Oportunidades perdidas

Oportunidades perdidas

En el marco de la crisis económica y sanitaria, una recuperación económica sostenible en el largo plazo es fundamental, principalmente en el sector energético, donde la producción de electricidad será fundamental para el desarrollo futuro de la economía. Si bien debido a la pandemia hubo una reducción en la demanda eléctrica derivada de una menor actividad industrial, el consumo doméstico tuvo un incremento gracias al confinamiento que llevó a miles de familias a pasar más tiempo en casa. Es de esperarse entonces que la demanda sea mayor una vez que se estabilice la actividad industrial, situación que obliga a reflexionar acerca de las capacidades de la Comisión Federal de Electricidad (CFE); en este sentido, Manuel Bartlett, director de la paraestatal, refirió que la empresa es la más grande del país y la vida útil de los activos es de 30 años con lo que es capaz de hacer frente a la demanda.

No obstante, una recuperación sostenible va más allá de la vida útil de los activos, al ser de suma importancia la fuente de generación de energía eléctrica y donde las energías renovables son fundamentales. Gracias las mejoras tecnológicas que han mejora su eficiencia y reducido drásticamente sus costos de producción, este tipo de energías sigue incrementando su proporción en el mercado y se espera que para 2025, sean la principal fuente de electricidad a nivel mundial, haciendo a un lado al carbón. De acuerdo con El País, para entonces las tecnologías solar, eólica, hidroeléctrica y biomasa, contribuirán con uno de cada tres kilowatts consumidos en el mundo; también cabe mencionar que la Organización para Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estima que el aumento en las renovables será del 40 por ciento, donde las energías eólica y solar representan la mayor proporción. Otra característica importante del incremento en la presencia de energías limpias, es que a pesar de la crisis sanitaria y económica estas continúan avanzando, y para 2021 se calcula que el 90 por ciento de la capacidad eléctrica instalada corresponderá a este tipo de fuentes. En el caso de México, esto representa una gran área de oportunidad, sobre todo en energía solar al tener características óptimas para su generación el 85 por ciento del territorio nacional, lo que podría convertir al país en la séptima potencia mundial en este rubro. En materia capacidad de producción de energías limpias, hoy en día el país solo genera el 22.9 por ciento de la electricidad de plantas renovables, aunque existe el compromiso de llegar al 35 por ciento en 2024 para lo cual se necesita una inversión de 57 mil millones de dólares, que el gobierno no tiene. Asimismo, bajo el argumento de que estas energías solo traen beneficios a particulares, las autoridades han optado por cancelar las licitaciones públicas de energías limpias, e incluso hubo intento por parte del Centro Nacional de Control de Energía (CENACE) y de la Secretaría de Energía (SENER) para limitar las actividades de plantas solares y eólicas, asuntos que fueron desechados por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

Lo anterior deriva en una falta de incentivos para atraer inversión en energías renovables que tienen múltiples beneficios. Por ejemplo, en materia de precios, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), refiere que en algunos países latinoamericanos se adquiere electricidad solar y eólica por solo 3 centavos de dólar por kilowatt – hora, el costo más bajo en el mundo. En lo relativo a reducción de emisiones, una mayor proporción de energías renovables ayudaría a México a cumplir con el Acuerdo de París y lograr la meta de disminuir un 22 por ciento la emisión de gases de efecto invernadero y un 51 por ciento las de carbono negro. Por último, las energías limpias tienen un gran potencial para generar empleos, donde según datos de la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA, por sus siglas en inglés) se crearon cerca de 11.5 millones de empleos a nivel mundial en 2019.

Existe un sesgo evidente del gobierno federal en materia energética en favor de la energía fósil, por lo que una realineación de las metas energéticas hacia energías limpias necesitará de incentivos más agresivos que atraigan inversión para aumentar las capacidades del sector eléctrico. De igual forma, llama la atención que ante la expectativa de la creciente inversión en fuentes renovables las autoridades decidan mirar hacia otro lado, ignorando los beneficios económicos en materia de empleo y reducción de costos de producción, así como la contribución ambiental. Si el problema es como dicen, el beneficio de unos pocos particulares generadores de energías renovables, entonces un auténtico compromiso con el mejoramiento con el sector eléctrico, tendría como fundamento la creación un marco normativo y jurídico claro para regular adecuadamente el mercado eléctrico donde no permitan abusos y garantice una distribución óptima de beneficios. Parece incluso que se busca renunciar de forma deliberada a las ventajas de una actividad que puede generar grandes beneficios en diversos ámbitos, todo por apostarle a una política energética que raya en lo obsoleto. ■

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