Partidos antidemocráticos igual a malos gobiernos

Partidos antidemocráticos igual a malos gobiernos

¿Qué relación hay entre la calidad de los procesos electorales y la calidad de los gobiernos? Pues es una relación estrecha: El proceso electoral tiene como finalidad elegir personas que mejor representen los intereses de los electores. Como estos últimos son diversos, los partidos constituyen una gama plural. Un partido es un universo propio de ideas, pretensiones e intereses. Cuando estos intentaron representar a la totalidad de los intereses sociales marcaron el inicio de su decadencia porque falsearon su particularidad. De igual manera, un partido compuesto de militantes queda anulado si sus candidatos son electos con encuestas o votaciones abiertas. Por ello, es esencial distinguir dos etapas en los procesos de representación: el momento interno en los partidos y el momento donde estos se expone al escrutinio popular. El primer tiempo es vital porque es donde el partido define sus intereses y, con ello, las prioridades en su programa legislativo o de gobierno; y en el segundo, los grupos sociales que sienten resonancia con esa definición, señalan su preferencia por vía del voto. Disolver los momentos es pervertirlos.

Desde antiguo, los críticos a la democracia exhibían el principal riesgo de este régimen político: los demagogos. En la actualidad se diría que los aparatos de la comunicación pueden favorecer la manipulación de la población; pero es más difícil engañar a los militantes que están enterados, informados y mantienen una participación permanente en las cuestiones que definen su identidad y de las personas que forman una trayectoria que refleja dicha identidad. Por ello, si se omite a los militantes el partido se expone a ser conducido por demagogos. Y un demagogo no tiene interés en las agendas sociales del partido, sino únicamente en la reproducción de su propio poder: su proyecto es él mismo. En otras palabras, un demagogo tiene un proyecto auto-referente. Sus banderas no terminan en un ‘ismo’, sino que son nombres propios y refieren a grupos muy localizados de interés. Por ejemplo, el Verde o Nueva Alianza eran/son partidos de grupos, familias y caciques muy concretos, y a ellos sirven. Nada más.

Ahora Morena está a prueba: si los procedimientos democráticos que deben hacer resonar los temas, enfoques y preferencias de los militantes no son puestos en práctica, entonces Morena se convertirá en una marca que puede ganar algunas elecciones por el efecto del triunfo reciente, pero muy pronto morirá como alternativa al sistema que criticaba y que determinó su razón de ser. En otras palabras, si no eligen candidatos democráticamente, no se habrá consolidado como partido y muy pronto pasará a ser una mera agencia electoral al servicio de cacicazgos regionales. Si esto ocurre, los mexicanos nos habremos quedado sin opciones políticas: todos los partidos habrán mostrado ser algo muy similar. Y la consecuencia fatal: tendremos que esperar gobiernos mediocres cultivadores de la desolación: corrupción, ineficacia y abandono de las causas sociales.

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