¿Irse de Morena?

¿Irse de Morena?

Morena, desde el triunfo del 2018, se encuentra sumergido en un proceso de transformación y constante cambio y conflicto, pues desde su conformación después del fraude mediante el cual impusieron a Enrique Peña Nieto en la Presidencia de la República, surgió como un movimiento social cuyo objetivo era la revolución de las conciencias y la construcción de un movimiento opositor a las reformas estructurales de dicho gobierno.

Una vez conformado como partido político, en la vida orgánica continuó como movimiento social, en el que una gran cantidad de expresiones y pensamientos se conformaron en torno a un objetivo en común: el combate a la corrupción y la transformación de de la vida pública.

Los conflictos internos no necesariamente fueron por cargos o por el poder de controlar al partido, sino que surgió en torno a las diversas perspectivas que las diferentes corrientes sostienen sobre el futuro del partido que hizo historia llevando al triunfo a un personaje que durante años fue atacado (y sigue siendo) por un sistema en el que unos cuantos sostenían privilegios. El conflicto surgió pues, entre quienes sostenían una visión de morena y otros cuya perspectiva era completamente diferente.

En medio de dicho conflicto y tras abrir las puertas en el 2018 para que cualquier personaje político de otros partidos pudiera sumarse, fueron buscando hacerse del poder del partido quienes sostienen una forma de hacer política, la tradicional, aquella en la que se imponen candidatos a través de encuestas simuladas, o al menos eso pareciera tras la negativa de transparentar metodologías.

Mario Delgado, llegó a la presidencia del partido tras la intervención del Instituto Nacional Electoral para obligar a morena a renovar su dirigencia nacional, impuso el método de la encuesta en pleno proceso electoral y permitiendo que cualquiera participara, no solamente los consejeros nacionales. Tras la primer encuesta, Delgado no fue beneficiado, por lo que presionó por la vía judicial y logró obtener dos encuestas más, siendo hasta la tercera que se vio beneficiado con el triunfo.

Una vez concluida esa etapa, la gran mayoría de la militancia entendió que era necesario cerrar el ciclo, reconocer el triunfo de Mario Delgado (por más ilegítimo que fuera el procedimiento) y enfocarse, nuevamente, en la construcción política rumbo al proceso electoral que ya había comenzado, pues fortalecer a morena es fortalecer al proyecto de nación, es decir, anteponiendo el interés de todos los mexicanos al interés de que otro personaje llegase a la presidencia del partido.

Esperando que la elección de candidatos fuese democrática y no opaca y poca transparente, ésta generó mayor inconformidad en la militancia, misma que hasta hoy en día sostiene manifestaciones en rechazo a las posibles imposiciones a los gobiernos de los estados, a las que anuncian para los distritos federales y mismas que amenazan con bajar a los locales y presidencias municipales.

Se esperaba que Mario Delgado dedicara tiempo a la operación cicatriz, generando consensos entre los perjudicados y buscando la unidad al interior (hacer política pues), anteponiendo el interés del proyecto nacional, sin embargo, ha utilizado dicho discursiva para atacar a los inconformes, para pedirles que si no están conformes se vayan a otros partidos, en los que seguramente (a más de uno) les abrirán las puertas, pues todo lo que pueda atacar al proyecto del Presidente sirve a la ahora oposición.

En efecto, la lucha no es por cargos, coincido con el discurso adoptado que pareciera de forma falsa por Mario Delgado, los cientos de miles de mexicanos que han recorrido el país, los estados, los municipios y las comunidades, mientras otros aprobaban y defendían las reformas estructurales de Peña Nieto, lo han hecho con el objetivo de lograr la revolución de las conciencias, por despertar a los mexicanos y por cimbrar las estructuras de la corrupción, la construcción de una nueva nación depende, también, de una ciudadanía politizada, activa y exigente para con sus gobiernos, no se puede esperar que quienes han participado en ésta lucha, se queden callados o simplemente se vayan a otros partidos bajo el argumento de que la lucha no es por cargos, la lucha es por la transformación del país y ello requiere de partidos democráticos, transparentes y que escuchen a las bases, que decidan de acuerdo a los intereses de los pueblos y que la elección de candidatos por compadrazgo, por favores políticos, entre otras, sean solamente un recuerdo de la etapa neoliberal que nos tocó vivir.

¿Irnos de Morena? ¡La lucha es por la transformación del país! ■

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