José Vicente Anaya: poesía, sabiduría y vida

José Vicente Anaya: poesía, sabiduría y vida
José Vicente Anaya. Foto de María Vázquez Valdez.

La Gualdra 463 / Dossier José Vicente Anaya

 

 

Pocos hombres pueden obtener una constancia y una coherencia entre su vida y su obra de principio a fin, solamente la muerte puede sellar el sentido de una existencia tan efímera, errática y errante como lo es la existencia humana. ¿Acaso no fue el viejo Sócrates quien se esmeró por alcanzar una perfecta unidad indisoluble entre vida y pensamiento? Y que llevó hasta sus últimas y radicales consecuencias aceptando una muerte injusta antes que huir de su destino. La muerte de José Vicente Anaya significa la pérdida de un hombre de letras, que utilizó la literatura como potencia vital para repensar los múltiples sentidos prácticos de las sabidurías aborígenes y orientales. Su quehacer cultural y literario ha permitido descentrar y ampliar el campo y el canon de la literatura en México, poniendo al día el reloj de la creación nacional en el contexto contemporáneo.

En el portal Wikipedia se puede leer que José Vicente Anaya nació en Villa Coronado Chihuahua el 22 de enero de 1947 y murió en la Ciudad de México el primero de agosto del 2020. Se añade que fue poeta, ensayista, traductor y periodista cultural. Y que publicó más de treinta libros y formó parte del movimiento poético del infrarrealismo.[i] Cabe agregar que fue promotor y gestor cultural de revistas, espacios de difusión y formación literaria, y también, desde joven, fue un viajero incansable. Y aunque fue nombrado Creador Emérito por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, tuvo un papel marginal en las letras mexicanas. Algo que no se consigna en redes sociales fue su posición ético-política ante la sociedad, y en particular, ante la creación literaria.

Hombre íntegro, leal y fiel a un ideario emancipador y libertario, Anaya hizo de la literatura y de la difusión literaria dos poderosas estrategias para subvertir las relaciones de dominación y luchar contra todas las formas y sistemas de opresión humana existentes. Es justo bajo el 68 y su legado como telón de fondo que habría que pensar la participación de Anaya en la vida literaria y cultural de México. El movimiento infrarrealista en el cual participó activamente no se puede entender sin el cambio cultural a fines de los sesenta en México y América Latina. Hombre cabal que buscó una vida y una obra guiadas por la integridad.

Ser íntegro que tuvo un sentido existencial auténtico bajo un norte ético-político, a saber: hacer de la vida una experimentación creativa orientada hacia la búsqueda incansable de una verdad cosmogónica. Sin ningún afán reduccionista, pues resulta imposible resumir su vida y obra en un conjunto de oraciones, nos atreveríamos a decir que estas nociones sirven de guía de una vida y una obra múltiples. Vida, experimentación creativa, búsqueda incansable y verdad cosmogónica u ontológica son nociones que no pretenden glosar o desglosar su vida y su obra, pero sí abrir claves de comprensión de un legado que el día de hoy nos permite entender y atender la relación entre el ser humano y mundo en tiempos de crisis.

Como lo fue para los sabios orientales, la vida fue el criterio que estableció como parangón de todas las cosas. Una vida libre, digna, con justicia y honestidad, vida como apertura del diálogo con los otros y como base de una ética sin concesiones. Vida que busca abrirse al encuentro y al devenir, es decir, a la experimentación creativa sin fin. Vivir es experimentar, hacer de la experiencia parto de sentido, apertura de sentido, viaje sensorial, sensitivo. Vivir despliega la experiencia como experimentación, esto es, como búsqueda incansable. Anaya fue un eterno buscador, aprendiz de búsquedas y hallazgos, como el viejo Sócrates jamás ostentó ningún saber o poder, sino una sonrisa enigmática, burlona, afable. De ahí que jamás dejara de experimentar todo tipo de conocimientos, expresiones, géneros y estrategias de percepción de la realidad y de la supra-realidad, pero su búsqueda siempre tuvo como brújula la verdad, la verdad humana que conecta y reconecta con el cosmos. Una verdad ontológica que religa hombre y mundo bajo el umbral de lo sagrado. En toda su obra hay una perfecta coherencia entre pensar, decir, hacer, hablar, vivir y convivir en torno a la búsqueda de una verdad oculta y trascendente que posibilita la instauración del ser humano como parte de una unidad sagrada viviente. Sus poemas, sus lecturas, sus traducciones, sus charlas, sus cursos y seminarios, sus textos críticos, sus diversas actividades y creaciones estuvieron animadas por ese impulso que atesoran los arcanos sagrados.

Lejos de pontificar o crear una ortodoxia, se sirvió de pequeñas verdades, acciones micro-políticas o infra-políticas, tal es el sentido de su adscripción y promoción del infrarrealismo, pues se trató siempre para él de desplegar literaturas menores, menores no en el sentido de importancia o trascendencia, sino menores en el sentido preciso que le otorgan Deleuze y Guattari, en su obra Kafka, por una literatura menor. Menor es una obra que desestabiliza e impugna el orden cultural y literario que subyace al sistema intelectual dominante. De ahí también que la visión vitalista y experimental de Anaya hoy sean aportaciones valiosas que abren el horizonte de la crisis de la modernidad poética. Descentrar el poema y el poeta como dispositivos e intercesores de la producción de subjetividad y de comunidad son elementos claves de nuestro tiempo.

Quizá uno de los grandes legados de Anaya fue hacer de la literatura y de la crítica ejercicios de micropolítica o pensamiento ético-político en y desde los márgenes. La idea central de la noción de micro-política es concebir, pensar e intervenir, en lo social en tanto campo de fuerzas, líneas de fuga, fracturas, lejos del embrujo de la idea de totalidad cerrada. El capitalismo y cualquier sistema de dominación está atravesado por miles de pliegues, fracturas, antagonismos, márgenes, nunca es algo fijo ni unívoco. Tal es la idea de Rizoma, que despliegan Deleuze y Guattari en Mil mesetas, continuación y radicalización de El Anti-Edipo, como corolario emancipatorio y libertario del movimiento del 68. Poesía, crítica y magisterio de Anaya siempre estuvieron motivados por ese anhelo de transformación profunda del orden existente.

La vida y la obra de José Vicente Anaya fue un mismo punto convertido en una flecha que retorna al blanco del ser como devenir incesante, la trayectoria del disparo y la mano del arquero siempre estuvieron puestos en el mismo blanco: afirmar el ser en plena libertad, en medio del abismo de las dos nadas del origen y del fin, siendo la nada parte del ser universal. Hoy más que nunca necesitamos leer y meditar con la obra y las traducciones de José Vicente Anaya para guiar nuestro andar incierto en este desconcertante siglo XXI.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_463

[i] Wikipedia, “José Vicente Anaya”, consultado el 20 de agosto del 2020 en https://es.wikipedia.org/wiki/José_Vicente_Anaya

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