Adiós, Rogelio. Recuerdos del rector Rogelio Cárdenas Hernández, 2000-2004

Adiós, Rogelio. Recuerdos del rector Rogelio Cárdenas Hernández, 2000-2004

Es difícil en estos momentos, cuando hace apenas unas cuantas horas se ha ido de este mundo un querido amigo y un jefe inolvidable, poder hacer un recuerdo exacto sobre su trayectoria, sobre todo cuando ha sido tan rica en experiencias y logros. Por lo pronto, les transmito una pequeña semblanza relatada en su propia voz aparte.

Mi personaje preferido de la historia es Albert Einstein y mi libro preferido es Cien años de soledad. Ser el padre de mis hijos ha sido de los mejores momentos de mi vida. Lo que se hace mejor es escuchar a la gente. A mí me gustaría ser un águila para volar muy alto, aunque todos me ven como un delfín porque siempre ando feliz y veloz. Pero en realidad soy un lince. Mi desarrollo profesional lo realicé en la hermosa carrera de la docencia en la preparatoria, a partir de la cual desempeñé varias actividades en el ámbito de la administración universitaria: como secretario general del Spauaz y director de Recursos Humanos de la Rectoría, donde tuve la oportunidad de servir a la comunidad universitaria y hacer cosas que me dieron mucha satisfacción.

Mi relación con Rogelio Cárdenas Hernández empezó en el año de 1972, cuando ingresé a la escuela de Ciencias Químicas. Él cursaba el tercer año de la carrera de Ingeniería Química y era el presidente de la Sociedad de Alumnos. Ese año se organizó un congreso nacional de química inorgánica, donde la Sociedad de Alumnos participó en la organización de varios eventos, entre ellos un festival taurino, donde se lidiaron vaquillas bravas por todos los congresistas. Esa parte me tocó organizarla a mí que participaba del ambiente taurino. Ayudé también en la organización de un baile estudiantil y en la organización de un viaje de estudiantes a playas de Colima.

Recuerdo que se juntaba con una bolita de estudiantes; recuerdo a La Chinche, El Chirf, a Chano, a Vital, a Toni Ramos y a otros que, de momento, no recuerdo, pero también recuerdo que se juntaba con las de Torreón, así se les conocía en el ámbito de Ciencias Químicas. Ésa fue nuestra relación en nuestra época de estudiantes.

En el año 2000, resultó electo rector de la Universidad Autónoma de Zacatecas, y el día de su toma de posesión me invitó a formar parte de su equipo como su secretario particular. Eso fue en el vestíbulo del teatro Calderón. Yo le comenté que necesitábamos hablar sobre eso, a lo que me contestó, después lo hablamos, por lo pronto, consíguete una agenda. Todavía estoy esperando a que lo hablemos.

Ya en uno de los primeros días que comentamos las cosas, me preguntó, qué vamos a hacer, y yo le di la respuesta de Salinas de Gortari, vamos a hacer política, mucha política, pero mucha política.

Más adelante, le pregunté, ¿en verdad qué quiere hacer usted, señor rector? Son muchos los puntos que hay que atender en esta universidad y yo creo que, estratégicamente, deben escogerse unos tres puntos en los que se enfoque el quehacer de la administración.

Dijo, éstos son nuestros puntos: 1. Concluir los resultados del foro de reforma y trasladarlos al quehacer universitario; 2. Regularizar la plantilla de profesores de acuerdo al gasto presupuestal; 3. Terminar con el adeudo al Issste.

A partir de ese momento, ésos fueron los puntos que entraron como guías del quehacer de la administración universitaria. Esto que se dice fácil de hacer requirió de muchos esfuerzos para poderlo implementar.

Lo primero que se hizo fue efectivamente platicar con todos los actores no sólo universitarios si no de la vida política de la sociedad zacatecana.

Se habló, primeramente, con los líderes de los partidos políticos del estado de Zacatecas, comunicándoles qué es la Universidad Autónoma de Zacatecas. Nunca más sería ariete político. A cambio de ello, solicitaba su apoyo para la gestión de recursos ante el Gobierno estatal y el Gobierno federal.

Enseguida, se habló con los diputados de la Legislatura local de aquel tiempo, para que participaran en la estrategia.
Aceptaron participar con los diputados que se requirieran para cualquier comisión y, aparte, pusieron recursos para los traslados a la Ciudad de México.

Una vez hecho esto, se le comunicó al señor gobernador, en ese entonces Ricardo Monreal, y se le solicitó que reuniera en la Ciudad de México a los legisladores federales, tanto diputados como senadores.

Se llegó el día de la reunión y los legisladores federales pidieron en ella los índices de desempeño administrativo y educativo de la institución.

A partir de ahí, entramos en el mundo de los tecnocracia, todo el manejo representado por indicadores de productividad y desempeño, lo cual fue favorable, pues nos permitía compararnos con otras instituciones del país del mismo tamaño del nuestro.

Con las autoridades federales, se presentó Rogelio Cárdenas a principios de octubre del año 2000, indicándole las autoridades que ya poco había que hacer, pues en diciembre había cambio de administración a nivel presidencial, que ellas ya tenían cerradas las fuentes de recursos y ya venía la nueva administración que era de partido diferente y no sabía qué era lo que venía.

Mientras la Rectoría estableció vínculos con los demás actores de la vida universitaria (ANUIES, Conacyt, etcétera), en lo local se establecieron relaciones con el Obispado zacatecano para solicitar su apoyo.

También por primera vez, una institución acudió a la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados para solicitar un aumento presupuestal.

Durante este tiempo, Rogelio Cárdenas asistió a una reunión de rectores en la Universidad Autónoma de Coahuila, así como a la reunión de la ANUIES en la Universidad Autónoma de Nuevo León, donde conoció a los dirigentes de la ANUIES y a los dirigentes de la Autónoma de Nuevo León.

Al tomar posesión como presidente Vicente Fox, quedó como secretario de Educación el doctor Alfonso Reyes Tamés, quien era rector de la Autónoma de Nuevo León; como secretario de Educación Superior, el doctor Julio Rubio, quien era el presidente de la ANUIES, y como oficial mayor de la SEP, el doctor Fausto Siller, rector de la Autónoma de Coahuila, todos ellos ya conocidos por Rogelio.

La solución para varios de los problemas fue la siguiente: La UAZ debía presentar un proyecto académico, que fue el que resultó del foro de reforma. Se deberían presentar proyectos resultados de ejercicios de PLANEACIÓN participativa y democrática, donde todos los funcionarios y todos los profesores deberían participar.

La SEP pidió una reforma administrativa, para lo cual se presentó la organización por áreas, donde debería estar toda la reorganización administrativa de la universidad y donde debería haber considerables ahorros, modernización de procedimientos y actualización de los indicadores de productividad y rendimiento.

En lo de la deuda del Issste, la posición del Gobierno federal fue la siguiente: el Gobierno federal no puede tocar el dinero del Issste, ya que es el patrimonio para la jubilación de los trabajadores.

La SEP tiene dinero para construir edificios nuevos. Por cada edificio nuevo, la UAZ debe aportar edificios viejos que tengan el valor de los edificios que se entregan previa evaluación del Gobierno federal. Ése fue el acuerdo.
Así fue como Rogelio Cárdenas hizo mucha política para lograr la modernización de la UAZ.

Él era un ávido lector, seguramente leyó esa parte del libro de La rebelión de las masas, donde el mariscal Wellington le dice a Napoleón: “La política se hace con las nalgas no con las bayonetas. Mientras usted no siente a su adversario a negociar, andará por allí haciendo lo que él quiera”. Por eso, Rogelio dijo “lo que mejor se me da es escuchar a la gente”. ■

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