Análisis político del contexto preelectoral: febrero 2021

Análisis político del contexto preelectoral: febrero 2021

En reiteradas ocasiones hemos analizado en estas páginas la compleja situación en que quedó la oposición luego de la elección de 2018. Cuando la ciudadanía mandó un mensaje, más o menos claro sobre el cambio que requería de la representación política, la oposición decidió apostar por lo mismo: su propio círculo, disminuido por las pugnas internas que derivaron de aquella elección. Frente al 2021, en el que se urge a la división de los poderes federales (y aún de muchos locales), particularmente en lo que se refiere a la Cámara de los Diputados, no parece haber muchos cambios, salvo la aglutinación de estos círculos empequeñecidos. Es altamente probable que la alianza a la que dio origen la unidad de los otrora adversarios, Revolucionario Institucional, Acción Nacional y Revolución Democrática (éste último ya casi desvanecido), permita una oportunidad que no tenían en ciertos distritos y algunas gubernaturas. Probablemente, más allá del gesto que produce la incoherencia ideológica y la anulación de sus identidades partidarias, como las primerizas alianzas del PAN/PRD, la conjugación de sus estructuras, experiencias y operadores políticos, les permitan ser competitivos en latitudes donde se veían imposibilitados frente a la expectativa del Movimiento de Regeneración Nacional. Es cierto: el día de campo que para Morena sería la próxima elección se le acaba de nublar, más no se ve chaparrón posible de anular la popularidad a prueba de balas (y del covid-19) del presidente López Obrador y su ejercicio de comunicación mañanero.

Me ha llamado poderosamente la atención la encuesta publicada por El Financiero el pasado 4 de febrero1 respecto a intenciones de voto, según la cual mientras que al pasar de los meses el partido oficial a nivel federal ha tenido altos y bajos (su más bajo en marzo de 2020, sus más altos en septiembre, octubre y noviembre del mismo año), la oposición representada por el PAN y el PRI han tenido una evolución que no pasa de 12 puntos para el primero y de 11 para el segundo. La gráfica demuestra así, dos líneas horizontales sin muchos altibajos, y dos líneas en zigzag: la del propio Morena y la de los indecisos. Es decir, para el porcentaje más alto de mexicanos encuestados por Alejandro Moreno hay dos opciones: el partido del presidente o la indefinición; en dichos meses (de junio de 2019 a enero de 2021) los integrantes de la Alianza Va por México no lograron romper con esa relación aceptación-decepción. Así, si la elección hubiera sido en el peor momento de Morena, descartando a los indecisos, la Alianza mencionada hubiera ganado por un punto; sí hubiera sido en el mejor momento del partido oficial, la diferencia su favor hubiera sido de 16 puntos; si la encuesta reflejara el momento de la elección en junio, y cediendo a un ejercicio de simplificación no serio, como los anteriores aquí descritos, Morena obtendría 38 puntos y la alianza 24, con un 33 por ciento de indecisos.

Más allá de los ejercicios aquí descritos, que hay que insistir, son de una simplificación exagerada y por lo tanto no revisten de seriedad, hay un elemento informativo para el análisis que no se puede desdeñar: la obviedad de la oposición demostrada por la encuesta. Ningún actor, propuesta, debate o polémica, logró atraer a los mexicanos hacia sus opciones, sino acaso (muy acaso) decepcionarlos y alejarlos de la opción política que los arrasó en 2018. Ésa no es una buena noticia para un frente político cuya principal oferta a la sociedad será la oposición a la propuesta que apenas logran desprestigiar o abollar, pero no sacar ventaja en el ejercicio.

Más allá de la lucha por los conceptos (que en la oposición siempre revisten importancia, y una vez en el poder, parecen perderla en la práctica), para convertirse en opción política en esta democracia compleja, hay que elevar la participación social, la sensibilidad frente a la cotidianeidad de la ciudadanía y la serie de problemas originados en nuestra permanente desigualdad, que han terminado por vulnerar y en muchos casos anular la ruta de perfeccionamiento institucional y burocrático requiere nuestro Estado Constitucional para el grueso de los mexicanos. El asunto es que el futuro se ve ciertamente acotado, al constatar que ni a las bases de sus respectivos partidos parecen haber logrado convencer de la idoneidad de aliarse para defender instituciones, valores y conceptos, más allá de derechos y de las identidades partidistas. Esta elección la habrán pasado con altas y bajas a costa de su militancia y esa realidad invalida el buen augurio.

Notas:
1 Disponible aquí: https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/con-menos-estudios-y-mas-edad-el-mayor-apoyo-a-4t

@CarlosETorres_

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