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lunes, 25 octubre, 2021

¿La culpa es de las renovables?

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El pasado 28 de diciembre hubo una interrupción en la distribución de energía eléctrica que dejo sin luz a 10.3 millones de personas en al menos doce estados del país, en este sentido la Comisión Federal de Electricidad (CFE) le atribuyó la causa a un incendio ocurrido en  Tamaulipas el cual desconectó algunas líneas de transmisión, en este aspecto es importante destacar que la CFE presentó como prueba del siniestro una carta que parecía estar emitida por Protección Civil de Tamaulipas, no obstante se trataba de un documento apócrifo por lo que el gobierno del estado presentó una denuncia ante la Fiscalía General de la República. Asimismo, se responsabilizó a la generación intermitente de energía eólica y fotovoltaica, la cual ese día alcanzo un valor histórico de 28 por ciento, y cuyas centrales carecen de capacidad para apoyar el restablecimiento del sistema. La paraestatal estima que en el futuro cercano se duplicará la capacidad de generación de estas energías autorizadas por los reguladores y considera que esto aumentará el riesgo de confiablidad del sistema eléctrico nacional ante bajas demanda de energía, por lo que es necesario reducir la producción anual de estos generadores. Entonces, se dice que bajo estas condiciones el sistema no puede operar con exceso de generación intermitente, por lo que los reguladores están obligados por ley a poner un límite a la capacidad máxima a generar y con ello garantizar su estabilidad.

Lo anterior se suma a los intentos anteriores de la administración de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), por limitar la presencia de energías renovables en el país y mantener la posición dominante de la CFE en el mercado eléctrico nacional. De acuerdo con Bloomberg, desde el inicio de su sexenio el presidente ha tenido la intención de fortalecer y convertir a la CFE en uno de los pilares de la política energética del país, no obstante en México existen desafíos alarmantes en este sector para el futuro inmediato, los cuales se relacionan con el aumento en la demanda por servicios digitales como consecuencia del confinamiento y que representa diversos desafíos en términos de inversiones en el sector eléctrico.

Si bien es cierto que la reforma energética abrió el mercado de generación de energía eléctrica a la iniciativa privada, la distribución y transmisión de esta se encuentra en manos exclusivamente de la paraestatal, en este aspecto es importante mencionar que la infraestructura de transmisión no ha aumentado al ritmo de la generación de las energías renovables, ni acorde al aumento de la demanda. Cabe mencionar que la extensión de la red de transmisión ha aumentado aproximadamente uno por ciento en comparación con el tres por ciento del incremento en el consumo de energía eléctrica en los últimos cinco años, adicionalmente, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), refiere que el sistema eléctrico está congestionado y requiere únicamente en infraestructura de transmisión y distribución inversiones mayores a 21,000 millones de pesos anuales y 43,000 millones en la instalación de cinco mil kilómetros para fortalecer esta infraestructura. En este sentido, según datos publicados para CNN Expansión, la inversión de CFE Transmisión, filiar de la paraestatal, ha disminuido constantemente en los últimos años de acuerdo con registros de Hacienda, cabe mencionar que para 2020 la filial tuvo un presupuesto de 3,826 millones de pesos, el monto más bajo desde 2018. No obstante, de acuerdo con El Economista, en 2019 las filiales CFE Transmisión y CFE Distribución tuvieron utilidades por más 18,000 millones de pesos y 14,000 millones respectivamente, los cuales no se emplearon en el mejoramiento de la infraestructura. A pesar de esta situación el sector privado ha reiterado su disposición de trabajar con las autoridades, con el objetivo de reforzar la red de transmisión eléctrica nacional. Por otro lado, en materia de generación de energía la CFE no produce tampoco lo que debe, esto se puede corroborar en la Auditoría de Desempeño (2019), realizada por la Auditoría superior de la Federación (ASF), en donde se observa que la paraestatal generó solamente el 88.4 por ciento de su meta de producción de energía eléctrica.

La interrupción masiva de energía eléctrica del pasado 28 de diciembre es solo un reflejo de las deficiencias críticas aún sin corregir en la paraestatal, principalmente vinculadas a la falta de inversión en las redes de transmisión y distribución que ya se encuentran saturadas. Asimismo, este suceso es reflejo del injustificado rechazo a las energías renovables por parte del gobierno federal, ante una CFE que ni siquiera es capaz de cumplir con sus metas de producción y que busca de cualquier forma limitar la generación de energías limpias, que son fundamentales para el desarrollo sostenible; entonces, los cuestionamientos no se tratan, como dice el presidente, de la “inconformidad que tienen los conservadores”, ni de “campañas en contra de servidores públicos”. Son acerca de todos los esfuerzos enfocados a  la marginación de una opción limpia y de mejora considerable a la seguridad energética del país por motivos ideológicos, esto hace que el compromiso de fortalecer a la CFE sea a lo sumo, dudoso.

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