La SHCP debe dejar de preocuparse de la supuesta “estabilidad macroeconómica” y preocuparse por frenar la crisis

La SHCP debe dejar de preocuparse de la  supuesta “estabilidad macroeconómica” y preocuparse por frenar la crisis

El Secretario de Hacienda sigue sin comprender que por más que defienda la disciplina fiscal, el no endeudamiento y la llamada “estabilidad macroeconómica”, la economía sigue en caída y en este 2021, los pronósticos van a la baja y de continuar las altas tasas de interés y los recortes presupuestales, tampoco creceremos en este año.

La semana pasada en una de sus intervenciones Arturo Herrera reconoció que “México fue el país que menos apoyos fiscales otorgó el año pasado”, pero dijo que “no fue por terquedad, sino que hay una historia de crisis que ha enseñado de la forma más dura, que se debe mantener la disciplina fiscal y dar prioridad a la estabilidad macroeconómica”. Hay que reiterarle que la crisis es derivada de dichas políticas monetarias y fiscales restrictivas que priorizan la estabilidad del tipo de cambio a favor del capital financiero ubicado en el país, lo que se consigue a costa de desatender las demandas de asistencia a las empresas y no apoyar a los desempleados y a los que viven al día y que quedan expuestos a la pandemia porque no tienen condiciones de confinarse. La contracción del ingreso nacional que ocasiona la austeridad fisca y la alta tasa de interés, lleva a que disminuya la recaudación tributaria y siga el déficit fiscal y el aumento de la deuda pública.

Tenemos décadas en que los gobiernos neoliberales han venido priorizando la supuesta estabilidad macroeconómica: equilibrio fiscal, baja inflación, y equilibrio en la balanza de pagos a través de entrada de capitales que permite la estabilidad del tipo de cambio. Ello se ha conseguido a costa de dejar de lado los objetivos de crecimiento económico, generación de empleo formal bien remunerado y la distribución del ingreso. El llamado Gobierno de la 4T, ha continuado con la misma política macroeconómica neoliberal de sus antecesores, que pasa a tener los mismos resultados de menos crecimiento, más desempleo, mayor desigualdad del ingreso.

No se dan cuenta que el menor crecimiento real ha bajado el crecimiento potencial (el que se alcanza con la plena utilización de la capacidad productiva). De 1939 a 1981, cuando predominaba la Rectoría del Estado en la economía (éste controlaba la política monetaria, regulaba el movimiento de mercancías y capitales y al sector bancario y financiero, y había política fiscal, industrial y agrícola), se creció al 6.4% promedio anual. Con las políticas de más mercado y menos Estado, donde se ha privilegiado la disciplina fiscal, la “estabilidad macroeconómica” a favor de lo financiero, y se procedió a libre comercio y a la libre movilidad de capitales y a desregular al sector bancario-financiero y se dejó de tener política industrial y agrícola. La economía creció de 1982 a 2008 al 2.4% promedio anual y de 2010 a 2018 el crecimiento fue de 2.1% promedio anual. En el 2019 se cayó en 0.1% y los cálculos para el 2020 la caída será de 8.3%. Ello, junto con la caída de la inversión y el quiebre de empresas, reducirá el crecimiento potencial de la economía, por lo que ni siquiera volveremos a crecer como se creció antes del 2018. El menor crecimiento potencial disminuye el ingreso a empresas y familias y del gobierno y aumentará los problemas de deuda e insolvencia de unos y otros. Pero los tomadores de decisiones del país no les preocupa eso. Ellos quieren ser bien vistos por las calificadoras internacionales y el capital financiero para seguir recurriendo a los mercados financieros internacionales y no les aumenten la tasa de interés internacional. No se dan cuenta que al seguir cayendo la economía, se va a evidenciar la incapacidad de pago de su deuda, por lo que le terminarán bajando el nivel crediticio, lo que llevará a que el capital deje de fluir al país y que salga de éste, lo que desestabilizará el mercado de divisas y de capitales. Ello ocasionará que saldrán a flote los desequilibrios productivos del país, con las presiones sobre precios, sobre el sector externo, cayendo en la insolvencia del pago de la deuda externa.

El gobierno confía en que el nuevo gobierno de EUA impulsará los acuerdos multilaterales y al G-20, lo que junto a sus políticas de estímulo y al T-MEC, beneficiará a México. Ello evidencia que nuestro país no tiene condiciones internas para generar condiciones de crecimiento, sino dependemos del acontecer de la economía de EUA. Esa cercanía geográfica siempre ha existido y no nos ha llevado a disminuir las desigualdades existentes entre ellos y nosotros. Los que se benefician de las exportaciones manufactureras son las empresas transnacionales que las controlan, no la industria, ni la economía nacional. Tampoco la economía se estabilizará automáticamente después de la pandemia. Los problemas son derivados de la política económica predominante y mientras ésta no cambie, seguirá la crisis. No hay preocupación del Gobierno de la 4T de replantear nuestra inserción en el proceso de globalización, para retomar el manejo soberano de la política económica para responder a los propósitos nacionales de desarrollo productivo, generación de empleo formal bien remunerado, reducir la vulnerabilidad externa en que hemos caído, para poder alcanzar una dinámica sostenida, más soberana y equitativa. ■

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