■ Nueva República Nuestra última frontera

■ Nueva República Nuestra última frontera

De la piel para dentro empieza mi exclusiva jurisdicción.
Elijo yo aquello que puede o no cruzar esa frontera.
Soy un estado soberano, y las lindes de mi piel me
resultan mucho más sagradas que los confines
políticos de cualquier país.
Anónimo contemporáneo

Venimos de un país que había criminalizado por sistema a personas que se salían del establishment, así fuera en aspectos mínimos. La vena conservadora de México siempre ha estado ahí, pero se ha elevado al plano consciente con muchos temas de actualidad, todos ellos referentes a los derechos de los individuos; el aborto, el uso de marihuana de forma recreativa, la unión legal de personas del mismo género. Hemos conocido, para bien y para mal, esa agua estancada generadora de veneno que no ha dejado de heredarse en gran parte del territorio nacional.

Cuando comenzamos a empujar, algunos desde muy temprano, la legalización de la marihuana, constatamos con tristeza que el alegato principal de los que se oponían no se fincaba en temas de salud pública ni en temas de economía, pasadas las experiencias de Uruguay y Canadá se supo también que no era el asunto de la inseguridad, tampoco lo que daba gas a las políticas prohibicionistas. Sencillamente, caemos en cuenta de que habíamos estado debatiendo contra la pared, la moral costumbrista nos había jugado chueco desde el principio, pues era esa la única piedra de toque que ahora pueden blandir los que se oponen a la legalización. Esa piedra hermana del neoliberalismo que se niega a ver a las personas como tal, para esa moral, el individuo es fuerza de trabajo, y si tiene suficiente dinero, podrá ser otra cosa después.

Se fueron rellenando uno a uno los criterios médicos, científicos y sociales que el debate objetivo había pedido hace más de 50 años, y, aun así, lo que dictaba tendencias hace menos de dos años en nuestro país era una moralina arraigada que, como siempre, se negaba a aceptar un derecho humano y una determinación del individuo que en nada podría impactar libertades ajenas. En pocas palabras: hubo que ganar y doblegar por la vía de la razón a cada crítica, cada fake new, y cada tía ultra conservadora antes de que se aceptara una verdad tan sencilla como la que vierte el epígrafe de este texto.

El recientemente fallecido Pino Solanas, en su discurso histórico a favor de la interrupción legal del embarazo toca lo que yo mismo no había notado como punto medular del pataleo de la derecha: el derecho al goce. La derechiza solo aprueba la marihuana cuando es medicinal y el aborto solo se justifica por violación, en el fondo, es el disfrute del individuo fuera de lo que ellos consideran “sanas costumbres” lo que les parece inadmisible, esto esconde una fibra mucho más oscura de lo que se podría ver en principio, pues es una declaración medievalista de que no nos es lícito ser felices por los medios que veamos apropiados. ¿Libertad del otro? Entonces explíquenme por qué el producto de una violación no gozaría del mismo estatus de “ser vivo” que el producto de una noche de pasión en la que el condón falló. Yo les voy a decir por qué: porque esa derechiza no está pensando en la libertad del producto, o feto, o su “derecho a la vida”, muy por el contrario, esa derechiza está pensando en el castigo que se merece una mujer que ejerció su sexualidad de forma libre, pues estaba contrariando lo que el establishment nos había repetido toda la vida, que no nos es lícito ni provechoso gozar, que hemos venido sólo a trabajar y sufrir, y que el éxito y la satisfacción consisten en sudar la gota gorda para inscribir a nuestros bien-habidos hijos en escuelas privadas y pagar las colegiaturas en tiempo y forma.

Cuando el burgués, mientras bebía su amado Blue Label, se enteró, por palabras de médicos y científicos, de que la marihuana era menos dañina y menos adictiva que el alcohol y el cigarro, no actuó como una persona normal, no cambió su postura respecto al estatus legal de la hierba, pues lo natural en esta sociedad es que sólo los ricos y poderosos disfruten. Chomsky señaló hace muchos años cómo la marihuana adquiere su carácter de ilegal al ser asociada con afrodescendientes y mexicanos, un mero pretexto de represión fincado en un dato sumamente claro: la marihuana es fácil de sembrar y fácil de secar, por tanto, es barata y la gente pobre puede acceder a ella. El único opio que los nadie tenemos permitido es el de la ilusión de clase y el de la religión.

No es poco lo que vamos a votar en la cámara en estas próximas fechas, ante este panorama tan incivil que nos habían obligado a tragar por tantos años, la legalización de la hierba lleva dentro de sí una semilla mucho más poderosa que pronto hará estallar esa idea de realización burguesa. Quiéranlo o no lo quieran, los tiempos cambian y los relevos suceden y cuando el presidente declara abolido el neoliberalismo, es nuestra intención tomarlo en serio, como también es nuestra intención poco a poco y con determinada paciencia, cambiar las formas en las que nos relacionamos con el capital.

Sólo aquellos, los más cortos de miras, seguirán repitiendo su sonsonete: “Morena nomás quiere consentir a los mariguanos”, pueden seguir empeñados decir eso, mas el mundo vira y pronto vamos a votar algo que toda mi generación reconoce como histórico, no porque los individuos sean tratados como humanos mientras se fuman un porrito, sino porque estamos entrando a un terreno donde los individuos son tratados como humanos antes que como fuerza de trabajo. ■

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