Mujer caracol (marzo)

Mujer caracol (marzo)
La mujer caracol, de Pedro Coronel, en el museo que lleva su nombre.

La Gualdra 471 / Pedro Coronel 100 Años

 

 

 

Un caminar del río subterráneo que hace curvas bajo la montaña, una salida de sol en marzo doce, una primavera que emerge entre las ramas de los árboles desnudos, un parpadeo matinal acompañado del bostezo. Busco a tientas: las horas del reloj caen sobre la mesita de madera, vuelto al principio. Un manantial de palabras que tienen su origen en la lengua. Escritura sobre el tiempo, miles de historias inacabadas, un grano de diente de león arastrado por el viento, por el soplo de tus labios, oraciones entre olas del mar en llamas. Aquí siempre es marzo, el polen construye montañas que llegan al cielo azulado. Calles, nombres, carreteras, caminos, brechas. Aquí siempre es vida. Aquí siempre hay vida. Los pájaros comienzan a visitar las flores del naranjo, tiritan sobre el herraje del balcón. Lo que toco resplandece. Siempre es marzo. Transfiguración. Vuelo. Agua de la vida. Cada ventana llega al mar, al puente, al terruño. Ni el pretérito es tan simple ni el futuro tan perfecto, dicen. Veo muros invisibles, poco despues se escapan como el agua entre el puño de un niño. Sendereo por las calles de mí mismo, luego, me hablas como el río. Aquí siempre es marzo. Hay luz y silencio, nubes y pájaros en círculos. Pasa todo. Todo se queda, los atardeceres clavados en un óleo, en el grabado del artista que con tinta natural vertió su verdad, amaneceres entre bosques. Todo se queda. Me busco entre otros, me encuentro entre otros. Me encuentro en el agua, el fuego, el viento. Aquí siempre es vida, aquí siempre hay vida. Todo lo que veo es belleza. Claridad. Aurora. Todo lo que toco es vida. Todo lo que veo en poesía se convierte. Abre la mano y toma un puñado de semillas, viértelas sobre el jardin imaginado y verás los sueños cerca de ti, siembra del verano, cosecha del hoy. Labra tu cara, contempla tu mirada. La vida eres tú, la vida perdurable. Aquí siempre es marzo… escucho el sonido del silencio, una rama que mueve el viento. Una raíz inquebrantable, el primer rayo de luz que entra por la ventana. Poesía. El silbido de un ave te despierta, mece tu sueño, arrulla el día, te lleva un deseo, un abrazo, un susurro, un anhelo.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_471_

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