La fuerza que dan los “cómos”

La fuerza que dan los “cómos”

El dirigente nacional de Morena podría ser un gran líder, pero de momento es difícil saberlo. No sólo por el corto tiempo que tiene el cargo, sino porque la manera accidentada en la que llegó al mismo, fue en su propio detrimento.

Hace un año parecía difícil su llegada porque hubiera sido impensado que la dirigencia nacional de un partido se pudiera elegir a partir de una encuesta; menos aún de una encuesta a población abierta, y peor aún si además tuviera que realizarse en varias ocasiones.

Paradójicamente, a pesar de su juventud y su muy reciente aparición en la escena nacional, la secretaria general de ese partido, conquistó con tanta firmeza su cargo, que ha logrado confianza y autoridad moral en tiempo récord.

Sea como sea, en los hombros de ambos y de algunos más se encuentra ahora el reto de establecer las candidaturas en 15 estados de la república de la forma más democrática y ecuánime posible.

El reto no es nada fácil, es quizá el primer paso en la construcción de un partido que está más acostumbrado a funcionar como movimiento, y por tanto tiene que ser un paso en el sentido correcto, con firmeza y sobre todo identidad e ideología por delante.

A decir verdad, esa labor es complicada en cualquier partido con probabilidad (percibida al menos) de ganar. En aquellos en los que no está en juego el triunfo, la mayoría de los institutos políticos tiene que buscarse a un cuadro leal al partido que acepte el “sacrificio” de dedicar tu tiempo y esfuerzo a una meta colectiva, en la que probablemente ni siquiera obtenga beneficios directos como cargos plurinominales o de primera mayoría.

Para los partidos sin oportunidad de ganar esos escenarios son los ideales para colocar los perfiles que las cuotas de ley les exigen sin sacrificar competitividad. No es casual ver que los municipios con menos electores, y presupuestos menores sean aquellos donde se postula más a mujeres.

En los términos de alianzas sucede de la misma manera, sabiendo que su fuerza política no les permite encabezar la coalición, Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática esperan que la candidatura por la gubernatura recaiga en una mujer pues eso les permite postular hombres en otros lugares donde tengan por sí mismos más probabilidades de triunfo.

Pese a que las dos figuras en disputa en ese contexto son militantes del Partido Revolucionario Institucional es comprensible que el choque se dé al interior de ese instituto pues es él, el que en todo caso tendría algo qué perder o qué ganar.

En Morena, donde también hay amplias oportunidades de triunfar en Zacatecas, las cosas son similares: competidas.

En ninguno de los dos casos esto tendría que significar conflicto, sino al contrario, podría ser una oportunidad.

Todos los partidos tienen órganos de resolución de controversias, estatutos y específicamente convocatorias que dan marco a las competencias para que éstas se lleven a cabo con lealtad, además de toda la normatividad en la materia.

Hacer uso de ellos, y hallar salida exitosa a los laberintos en los que ahora están, podría dejar a estos partidos mucho más fortalecidos que aquellos en donde la previsible derrota construye la unanimidad.

La tarea es tan simple como compleja: basta cumplir las reglas del juego. He ahí la sencillez y también la complejidad porque en la cultura política dominante parece haber más práctica y entrenamiento en cómo esquivar la reglamentación, que en cómo cumplirla.

Baste como ejemplo aquel candado colocado por el PRI para proteger a los leales luego de una desbandada chapulinera. Me refiero a ese que exigía al menos 10 años de militancia para que alguien fuera postulado como candidato a gobernador, y que no tardó en encontrársele llave maestra para abrirlo: hacer alianza con el Partido Verde Ecologista y que ese partido postulara al candidato.

Pero esas piruetas sólo son posibles para quienes tienen el peso político suficiente para que después de ella el público aplauda.

Correr esos riesgos sin tener las condiciones para hacerlo, únicamente produce lesiones evidentemente debilitantes para quien se supone se prepara para un reto mayor.

Los pasos por seguir, y la contienda que se avecina tendría que dejar claro que tan importante como el quién, o quizá mucho más es el “cómo”, porque quien no tenga esto bien resuelto tendrá más debilidad que los que se queden en la raya ■

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