posibilidad que los supuestos debatientes preguntaran, respondieran y replantearan como ocurre en debates reales, y los fuerza tomar posición lejos de la visión de los planes de trabajo. A raíz de eso no hubo nueva información para los votantes, aunque tuvo la virtud de obligar a quienes lo miraban a escuchar a todos los candidatos en lugar de cerrarse solamente a los mensajes del candidato que reflejan sus grupos de pertenencia.

Por espacio de casi 180 minutos, los nueve candidatos a la gubernatura de Zacatecas debatieron de cara a la elección del 6 de junio, en donde los abanderados de Morena, PT, PVEM y Nueva Alianza, David Monreal, y de la coalición PRI, PAN y PRD, Claudia Anaya, captaron la atención debido a que se acusaron mutuamente de actos de corrupción.

Las seis mujeres y tres hombres, entre ellas, una candidata transgénero, abordaron los temas de seguridad pública, educación, igualdad e inclusión, salud, combate a la pobreza, transparencia y combate a la corrupción, agua y medio ambiente, así como campo y desarrollo agropecuario.

Sin embargo, con preguntas sabidas (salvo los ataques lanzados por una y otro), llamó la atención que las participaciones de los candidatos se registraron leyendo documentos que tenían en carpetas, dejando de lado las respuestas frescas y se centraron en respuestas previamente diseñadas por otros, lo cual, por momentos, podría uno pensar en que no necesariamente podrían saber lo escrito en las respuestas leídas.

Se acusaron uno a la otra y al revés, pero no debatieron. Eran 9 que fueron a decir sus mensajes publicitarios al aire y hacer uso de la proyección y la atención que generalmente no tienen. Pero entre tantos, la atención se diluye, igual que las propuestas. Mensajes, argumentos, y sólo vimos loa anuncios todos en fila, donde uno tras otro se lanzaba hasta el hartazgo.

Pareciera que el “debate” fue diseñado para evitar a toda costa el conflicto, y la confrontación de ideas, pues cuando alguien hacía una pregunta o acusación directa, el aludido o aludida podía evitarla o adjetivarla y luego, se diluía el impacto mientras hablaban los otros 8 participantes.

Queda clara que estos diseños de debate huyen a la esencia misma de la política, pues ésta es la confrontación. La política nace del conflicto y su resolución y no necesariamente los conflictos se resuelven de formas bonitas. La contrastación de ideas y realidades muchas veces significan el choque de trenes, pero la idea moderna es negar el conflicto y todo debe ser limpio y correcto.

Lo anterior no significa la falta de respeto o la violencia, significa que las realidades de unos han dañado la de otros, que unos sumieron a Zacatecas en la pobreza y no se les puede exigir explicaciones o respuestas de formas sutiles y tersas, tenemos sed de que la realidad sea puesta en la mesa para dejar de lado la retórica vacía de slogan publicitario.

Es tiempo de alzar la voz y mostrar a todos y todas en su justa dimensión y hacer de la confrontación de ideas y de realidades una herramienta para la toma de decisiones, tenemos que abandonar la corrección de palabras y el miedo a la resolución del conflicto, por una actitud de búsqueda de respuestas y propuestas reales que asuman su peso en la cotidianeidad de los zacatecanos y, no en la propaganda y el lenguaje mediático. ■

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