“Soy un pintor de sangre azul”: El pequeño Gran Hombre

“Soy un pintor de sangre azul”: El pequeño Gran Hombre
Emilio Carrasco durante el montaje de su exposición con Irma Valerio, en octubre de 2020.

La Gualdra 456 /  Arte / Personajes

 

 

Emilio Carrasco fue un señor de estatura entre mediana y bajita, a quien conocí hace 29 años, justo en los inicios del establecimiento de la Galería, momento en el que comencé a contactar a los pintores zacatecanos. Adquirí entonces una obra de su autoría que fui pagando poco a poco, instrumento de negociación que de buena manera Emilio aceptó. Desde entonces esta pieza ocupa un lugar especial en mi hogar.

Esta relación inicial adquirió continuidad a través de proyectos de exposiciones, visitas suyas a la galería y mías a su taller, donde disfruté de su talento, experiencias y extensa cultura. “Soy un pintor de sangre azul”, solía decir. Emilio era dueño de ese juego propio de algunos intelectuales y creadores como él, que manejan lo mismo la palabra y la circunstancia. Así, repetía: “Soy un pintor de sangre azul, porque si uno mismo no crea sus mitos acerca de su vida, los demás te los inventan”. Yo no sé de qué color era su sangre… pero puedo imaginar que la pintaba como su obra, del color que le venía en gana.

Lo que sí sé es de su enorme y noble corazón con el que conquistó el amor de Lina, su mujer, y el inmenso cariño que prodigó a sus hijos, a los que fue preparando y mostrando sus caminos. Lina, Emilio y Andrés lo acompañaron a sus viajes a Oriente y diversos países de Europa, donde su obra y su persona fueron altamente valorados. Emilio promovió con pasión su obra y su país. Sus receptores descubrieron en él al gran artista y ser humano que fue; de esta manera cultivó también incontables amigos.

En uno de sus viajes a China (realizó 11), al arribar a Dalián, fue sorprendido con grandes espectaculares donde aparecía su rostro por todo el boulevard, desde el aeropuerto a la ciudad y en la ciudad misma. Me decía: ‘’Maestra, parecía yo Luis Miguel… y como ya tenía que pensar en chino, mis palabras eran: Aí toy’’, y soltaba su risa sonora.

Mención especial merece su gestión y participación de Ex Libris a nivel mundial; llevó miles de grabados y regresó con otros tantos de excelente factura; su colección abarca más de 10 mil. Por ahora está pendiente su última convocatoria de Ex Libris en homenaje a Manuel Felguérez, gestada por nuestro artista y la galería para su exhibición en diciembre. Su proyecto de Mail Art es igualmente importante.

Agradezco la misión de manejar su obra que me queda en encomienda. No tengo duda que esta última producción será un evento memorable para la galería y para la comunidad pues, proyectada por el propio Emilio, ante su inesperada ausencia personal, deviene en justo y merecido homenaje. Debo expresar mi gratitud a Lina Carrasco, su hija, por la fotografía de portada de la invitación. Una composición con una obra de fondo, la chamarra que da fe de su trabajo cotidiano y el emblemático bastón que no solamente sostuvo sus pasos, sino también un corazón noble, una mente creativa y un espíritu humano y sensible.

Tal vez los zacatecanos estemos en deuda con Emilio… tal vez porque no lo conocimos a profundidad… tal vez por eso en vida no lo valoramos tanto… Mis palabras vibran en la sintonía de la amistad, del cariño y del lado humano de Emilio. El análisis de su obra les toca a los críticos de arte.

¡Salve, Emilio!

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_456

 

Invitación de la exposición De la materia al color en Galería Irma Valerio

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