2020 el año que vivimos en peligro

2020 el año que vivimos en peligro

Carlos Fuentes describió 1994 como el año en que los mexicanos vivimos en peligro. El 2020 bien puede ser el año en que de manera individual pero también global, vivimos en peligro. El 2020 será, qué duda cabe, inolvidable para cualquier generación viva y las que están por venir. Las implicaciones que éste tendrá serán tantas que tardaremos décadas en terminar de dimensionarlas. La pandemia ocasionada por el Covid-19, no solo se ha llevado ya millones de vidas humanas, sino que ha impactado en otras tantas a través de sus repercusiones sociales y económicas. La niñez que hoy ve disminuidas sus oportunidades para estudiar, resentirán una condición de desigualdad acaso peor que la vivida en las últimas décadas en México, pero no solo en nuestro país, también en el resto del mundo.

El golpe a la salud de decenas de millones de personas, afectadas por el virus, cuyas consecuencias a largo plazo apenas comenzaremos a reconocer, impactará a su vez a los debilitados sistemas sanitarios luego de que la pandemia pase. Las repercusiones económicas podrían derivar en la peor crisis económica en la historia reciente de la humanidad y el impacto social y político de todo esto, a su vez, podría llevarnos repetir episodios frustrantes del pasado, sin más alternativa que la inmediatez.

El 2020 será para todos los que lo vivimos (y no podría yo caer en la soberbia predicción de asegurar que lo sobreviviremos), un punto de partida para explicar las situaciones que están en el horizonte, mediato y de largo plazo. Por eso también habrá que hacer una profunda y seria reflexión de cuáles fueron las herramientas que nos permitieron superar sus retos; las fallas que nos llevaron a caer en los peores escenarios y el aprendizaje que nos permita no ser víctimas constantes de episodios tan lamentables como los que pudimos ver este año en el que la guerra más cruenta fue contra un enemigo tan pequeño que nunca pudimos ver venir.

Lo sucedido este año nos debe permitir apreciar en lo que vale, más que a personajes, a conceptos e instrumentos para darnos la necesaria dignidad en nuestras vidas: la ciencia, la democracia y el Estado, sin duda deben ser puntos de referencia, de encuentro y de permanente defensa.

La primera como la única alternativa para hacer frente a circunstancias que sólo ella puede explicar y, por tanto, solventar. La segunda, como el método mediante el cual, en la pluralidad y la diferencia inherentes, conciliamos y consensamos las condiciones básicas, de piso, mínimas para sobrevivir como sociedades y como especie incluso; y finalmente, el último como el ente que debe no retraerse sino expandirse en asuntos que el mercado no puede, ni debe, dominar monopólicamente, como la salud y los derechos fundamentales que permitan a las personas gozar de una vida en bienestar.

Sí el 2020 fue el año en que vivimos en peligro, el 2021 debiera ser aquél en que debamos aprender para prevenir y evitar el peligro. En próximas entregas la ciencia, la democracia y el Estado serán los ejes para entender porqué el 2020 se configuró desde antes y porqué, a su vez, no debemos echar en saco roto todo el aprendizaje, las doloras lecciones y las amargas realidades que golpearon nuestro rostro cegado de la necedad de los tiempos que vivimos.

@CarlosETorres_

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