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lunes, 25 octubre, 2021

La Utopía en el Hogar (44): Espejismos

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Cuarenta y cuatro semanas de confinamiento ya, y nada hace suponer que la población se haya vuelto más sabia o al menos, más sensata. No en balde se ha insistido consistentemente en esta columna de que no se le pueden pedir peras al olmo. El rezago educativo y la pobreza intelectual no son solo expresiones abstractas, hay evidencias que hacen constar que falta mucho para que podamos ser contados como ciudadanos del primer mundo. La bien llamada civilidad ha brillado por su ausencia y esta no suele aparecer por recomendaciones de las figuras de autoridad o por medidas coercitivas y dictatoriales. Cuando se dice que la educación se mama, es porque viene desde los momentos en que se llega al mundo y parece que no hemos sido exitosos al respecto. Eso parece divertido en los programas chambones que nos regala la televisión, pero en la vida real, vivirlo es como entrar a una burbuja de subrealidades.

Se sigue dando importancia desmedida a asuntos que no es que no valgan la pena, pero hay otros que son importantes y no se les toma en cuenta como debiera. El proyecto educativo, la protección al ambiente y el estado de derecho que son vitales, para el país y el resto del mundo, son dejados en segundo plano ante el espejismo de otros problemas, mal abordados como la inseguridad, la economía y la política, para citar algunas de las falacias humanas que día con día son presentadas como obligaciones por cumplir para solventarlas.

Y así, mientras se le da importancia a lo banal, se olvida lo que es importante, la educación y las instituciones encargadas de llevar a cabo estas tareas, se han sumergido en una inexpugnable burbuja burocrática donde se da más importancia a las formas que al fondo. Es increíble observar la cantidad de palos de ciego que se suceden indefinidamente en la tarea de diseñar y echar a andar un modelo de enseñanza que pueda garantizar que todos los pobladores de nuestro país y otros países como él, mejoren en sus pautas de comportamiento adecuado. Una de los resultados principales de este hueco en la nutrición intelectual es la falta de conciencia en lo particular interno y lo general externo. En lo interno, los individuos pierden la noción del objeto de vida y se da más importancia a lo trivial y al placer instantáneo que a la superación personal y el afianzamiento dentro de la sociedad como un ente colectivo y solidario. En lo externo, es lamentable observar la falta de identidad e incorporación a los procesos que fortalecen e identifican a una sociedad; dentro de estas renuncias a lo que puede ser trascendente, destacan el sentido de pertenencia y la noción partícipe en lo que puede identificarse como patria.

Sin estas nociones mínimas, no es de extrañarse que el apego a las normas y principios que rigen el respeto a sí mismo y a los demás se vean ultimados por la idea de que los intereses individuales deben anteponerse a lo colectivo, sin importar que se violenten leyes y formas adaptativas de convivencia. Ahí emergen y sientan sus reales las prácticas sociales lamentables como la corrupción y la impunidad, que tanto daño siguen haciendo a la vida del país y el mundo.

Sin embargo, la omisión más lamentable es la que se refiere al respeto a la biodiversidad y las formas de vida que se dan en los entornos naturales. Mientras no se aprenda a valorar lo poco que nos queda como naturaleza, el futuro luce más bien, incierto.

Nos enteramos de la mala noticia del contagio de nuestro presidente de la terrible calamidad que nos está afectando la vida diaria y las expectativas de futuro como especie. Desde aquí elevamos nuestros ruegos y se emiten y proyectan las mejores energías para que se recupere con prontitud. ■

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