Reflexiones en el Día de la Niña y del Niño

Reflexiones en el  Día de la Niña y del Niño

Con toda responsabilidad me dirijo a ustedes en este próximo Día del Niño y la Niña. Desde las generaciones pasadas los seres humanos les hemos fallado ya que bajo el manto de la simulación, se pretendió trabajar por su futuro que se convirtió en un presente incierto; las relaciones económicas y la indiferencia a problemas tan graves como la pobreza, condenan a muchos niños y niñas que como tú, dejan a un lado sus fantasías, sus juegos, sus ilusiones a cambio de un trabajo en donde son explotados, violentados y olvidados. Desafortunadamente, el abuso a los infantes es tan común en cualquier estrato social y ante cualquier círculo como la iglesia, la escuela y la misma familia; el comercio sexual con niños nos lástima enormemente y nos avergüenza en el más íntimo valor humano. Sin duda la pandemia que vivimos ha elevado aún más tantos agravios contra ustedes. Hay cosas que los lastiman y que no debieran existir, pero la maldad es una constante en todos lados, por ello, deben estar alerta y hacer caso a su instinto de supervivencia. He citado a la familia y este núcleo tan importante se encuentra a la baja ante el cúmulo de divorcios que se encuentran al alta sin importar su impotencia al ser utilizados por tu madre o por tu padre como la más mortal de las armas contra el otro sin importarles el impacto psicológico y moral que les acompañarán toda su vida. Tampoco hemos cumplido los adultos con el compromiso de edificar una sociedad más justa, peor aún, pese a la riqueza natural de los países, cada día unos pocos se enriquecen con la desgracia de otros; de esta forma, mientras existen pocos ricos existen millones de pobres, desempleados, marginados y ante todo esto, muchas familias se desintegran pues el padre o la madre, debe emigrar en busca de oportunidades que se ofertan a través de espejismos en otros lugares ficticios. Muchas son dejados a su suerte en travesías transfronterizas en los que enfrentan más que nunca, numerosos eventos violentos y atentados contra su persona hasta llegar a las nefastas jaulas que los gringos usan para confinarlos como si fueran animales. La desigualdad y las estrategias fallidas han generado calles violentas en las que ya no podrán salir a jugar como lo hacíamos en el pasado, en donde incluso, las noches eran especialmente adecuadas para jugar al bote y los encantados, ahora el predominio de los juegos electrónicos los embrutecen hasta abstraerlos de la realidad. El ambiente también se está colapsado pues en aras del progreso, las generaciones pasadas han hecho del aire, el agua y el suelo una contaminación generalizada provocando el peor desequilibrio ambiental de que se tenga cuenta en la época moderna: el cambio climático. Nuevas enfermedades y virus como el COVID-19 tendrán que enfrentar a lo largo de su vida, pues ahora algunos laboratorios que investigan la cura a las enfermedades han encontrado mecanismos científicos de lucrar con el dolor infantil. La democracia requiere una nueva dimensión pues en su traducción exacta (el poder del pueblo) no ha contribuido a la solución de los grandes problemas de la nación por lo que seguramente, de seguir igual, esta institución seguirá haciendo ricos a los partidos políticos y a las familias y personajes encumbrados que viven de la oferta de promesas al más puro estilo maquiavelista. La justicia y el derecho se encuentran en crisis ya que las más de 302 disposiciones jurídicas en el ámbito federal no responden cabalmente a las demandas ciudadanas, de esta forma existen anticonstitucionalmente violaciones a los derechos humanos de las niñas y niños pues no hay condiciones para garantizar el derecho a la alimentación, al agua, al ambiente, a una educación que armonice el desarrollo de ustedes los infantes. En el ámbito de la política se acabaron los líderes natos, ahora existe la mercadotecnia electoral que fabrica candidatos atractivos al electorado, las propuestas y los compromisos no son relevantes, por ello, las cosas siguen igual, cada vez más pobres y, por el contrario, cada vez menos ricos. Este día del niño y la niña, quiero pedirles perdón por el mundo tan violento que les hemos construido, estoy convencido de que la corrupción en el ejercicio de los recursos públicos y la indiferencia de los tomadores de decisiones han contribuido en mucho a la lamentable situación en la que se encuentran inmersos, sin embargo, siempre queda la esperanza de que las cosas vayan mejor y en este entendido trabajan mujeres y hombres que le apuestan al cambio y a la generación de mejores condiciones de vida para ustedes. Así sea. ■

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