La herencia de la Catrina

La herencia de la Catrina

Autora: Blanca Lilia Flores Rodríguez

Residencia: Puebla, Puebla, México

La Catrina informaba,
en una noche bohemia,
que su puesto lo heredaba
a su amiga la pandemia.

La señora tenebrosa
aceptó de corazón,
pues tenía la manera
de llevarnos al panteón.

Los presentes temblaron de espanto
al escuchar la noticia,
pues los visitaría la Muerte,
feliz y con gran astucia.

Para proteger sus almas
se encerraron en su casa,
rezando a Santo Entierro,
para que salvara su raza.

El santo no hizo caso,
y la Calaca planeaba
acarrear los ataúdes
que al cementerio llevaba.

Pobres los ancianitos
devotos de la Santa Muerte;
fueron los primeritos
que se llevó la inclemente.

Los doctores en los hoteles
ya no sabían qué hacer,
pues algunos se murieron
para ya no padecer.

A diferencia de estos señores,
las lloronas, espantadas,
se hospedaron en las escuelas
que estaban abandonadas.

Los panteones de todo el mundo
sufrieron saturación
por los muertos contagiados
de Covid en el pulmón.

A los que seguimos vivos,
la Huesuda nos provoca,
y nosotros nos reímos
detrás de un tapabocas.

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