Nueva República | El INE contra la opinión pública

Nueva República | El INE contra la opinión pública

Si le cortas la lengua a un hombre, no demuestras
que estuviera mintiendo: demuestras que no
quieres que el mundo oiga lo que pueda decir.
George R.R. Martin

Dijo Vicente Fox Quezada en un discurso frente a un nutrido público, transitando su periodo aún como presidente en funciones, y a las puertas de un proceso electoral federal del 2006: “cualquier candidato que esté en esa boleta habrá de ser derrotado por el candidato de Acción Nacional”, este momento está conservado en un video incontrovertible. También está conservada la acción o inacción que tuvo el por aquel entonces IFE. No recuerdo un solo pronunciamiento al respecto de las autoridades electorales, tampoco nuestra prensa (siempre digno paladín de la justicia electoral) se pronunció al respecto, ni llenaron las columnas de opinión los politólogos a sueldo que hoy se desgarran las vestiduras por el tremendo alcance que han mantenido las conferencias mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Resulta que ese “deber de neutralidad como servidor público” citado por el INE en su comunicado, es una cosa bastante interpretable, recordemos que, también tiempo atrás, de cara a los comicios de 2012, ese mismo organismo ordenó que se retirara todo símbolo alusivo al movimiento ciudadano “Yo soy 132”. ¿La razón? Textualmente: “estos movimientos, se han asociado a uno de los candidatos”. Con ese seco “porque yo lo digo” el INE interfería directamente con la relación del individuo y la política nacional, pues el movimiento 132, a diferencia de los frankesteins modernos, tenía un pliego petitorio claro sobre políticas públicas y un eje antineoliberal movido por estudiantes de toda la república.

La pregunta que yo me hago no es sí una postura plenamente política puede ir en contra o a favor de un partido o candidato, pues dado el deplorable estado del sistema partidista de ese momento, que un grupo social reconociera a la partidocracia entera como los únicos acólitos del neoliberalismo salvaje era un hecho inusitado. De este hecho derivó la gran torpeza de las autoridades electorales que, desacostumbradas a que la política se moviera en plano de las ideas y no de la vil propaganda, no se dieron cuenta de que lo que presenciaban era un ánimo político nacional, y no una lona pagada por un partido para promover su deseo de huesos.

Al INE le falta mucho para aprender a distinguir cosas esencialmente diferentes, porque cuando los hechos y las cifras se ponen en la bandeja abierta al público, resulta imposible del todo que los viejos partidos no salgan perjudicados ante la opinión pública, es una obligación hacer corte para ver cuánto se debe y cuánto se ha pagado, pero resulta que, a cada corte, los que hoy compiten por cargos de elección popular salen debiendo de todas, todas. ¿Cómo vamos a aplicar las medidas cautelares sobre la verdad, querido INE? ¿Qué se va a hacer con lo ya sucedido? Recordemos que el gobierno de Peña Nieto gastó 60 mil millones de pesos en publicidad, mientras que el actual gobierno apenas rebasa los 600 millones ¿no resulta ese un tema mucho más fácil de tabular?

El problema fundamental, aparte del obvio proceder faccioso, es la separación necesaria que debería hacer cualquier autoridad electoral: por un lado tenemos hechos y debates de hechos políticos que forman una ciudadanía más participativa y consciente, no hay manera de vedar de forma objetiva una opinión política, que esa opinión afecte o favorezca a algún candidato es parte de la democracia y de la educación política, pero no es un acto de proselitismo, vamos, un poquito de lógica es lo que ando pidiendo, nada más. En el otro lado tenemos lo que sí es terreno de jurisdicción de las autoridades electorales, lo que hizo Fox fue claramente un acto de campaña, doblemente lesivo porque viene del titular del ejecutivo en tiempos de veda electoral. El rebase de los topes de campaña es algo que vemos constantemente, y las medidas del INE, entre tibias y buenas noches, hace falta recordar las mágicas palabras “sí hubo irregularidades, pero no fueron determinantes para la elección”, eso nos lo dijeron en la victoria de Peña Nieto, es decir: efectivamente, no podemos borrar las claras pruebas que nos han entregado de compra y coacción del voto, pero por parte de las autoridades electorales ya no se tomará ninguna medida al respecto.

Estamos ante un momento bastante significativo, la opinión ciudadana ha rebasado por mucho en madurez a las determinaciones de ciertas instituciones, y el escenario siempre se complica ante autoridades rebasadas, es en esos momentos en los que el presidente hace lo que ninguno de los actores políticos trasnochados se atreve a invocar: que decida la gente.

Por mi parte, a cualquier candidato que aparezca en esa boleta electoral, le deseo el más justo, objetivo y profundo juicio del pueblo, a ver si el INE no se molesta porque lo de juicios justos resulte perjudicar a algún candidato en particular.

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