Y cuando despertamos…

Y cuando despertamos…

Aunque todavía falta ver lo que digan los tribunales, todo parece indicar que Joe Biden será el ganador de la contienda por la presidencia de Estados Unidos.

Esa no sorprende, lo que sí asombra es lo que le costó serlo; antes de la elección las apuestas corrían a su favor y los pronósticos le daban 70 por ciento de probabilidad, sin embargo por momentos se llegó a pensar que el ganador sería Trump.

En gran medida el resultado de las contienda es complejo porque complejo es también el sistema electoral de ese país.

Se trata de un método que permite que el triunfo no dependa de la cantidad de votos, sino de la distribución de los mismos, como les sucedió a Al Gore y a Hillary Clinton quienes fueron más votados que sus oponentes.

Hoy no es el caso, esta vez la polémica se suscitó debido a los votos postales que según se preveía podían ayudar al candidato demócrata, por lo que el republicano se oponía a qué se siguieran contando después del día de la elección y atribuía a éste y otros factores el que se estuviera haciendo un fraude en su contra.

Extraña sí, que desde la presidencia sea desde donde se habla de fraude. Es fácil pensar que el poder político es el único existente, y si acaso que es el más importante, o que está concentrado en la figura presidencial.

Simplismo engañoso. Además de los contrapesos del propio poder político, como el ámbito legislativo, también juegan un papel importante los poderes fácticos como el mediático y el financiero.

La realidad es más compleja, y es en ella en la que Donald Trump se insertó en el imaginario colectivo de su país como un candidato antisistema, pese a venir de las entrañas del poder económico y mediático y de haber usado al partido republicano para su arribo a la presidencia.

Trump es el mejor representante de lo indecible. Del racismo y la xenofobia latentes en el país que se hace llamar de las libertades; representa bien al patriarcado y la misoginia. Un país, una cultura, que se niega en el discurso pero que está presente en las acciones incluso de parte de quienes lo condenan.

Trump parece ser el borracho que dice el chiste impertinente que hace reír a la concurrencia que vuelve a acomodarse la corbata mientras exclama su expulsión.

Pero también es el representante que pondera la economía en tiempos donde los problemas sanitarios aterran, el que a la luz de muchos ciudadanos norteamericanos le hace frente a los enemigos de ese país, y controla a los aliados sin empezar guerras.

En ese contexto tres de las más grandes televisoras estadounidenses hicieron algo inédito cuando el jaloneo empezaba a mostrar el triunfo de Joe Biden: retirar de su señal el discurso del aún presidente de Estados Unidos por determinar que estaba mintiendo.

Vaya caso. Cualquiera pensaría entonces que el resto de los discursos políticos transmitidos por los repentinos censores han estado plasmados de verdad. ¿Así fue con todo lo que se dijo sobre el atentado de las torres gemelas? ¿Así fue con las armas de destrucción masiva de Irak? ¿Con cada golpe de Estado en el resto del mundo?

Son otros tiempos, dirán, pero pensaríamos entonces que a partir de ahora eso podríamos esperar de las grandes televisoras cuando los actores políticos falten a la verdad.

Difícil compromiso ¿No?

Si bien Trump -concediendo que los tribunales ratifiquen su derrota- hoy puede resultar prácticamente intrascendente, lo cierto es que el impulso que lo llevó a la Presidencia, y las ideas que comparte con sus simpatizantes, permanecen ahí, y lo más deseable será que tengan cauce pacífico.

El caso particular de la censura deja un muy mal procedente, porque las televisoras se asumieron dueñas de la verdad, con la potestad de dejar fuera lo que consideran mentira.

En ese tenor, en nombre de la democracia no faltó el deslumbrado que pretendió que lo mismo se hiciera en México en particular en las conferencias “mañaneras” del presidente.

Sin embargo el caso no es aplicable pues dichas conferencias no cuentan con la cobertura que se incita a quitar.

En todo caso, tal como en Estados Unidos, son muchas las formas alternativas en las que los interesados pueden acceder a la información tal cual como ya sucede: YouTube, Facebook, Twitter, medios alternativos, etc.

El resultado entonces es la ratificación del divorcio de los grandes corporativos mediáticos con los intereses y preocupaciones de parte importante de su público, en detrimento de la credibilidad de estos medios.

Confunden el árbol con el bosque, es probable que esto sea la muerte de la carrera política de Trump, pero sus electores y sus ideas siguen ahí.

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